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sábado, septiembre 28, 2013

ANTONIO BERNAL (1924-2013)

Acabo de recibir la triste noticia del fallecimiento de Antonio Bernal, maestro del portadismo español, gran ilustrador de las publicaciones Bruguera entre finales de los 60 hasta los años 80, cuando llegó el fin de esta editorial. Descanse en paz.

En este mismo blog: Antonio Bernal: El Capitán Trueno en tres dimensiones

jueves, septiembre 08, 2011

TEBEOTECA IX: EL SHERIFF KING

Con guiones de Víctor Mora (bajo el seudónimo de Víctor Alcázar) y dibujada con elegancia y soltura por Francisco Díaz, la serie El Sheriff King fue publicada por entregas en los años 60 y 70 en la revista Pulgarcito (treinta páginas repartidas en siete entregas de cuatro páginas, y una octava entrega final de dos). Más tarde las aventuras completas eran recopiladas dentro de la colección genérica Grandes Aventuras Juveniles, compartida con El Corsario de Hierro fundamentalmente, pero también con Supernova, Roldán sin Miedo, Astromán y Dani Futuro. Desde que Bruguera se hundió a principios de los años 80, El Sheriff King no ha sido reeditado hasta hace poco, en que Ediciones B recopiló algunas aventuras de la serie en apenas dos tomos.

Se trataba de una serie alejada tanto del western crepuscular, bronco y sangriento, de Sam Peckinpah como del westen épico de John Ford. El gran encanto de las historias del Sheriff no se basaba ni en el revisionismo del primero ni en la poética del segundo. La serie reproducía, en realidad, los esquemas de las series de televisión familiares ambientadas en el Viejo Oeste, conflictos dramáticos más bien edulcorados y problemas menores resueltos sin virulencia por King y sus ayudantes, “Dandy” Evans (siempre al corriente de la moda de París) y “Gordo” (obsesionado por engordar su delgadísimo cuerpo). La serie tampoco intentaba emular las grandes sagas de la época como Blueberry o Comanche, pues El Sheriff King nació sin la vocación ambiciosa de El Corsario de Hierro o de otras series de Mora.

Pronto se convirtió en una obra coral con numerosos personajes secundarios de naturaleza simpática y entrañable: el mexicano Nepomuceno, un buhonero que mantiene diálogos constantes con su propio burro, y que en los niños de entonces evocaba las populares películas de la mula Francis; la señorita Cynthia, maestra de la escuela de Tolima (pueblito donde transcurre la acción), y su tía Abigail, una corajuda ancianita de armas tomar; el extravagante Celacanthus Peef, distribuidor de Bromas Flatsby; el vendedor de potingues “Curalotodo” Sam, e incluso, el apache Jerónimo como un modelo de civilización que poco tiene que ver con aquel espíritu de venganza que juró odio eterno al hombre blanco desde que el ejército mexicano masacró a su familia en Janos (Chihuahua). La amistad entre King y Jerónimo se convertirá, a lo largo de la serie, en el modelo conciliador que Mora nos presenta entre americanos autóctonos y descendientes de colonos. A veces presenta personajes que introducen subtramas dentro de la historia principal y dan origen a gags en la línea de la mejor comedia americana (por ejemplo, en La muerte espera en Crumble City).

Los temas, a pesar de ser profundos en ocasiones, son abordados siempre desde el lado más amable y con concesiones a la moral “para toda la familia”: el tráfico de “mojados” de un lado a otro de la frontera entre México y Estados Unidos (Disparos en la frontera), la fragilidad de la paz entre rostros pálidos e indios (Venganza apache) o la guerra entre ovejeros y ganaderos (Clanton contra Mac Diver).

Los habituales mensajes acerca de la justicia y la integridad moral son propios de toda la obra “pedagógica” de Víctor Mora orientada al público juvenil; pero incluso dentro de esta misma, el desarrollo general de la serie y su no-adscripción al modelo de novela río, la alejan de las series juveniles más representativas de Mora: la primera época de El Capitán Trueno y, en la misma época que el Sheriff King, su obra maestra El Corsario de Hierro. En el dibujante Francisco Díaz hay un predominio del cuidado por la figura humana sobre los fondos, e imitación del estilo del argentino Arturo del Castillo (sobre todo de la serie Kendall). Las bonitas chicas de Francisco Díaz, muy recatadas por culpa de la censura de la época, no lucieron todo lo que hubiera sido deseable procediendo de la mano de este delicado dibujante de mujeres.

