Mostrando entradas con la etiqueta Philip K. Dick. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Philip K. Dick. Mostrar todas las entradas

viernes, enero 04, 2008

PHILIP K. DICK: LOS CLANES DE LA LUNA ALFANA

Creo que uno de mis pocos descubrimientos literarios dichosos de los últimos años ha sido Philip K. Dick (en la imagen, retrato del autor por Robert Crumb). Autor perteneciente al género de la ciencia-ficción, su adscripción al mismo en tiempos ingratos le ha encerrado en el reducto disfrutable sólo por unos cuantos iniciados. Como siempre, es un error, porque K. Dick es uno de los escritores más disfrutables del siglo XX americano, un hombre cuya extraña percepción del mundo (visionario y paranoico en comunicación con Sivavni, divinidad por él descubierta o inventada) le impulsó a escribir un montón de cuentos y novelas donde sus criaturas se mueven en un universo conceptualmente complejo, lleno de extrañas y fantásticas evocaciones de universos paralelos y vínculos con mundos invisibles, pero siempre envolventes. Mucho se cita de él un gran clásico, famoso gracias a su adaptación cinematográfica (Blade Runner, 1982): “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. El film de Ridley Scott es una de mis grandes referencias cinéfilas personales, pero ni siquiera este gran film puede hacer más que evocar la complejidad y lirismo de K. Dick.

Los clanes de la luna alfana es mi última aventura con K. Dick. Aventura en toda regla, pues casi ningún autor consigue (y sí lo hace K. Dick) arrastrarme a mundos lejanos y abrumarme con su riqueza conceptual. En esta novela, científicos de la Tierra intentan hacerse con el control de una luna rebelde gobernada por una sociedad de enfermos mentales que renegaron en el pasado de continuar sus vínculos con la Tierra. Buen conocedor de las enfermedades mentales (que él también padecía) en esta novela elabora una confrontación entre el mundo de los “locos” y el de los “cuerdos”. No es una de sus grandes obras, pero empiezo a descubrir que cualquier lectura de K. Dick es, en estos tiempos de hambruna de imaginación, rebelión y poesía, una gran lectura. Muy recomendable.

miércoles, agosto 30, 2006

UNA CITA DE PHILIP K. DICK

Con esta cita de Aguardando el año pasado, de Philip K. Dick (Editorial Júcar, Madrid, 1988) me despido de este autor por un buen rato (ningún otro libro tengo en reserva). La portada de esta edición corresponde a Antoni Garcés, y la cita se halla en la p. 37. La traducción, de Domingo Santos.

-¿Pone usted objeciones a una cinta estéreo de una cinta sinfónica tocando, cuando está por las noches en su apartamento?
-No -dijo Jonas-. Pero eso es totalmente distinto.
-No lo es -objetó Eric-. La orquesta no está ahí, el sonido original ha desaparecido, la sala donde fue grabada permanece ahora en silencio; todo lo que usted posee son trescientos cincuenta metros de cinta de óxido de hierro que ha sido magnetizada siguiendo un esquema específico…, es una ilusión tan grande como ésta. Sólo que ésta es completa. -Quod erat demonstrandum, se dijo, y siguió andando hacia las escaleras. Vivimos continuamente con la ilusión, reflexionó. Cuando el primer bardo entonó la primera canción épica de alguna batalla, la ilusión entró en nuestras vidas; la Ilíada es tan "falsa" como esos niños robant que intercambian sellos de correos en el porche del edificio. Los seres humanos siempre han intentado retener el pasado, mantenerlo vivo de forma convincente; no hay nada malo en ello. Y, desprovisto del pasado, este momento, el presente, tiene muy poco significado, si es que tiene alguno.

lunes, agosto 28, 2006

¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS?

Escrita en 1968, esta novela ha alcanzado la categoría de mítica por haber inspirado uno de los mejores filmes de la década de los 80: Blade Runner, reflexión futurista sobre la humanidad del ser humano y similares, es decir, androides. Creo que la película no habrá gustado a quien conociera con anterioridad la obra literaria, novela de culto antes del film y novela de culto después del film. Tiene la novela los suficientes ingredientes como para ser recordada durante generaciones, pero sobre todo, tiene más humanidad que la película. La película de Ridley Scott simplifica la trama argumental de la novela y al depurarla convierte a sus protagonistas en arquetipos o mitos: el cazarrecompensas que se cuestiona la moralidad de su oficio, la bella heroína que debe ser salvada, el androide más humano que los humanos… Poco o nada de esto encontramos en la novela, que muestra a un Rick Deckard (interpretado por Harrison Ford en la pantalla) casado con una mujer con la que no se entiende (de nuevo la obsesión dickiana) y soñando con tener un animal de verdad al que cuidar en vez de los habituales animales eléctricos, al alcance de los bolsillos más desfavorecidos. En el universo de la novela, los animales se han extinguido después de la Gran Guerra, y los seres humanos, quizá por penitencia, añoran la compañía de un animal de verdad, pero no sólo el perro fiel o el independiente gato, sino cualquier animal, auténtico o eléctrico: una oveja, un caballo, una rana… Es en este aspecto donde la novela de K. Dick adquiere un tono casi humorístico que viene a quitar algo de hierro a la cacería de androides de Deckard, un cazador de bonificaciones (efectivamente, hicieron bien en tomar prestado el término blade runner de una novela de Burroughs) que debe eliminar a un puñado de androides rebeldes fugados a la tierra. En este punto hay numerosas divergencias con el film, ya que sólo los androides Pris y Roy Batty llegaron a la versión de Scott, quedándose por el camino un número de replicantes (como la cantante de ópera, que hace tambalearse en Deckard la creencia de que es legítimo asesinar a seres más humanos que los humanos) y algunas digresiones narrativas que enriquecen el conjunto de la obra.

