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lunes, febrero 03, 2014

THE SPIRIT: ARTIST´S EDITION


Mi última lectura comiquera de 2013 fue un volumen excepcional en todos los sentidos: The Spirit: Artist´s Edition. Ahora están de moda en Estados Unidos estas ediciones en formato gigante: reproducen las obras de un artista al mismo tamaño en que éstas fueran concebidas. Son lo más parecido a contemplar, y tener en las manos, los originales. Han aparecido algunas como la dedicada al Tarzán de Joe Kubert, a algunos autores clásicos de la EC Comics, el Born Again de Mazzuchelli (clásico de la serie Daredevil), y algunas otras. De entre todas ellas, sólo esta dedicada al Spirit de Will Eisner me empujó a tirar de tarjeta de crédito. Y es que, para mí, el Spirit es el Spirit. Un icono genial que me acompaña desde la infancia. Como se ha dicho muchas veces, el Ciudadano Kane de los cómics. Pero el Spirit es mucho, muchísimo más: es la sabiduría de saber contar un cuento, un cuento teñido de humor, denuncia social en muchas ocasiones, y sobre todo, mucha, mucha estética de cine negro. No en vano eran los tiempos del mejor cine negro. Y el Spirit es una de las obras maestras indiscutibles de la historieta universal. Junto con el Príncipe Valiente, la obra que me llevaría a una isla desierta. 

Estas Artist´s Edition las edita IDW, editorial que pone cariño y talento en todo lo que saca al mercado. Su The Library of American Comics es, a día de hoy, imprescindible para todos aquellos que amamos el cómic clásico norteamericano y queremos seguir leyéndolo y estudiándolo en ediciones lujosas en papel y encuadernación, con buenas reproducciones y... relativamente económicas (los 50 dólares de cada volumen de Terry y los piratas, Steve Canyon o Dick Tracy se quedan en mucho menos con los sustanciosos descuentos de Mazacón). 

En cambio, las Artist´s Edition son otro cantar. Por el tamaño gigantesco, el papel de calidad y la encuadernación de lujo (made in China) cada volumen ronda los 125 dólares. Mazacón no las vende, imagino que por su tamaño, pero, curiosamente, las vende en su página a través de una librería inglesa. En concreto, este volumen de Spirit desapareció del mercado de un día para otro hasta que, vía Mazacón, pude comprarlo en esa otra librería virtualeta por 85 tíos Sam. Es un libro de lujo que vale cada centavo que cuesta. El tamaño es gigante, vean la imagen que adjunto aquí abajo y que he rapiñado de otro blog. En el extremo inferior izquierdo, vemos la splash page de la misma historieta en tamaño comic-book estándar. Sobre ella, la reproducción del original en esta edición de IDW. 

O sea, que hay que hacer todo un ejercicio de bíceps para leer este volumen, debido a su tamaño y a su peso. Yo, en lo personal, que suelo leer acostado en un tresillo, he necesitado depositarlo sobre una mesilla para poder hacerlo sentado, porque no hay otra forma. Es un libro objeto, un libro mamut, una pasada para mirar, leer y atesorar toda la vida. Cuando cruzo por casa con mi Spirit bajo el brazo, mi esposa se carcajea porque parece que es el libro el que me lleva a mí. 

Las 17 historias seleccionadas pertenecen a la época más importante de Spirit, aquella que Eisner desarrolló a su vuelta de la II Guerra Mundial, durante la cual la serie vegetó en manos de otros artistas en espera del regreso de su creador. La selección, como toda selección, ha sido al gusto de los responsables (en esta caso, Scott Dubier figura como editor), y si bien faltan historias que me hubiera gustado ver en un proyecto de semejantes características (mi favorita, por ejemplo: Lonesome Cool), no se puede tener todo en esta vida y el resultado es más que satisfactorio: es EMBRUJADOR. Algunas de las historias seleccionadas son clásicas por sí mismas y su trascendencia simbólica (la favorita de Eisner: The Story of Gerhard Shnobble); otras son famosas por su metarreferencialidad al medio (la famosísima Li´l Adam, parodia de los universos de Al Capp, Chester Gould y Harold Gray). Ninguna de las demás deja de ser formidable, y entre ellas me quedo con War Bride, Heel Scallopini, The Guilty Gun, Taxes and The Spirit y..., ay: Thorne Strand and The Spirit, donde podemos ver a la glamourosa Thorne Strand reproducida a un tamaño como nunca la hemos visto. Y esto es decir mucho. 