Las portadas de El Sheriff King en Grandes Aventuras Juveniles fueron, como casi siempre en esta colección, del gran portadista Antonio Bernal. Su pincel siempre rápido y eficiente las hizo brillar con singular encanto. Reproduzco a continuación una aventura corta completa publicada en Pulgarcito Extra de Vacaciones de 1968.







miércoles, marzo 02, 2011

A LA VENTA TRUENO 5

Ya está a la venta en España el número 5 de la revista Trueno, un fanzine dedicado a estudios sobre el gran personaje de Víctor Mora y Ambrós, pero también a otras de sus creaciones emblemáticas como El Corsario de Hierro o El Jabato (dibujado por Darnís). En esta ocasión, la gran sorpresa es la recuperación de una portada inédita del Capitán a cargo del gran Antonio Bernal (sobre estas letras) que estaba destinada a ser la portada del álbum La muerte de Sigrid. Como es sabido, la debacle de Editorial Bruguera y su cierre en 1986 hizo imposible la publicación de álbum y portada, que hoy publicamos merced a la enorme generosidad de don Antonio Bernal.

El contenido es el siguiente:

- Editorial.
- El Corsario de Hierro. La última singladura de Ambrós y Víctor Mora.
- Corsario de Hierro. Recorrido histórico.
- El Corsario de Hierro. Edición en blanco y negro.
- Galeria. El Corsario de Hierro.
- El Capitán Trueno en Blasco y negro.
- El Capitán Trueno de Fórum.
- Entrevista con Antonio Martín.
- El Capitán Trueno y el Último Combate. Encuentro con Thanatos
- Galeria del El Capitán Trueno.

Mi colaboración en este caso ha sido un intento de reivindicar la obra de Jesús Blasco y hermanos en la saga de Trueno. El artículo se titula El Capitán Trueno en Blasco y negro, y su comienzo lo puedes leer aquí:

El Capitán Trueno en Blasco y negro

No han gozado de mucha gloria en el sentir de los aficionados las tres aventuras del Capitán Trueno que dibujó Jesús Blasco: El regreso del Capitán Trueno, El chacal de Bir Jerari y El demonio de los hielos. Escritas por Víctor Mora, se publicaron en la nueva revista semanal El Capitán Trueno (entre marzo y mayo de 1986) con la que Bruguera pretendía sanear sus cuentas al sanear también, después de tantos años de inactividad, a su héroe más celebrado. Pero Bruguera se hundió poco después de publicar El Capitán Trueno número 13. Fue una pena en todos los sentidos, porque además, El Capitán Trueno era muy buena revista. Recuerdo que la esperábamos con expectación, y que no sólo nos traía nuevas aventuras del Capi (dibujadas bien por Blasco, bien por Luis Bermejo), sino que como revista era estupenda y variada, pues publicaba además historietas de Micheluzzi (Petra Cherie), Hermann (Comanche), Dérib (Buddy Longway) o Maroto (Los mitos de Cthulhu). También eran habituales en ella firmas como la de Javier Coma o Salvador Vázquez de Parga, que resultaban un aval tanto de calidad como de tradición, y al mismo tiempo, modernidad.

Pero la felicidad duró apenas 13 números. Durante aquel breve periplo no sólo fueron publicadas aquellas dos aventuras de Blasco (la tercera de ellas, El demonio de los hielos, sólo llegó a ver publicado su primer capítulo) y una tercera con Luis Bermejo a los pinceles: La muerte de Sigrid. Todas las portadas, magníficas, corrieron a cargo de Luis Bermejo. El balance de los aficionados no fue demasiado favorable ni justo con Blasco. Es verdad que el estilo de Luis Bermejo, más suelto, vigoroso y dramático, nos robó a todos el corazón en aquel entonces: presentaba un Capitán Trueno nuevo, más acorde con los tiempos, y al mismo tiempo perfectamente reconocible dentro de una tradición en la que uno encontraba ecos de Ángel Pardo y hasta de Fuentes Man (esos dramáticos bosques, ese “realismo sucio” en ropajes y armaduras). Luis Bermejo, que además de ser un magnífico dibujante, también era un experto en vikingos (recordemos su codiciadísimo álbum de cromos Los Vikingos ), se alternó con Jesús Blasco en el dibujo de las nuevas aventuras por razones de periodicidad y por un alto nivel de auto exigencia que ninguno de los dos artistas, ya célebres en el campo internacional, iba a rebajar.