Vibrantemente escrita, llena de elementos enriquecedores de una trama que podía haberse quedado en el mero western urbano y futurista, el título de la novela realza la duda enorme que pesa sobre el hecho de crear humanos artificialmente que resultan ser más humanos que los humanos, y que podrían soñar amorosamente, como lo hace el propio Deckard, con ovejas eléctricas. Después de tanta diversión lectora, concluyo que Philip K. Dick es un autor al que habrá que seguir la pista en todas sus ediciones para que me siga reportando grandes momentos de placer. Por cierto: en la foto, impagable, tenemos a Ridley Scott y a K. Dick durante el tiempo en que el de la izquierda rodaba Blade Runner.

domingo, agosto 27, 2006

PHILIP K. DICK: AGUARDANDO EL AÑO PASADO

Philip K. Dick es uno de los grandes autores de la historia de la ciencia-ficción, pero para muchos es la ciencia-ficción, el autor máximo y más representativo. Mucho podría escribirse y se ha escrito sobre su biografía: es dueño del aura que rodea la cabeza de los santos malditos: adicto a las anfetaminas y otras drogas, esquizofrénico, temperamental… Muere a los 53 años antes de ver estrenada la primera adaptación al cine de una novela suya: Blade Runner. Más tarde llegarían más adaptaciones de novelas suyas. Independientemente de quien adapte la novela y dirija la película, los argumentos siempre son fascinantes en sí mismos: enrevesados e imaginativos: son K.Dick.

En el supermercado librero de Gijón compré una novela suya, Aguardando el año pasado, y en casa me aguardaba aquella que inspiró esa bella película que es Blade Runner: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (mañana la comento). Debo decir que K. Dick era una de mis cuentas pendientes (una de tantas), cuántos años oyendo hablar de él, pero sin haberlo leído hasta hace unos días. ¿Imperdonable? Ya lo creo, pero debo decir en mi descargo que durante muchos años sus novelas fueron difíciles de conseguir (al menos para mí).

Aguardando el año pasado data de 1966, y está ambientada durante una guerra entre humanos y Lilistarianos contra los alienígenas Reegs. El presidente de las Naciones Unidas (un organismo que en la novela sí vale para algo) y máximo líder de la contienda es Gino Molinari, alias La Mole, un hombre enfermo que sobrevive en cierto modo sometiéndose a clonación una y otra vez bajo los atentos cuidados de Eric Sweetscent, un médico en continuas trifulcas con su esposa (reflejo de las relaciones de amor y odio que tenía K. Dick con sus esposas y que él trasladó a sus criaturas de ficción). Sweetscent es ejecutivo de una empresa que tiene el pintoresco nombre de Compañía de Tintes y Pieles de Tijuana, una fábrica que funciona en la fronteriza ciudad mexicana, ciudad que sigue siendo un extraño reducto de peligro y libertad tanto en el ayer de nuestro presente como en el futuro soñado por K. Dick. El ingrediente más interesante de la novela lo constituye la droga JJ-180, una substancia adictiva desde la primera ingesta y que genera la muerte en poco menos de dos meses. Ideada por los humanos como arma de guerra contra los Reegs, algunos terrícolas comienzan a experimentar con ella. ¿Los efectos de esta droga? Permiten a su consumidor viajar en el tiempo. Es esta la parte que más he disfrutado de la novela: los momentos en que Sweetscent viaja al futuro, en buena medida para hallar el antídoto de la propia droga. Aguardando el año pasado es una novela a veces un poco confusa, morosa en su inicio, de la que no se sabe muy bien hacia dónde va, en la que conviven muchos focos de interés interrelacionados, de entre los cuales K. Dick no se queda con uno solo. La profusión de continuums o universos paralelos (el término continuum ya aparece en El eternauta de Oesterheld y Solano, escrita más una década antes) y las influencias que estos universos paralelos tienen sobre nuestra realidad son lo más sugestivo de la novela.