El escaneo a partir de la páginas originales y la exquisita reproducción (IDW parece una editorial dispuesta a superarse a sí misma en cuanto al lujo de sus libros) es formidable. Da un gusto enorme leer estas historias con parsimonia, deteniéndose uno en los lápices a medio borrar, en las correcciones de Eisner en los márgenes, en las manchas de pintura blanca para limpiar el trazo, o bien para dar los famosos brillos de luz que constituían una de las características del estilo subyugante de esta serie clásica. En definitiva: un volumen que no debería falta en la biblioteca de ningún seguidor de Eisner ni estudioso del cómic. ¿Dónde colocar este volumen que no cabe en ningún sitio? Ah, eso ya es otro cantar. 

martes, octubre 26, 2010

DENNIS KITCHEN, WILL EISNER Y LA NOVELA GRÁFICA

Primer encuentro Kitchen/Eisner (1971) visto por el primero en 2005

CP: Quería preguntarle por Will Eisner, por su relación con él y con el nacimiento de la novela gráfica. Se considera generalmente que la novela gráfica nace con Contrato con Dios, pero es cierto que antes estuvo Jack Jackson con Los Tejanos, el Blackmark de Gil Kane o incluso His name is Savage… hubo varios antecedentes. Yo creo personalmente que el cambio de Eisner no es tanto el formato o incluso el contenido, sino el buscar un espacio dentro de la librería general o fuera del mundillo del comic book. Y bueno, quería que él nos comentase si lo ve así o de otra manera, o qué impresiones tenía el propio Eisner cuando estaba con este trabajo y los que vinieron después, New York City, Afán de vida, etc.


D.K: Simplemente lo que ocurre respecto al origen de la novela gráfica es lo mismo que sucede con el debate sobre dónde surgieron los tebeos. Hay muchos expertos norteamericanos que dicen que Yellow Kid fue el primer cómic que hubo el mundo, y hay muchos europeos que dicen que no, que Max und Moritz ya existía antes. Lo que ocurre es que Yellow Kid fue el primer cómic que tuvo éxito, que fue conocido y popular en todo el mundo. Me parece que Eisner se encontraba en una situación semejante. Fue el primero en crear una novela gráfica que fue realmente popular en todo el mundo. Pueden darse otros ejemplos de antecedentes de la novela gráfica, como los que citaba Carlos. Estaba el Jungle book de Harvey Kurtzman, de 1959, que no tuvo ningún éxito comercial en absoluto, fue un verdadero desastre, pero que tenía unas temáticas adultas. En 1950 hay un proyecto que se llama It rhymes with lust que casi nadie conoce pero que se puede considerar también un antecedente de la novela gráfica. Y podríamos citar muchos más. Pero lo que nos importa aquí ahora mismo realmente es que en 1978 se publica Contrato con Dios, la primera novela gráfica que es un éxito comercial y al mismo tiempo un éxito de crítica. Es una obra que consigue servir de fuente de inspiración tanto a los aficionados como a los profesionales, porque demuestra que se pueden abordar distintos temas de manera muy distinta. Además, hay toda una generación de lectores y autores que pueden aprovecharse de las oportunidades que abre la novela gráfica. Hay una serie de lectores que luego se conviertes en autores gracias a esa libertad que ven en la obra de Eisner. Cuando Eisner decide crear Contrato con Dios, lo hace solamente influido por el underground y por la libertad total de la que hablaba antes, pero al mismo tiempo también tiene historias propias que contar y tiene ganas de volver al tablero de dibujo. Una vez que su último negocio fracasa, decide utilizar la última parte de su vida en ser creativo de nuevo, en volver a contar historias. Y algunas, aunque muchos no lo sabían el aquel momento, son casi autobiográficas. La primera historia que cuenta en Contrato con Dios narra la historia de un padre que tiene que enterrar a su hija. Bien, aunque mucha gente no lo sabía, esa era la forma que tenía Eisner de lidiar con el dolor que le provocó perder a su única hija a los 15 años por culpa de la leucemia. Y también era la forma que tenía de lidiar con el dolor que le había provocado perder a uno de sus hijos por culpa de una enfermedad mental durante aquel mismo año. Como veis, hay algunos elementos autobiográficos. Yo creo que ese es uno de los primeros aspectos que atrajo a Eisner del mundo del underground, saber que podía contar historias de su vida o usarlas como referencia. Sabía que ya había dejado atrás The Spirit, aquellas aventuras habían quedado como parte del pasado y ahora podía empezar a contar esas historias que luego darían origen al slice of life. Quizás él sabía que estaba a punto de cambiar la historia en la industria. Hay gente, como Frank Miller, que describe ese momento de la lectura de Contrato con Dios como un momento de revelación, dándose cuenta de que los cómics podían ser algo más que las 24 páginas que se vendían en Estados Unidos en aquella época. Ya sé que en Europa había tomos de más extensión desde mucho antes, pero por lo general, si no me equivoco, solían ser recopilatorios de historias que se habían publicado previamente en revistas. Por primera vez en la historia del cómic, hay toda una generación de autores que se da cuenta de que puede hablar del tema que quiera y que lo puede hacer sin ningún tipo de restricción de páginas ni nada por el estilo. El estilo de dibujo da igual, simplemente tienen una forma de contar historias y de utilizar el medio. Creo que Eisner hizo algo muy importante, y es popularizar un género que hoy en día es realmente muy conocido en todo el mundo. Él fue innovador en ese sentido, y es un ejemplo más de la capacidad de innovación de la que Eisner ha hecho gala durante toda su carrera. Él jamás dijo haber inventado la novela gráfica. Sabía que no lo había hecho. Pero de lo que no cabe duda es de que fue el autor de la primera que tuvo éxito a nivel mundial y que sirvió para cambiar el conjunto de la industria.