Continuará... En Trueno 5

martes, mayo 04, 2010

ANTONIO BERNAL: EL CAPITÁN TRUENO EN TRES DIMENSIONES

Este artículo fue publicado en el número 1 de la revista Trueno (Asociación de Amigos del Capitán Trueno, España, 2005). Desde entonces han aparecido por ahí algunos originales de Antonio Bernal para portadas de Trueno Color. Aunque ello me obligaría a modificar y/o matizar algunas afirmaciones de este artículo, lo dejo tal cual, con la esperanza de que sean muchos más sus aciertos que sus involuntarios errores. Aunque he intentado reproducir la mayoría de portadas citadas en mi texto, no ha sido posible. Recomiendo durante su lectura la cosulta gráfica de esta excelente página con la totalidad de portadas de Bernal para Trueno Color.

El Capitán Trueno en tres dimensiones.

A Juan Arnáez y Elías Bravo, con agradecimiento.

La belleza que encierra la obra de Antonio Bernal (1924) se agiganta con el paso del tiempo. Vinculado al cómic español desde 1953, Bernal no alcanzaría la consagración como dibujante de historieta, sino como portadista de algunas de las mejores obras del tebeo español. Dedicado desde 1957 a realizar portadas a color para Bruguera, sería en los años 70 cuando su larga trayectoria estallaría literalmente en algunas de las mejores portadas de toda la historia del tebeo nacional. Quizá pueda parecer exagerado, pero el portadismo autóctono de los años 70 pertenece a Antonio Bernal. Citar títulos consagrados como Trueno Color, Jabato Color, Joyas Literarias Juveniles, El Sheriff King o El Corsario de Hierro es hablar no sólo de sus dibujantes y guionistas, sino del portadista Antonio Bernal. Él supo mejor que nadie (número a número, semana a semana hermoseando con muchas series los kioscos españoles) vestir hermosa a la novia para que la novia fuese, independientemente de la verdad escondida bajo la portada, la novia más hermosa del kiosco.

Fue sobre todo con el refrito de los finales de los años 60 y 70 de Trueno y Jabato donde Bernal brilló como la gran estrella de aquellas publicaciones. Alguien ha escrito recientemente que las hermosas portadas de Bernal no justificaban aquella lamentable edición perpetrada a cuchilladas sobre los originales que fue la de Trueno y Jabato Color. Lejos de justificarla, hemos de señalar ahora con toda justicia que, cuanto menos, nos dejó sus irrepetibles portadas. Ahora que es tan fácil conseguir las reediciones facsímiles de El Capitán Trueno y El Jabato sin mutilaciones ni omisiones, muchos deseamos YA la reedición en un lujoso tomo de las portadas de aquel artista cuyo arte estaba tan influido por el cartelismo cinematográfico de su épóca, una forma de entender la publicidad del cine tan desaparecida hoy día como su consecuencia lógica: la forma de vender tebeos que entrasen al comprador por los ojos.

Creo que Bernal alcanzó su gran momento ilustrando las portadas de Trueno y Jabato Color —y puesto que esta revista está dedicada a Trueno, hablaré sólo de Trueno Color (TC)—. El formato de la ilustración de portada (23x16 cm.) se alejaba del cuadriculado de Joyas Literarias Juveniles (20x20) y sus secuelas Sheriff King o Corsario de Hierro, y esto permitió a Bernal jugar más y mejor con el espacio que tenía disponible en cada portada, aunque con una peculiar limitación: la ilustración siempre era más larga que ancha. Bernal supo extraer excelentes resultados de aquel formato oblongo que constituye, a mi entender, la fórmula mágica para que el artista se implicase en la experimentación formal que constituyeron —con diferencia incluso con respecto a su producción de la misma época en las series del formato Joyas— las portadas de Trueno y Jabato Color. La tridimensionalidad aludida en el título de esta cariñosa evocación del gran maestro Bernal no se debe al hecho de que sus portadas fuesen pintadas, frente al trabajo de Ambrós o Pardo que en el refrito sufrió un coloreado infame, sino al experimentalismo formal al que se sometió Bernal cuando se lanzó a la búsqueda de una profundidad de campo de la que se beneficiaron otras series, pero que en mi humilde opinión no llegaron nunca a los niveles expresivos y plásticos de su trabajo para el refrito de Trueno y Jabato.

Sin abandonar nunca la portada de figurines clásica (como el simple pin-up, en TC 6; en combate, como en TC 44; estática, como TC 20 o 178) los trabajos más gozosos de Bernal fueron aquellos en que la distribución de elementos dentro de la ilustración se producía aprovechando diversos niveles de profundidad que Bernal usaba magistralmente. En muchas ocasiones, por ejemplo, uno de estos elementos (objetos, fieras o los protagonistas de la serie) ocupa el punto de vista del observador de la portada, produciendo así la ilusión de que éste se encuentra dentro de la misma, como en TC 65, 81, 90 o 151. Esta misma técnica, de la que Bernal extraería estupendos efectos, sería aprovechada dramáticamente en ilustraciones como TC 51, en que el Capitán está a punto de ser arrojado a un infierno de fuego que ocupa más de la mitad de la portada.

Los resultados de Bernal cuando quería transmitir la sensación de profundidad y vacío podían ser fantásticos, como en TC 142, donde Goliath y Crispín se ocultan de sus perseguidores en la cornisa de un palacio a los pies de un abismo.

Además, Bernal reforzó esta búsqueda con un efecto de ruptura consistente en que algunos elementos se salían del recuadro de portada superponiéndose a los créditos de la serie. Cuando combinaba este elemento de tridimensionalidad con la distribución de personajes y objetos en la portada, podía conseguir efectos francamente dramáticos, como en TC 25, cuyo resultado final se acercaba mucho al experimentalismo de aquella rareza que fue el cómic en 3-D.

Tampoco renegaba del encuadre cinematográfico atractivo y audaz: picados como en TC 139 o 245; contrapicados como en TC 21; planos generales aéreos llenos de fuerza y tensión, como en TC 245.

Bernal, hombre del tebeo, no era un artista estático, sino que sus portadas vibraban siempre con un sentido dramático, o estaban llenas de una movilidad trepidante, como en TC 202. Sus líneas cinéticas imprimían una enorme fuerza al conjunto, como vemos en TC 125.


Como pintor que era, la luminosidad casi rabiosa de su paleta y la ejecución rápida de sus portadas —Bernal se ha definido como un artista rápido en entrevista aparecida en Tebeolandia número 4— le condujo a veces a crear obras de predominio cromático: verde, rojo, amarillo... (TC 9, 139 y 84 respectivamente) y otras donde su inspiración le conducía a una explosión colorista de rabiosa belleza, como es el caso de TC 170.


Las portadas de Bernal no eran temáticamente predecibles, y en buena medida presentaba a los protagonistas enfrentándose no contra otros hombres, sino contra monstruos, animales salvajes o cataclismos naturales, que predominaron en su obra para TC más que los combates cuerpo a cuerpo, lo que imprime a su visión del mundo y del hombre un espíritu ciertamente civilizador. Dentro de estas obras yo quisiera destacar, por su curiosidad y belleza, aquellas en que Bernal distribuía la acción de la portada dedicando media al fondo del mar y media a su superficie, convirtiéndose en artista de simultáneos espacios naturales, como en TC 108, 126, 204 o 272.

No podemos afirmar que Antonio Bernal fue el artista más grande de su época, pero su ingente contribución al portadismo de Bruguera y su presencia casi masiva en los kioscos españoles durante tantos años le convierten, sin ningún género de dudas, en el portadista por antonomasia de la última época del tebeo semanal de aventuras en España.

Su labor pictórica en Trueno Color convirtió a Antonio Bernal en el cuarto y último gran artista dentro del canon estético de la época clásica de la serie El Capitán Trueno: Ambrós, Pardo, Fuentes Man, y —digámoslo de una vez y bien alto— Antonio Bernal Romero.