La entrevista completa, en Entrecómics.

viernes, abril 04, 2008

Y AHORA LE TOCA A... SPIRIT

Yo, que escribí esto de aquí, tengo muy claro que no iré a ver esta versión cinematográfica de Spirit ni aunque me paguen por ello. Ni siquiera porque el gato de la izquierda se llama Canelo y… ¡ey, es mi gato!; los otros, claro, son sus compas de francachelas nocturnas: Falconetti y la Hermana de Falconetti. Como buen gato que es, el cabroncete no me cuenta nada por las mañanas.
¿Dije alguna vez que me encantaba Scarlett Johanson? Creo que, con fotos como ésta, no sólo me he curado con este buen susto, sino que conseguirán que acabe besando los pies del espectro de María Félix. En fin, Hollywood no tiene madre, y como dijo Edipo Rey: Poderoso caballero es Monedero… Doblemente pobre Will Eisner, que ni siquiera podrá disfrutar de los royalties que hará vomitar el engendro en las arcas de alguien. Descanse doblemente en paz.

martes, enero 23, 2007

EL NUEVO SPIRIT DE DARWYN COOKE

Mi librero me notifica, per aemilium interretis, que ya ha recibido el número 2 del nuevo Spirit. Se trata del Spirit de toda la vida, el de Will Eisner, quien poco antes de morir negoció la reedición de su obra con DC Comics, que ahora edita nuevas historias dibujadas por Darwyn Cooke. La reedición de las historias clásicas (editadas en España por Norma) es un bodrio de campeonato por culpa de un coloreado nuevo completamente improcedente y anodino (lo siento: a pesar de sus deficiencias, prefiero siempre un buen escaneado de las ediciones originales a un recoloreado). En cuanto a las nuevas historias de Spirit… Creo que compraré el número 2 porque Darwyn Cooke merece (casi) siempre la pena, pero no albergo demasiadas esperanzas después de la triste lectura que hice en diciembre del número 1.

La primera pregunta que me hago es: ¿por qué editar nuevas historias de Spirit sin Will Eisner? ¿Por qué se siguen editando en los periódicos usacas esos mendicantes y lastimosos Príncipe Valiente, The Phantom, Flash Gordon o Popeye? Obras maestras un día, hoy sólo dan ganas de llorar porque piden a gritos una muerte digna.

Decía Goethe: “Quisiera que el escenario fuese tan delgado como una cuerda, para que ningún necio osara subirse a él”. Darwyn Cooke, estupendo artista, ha demostrado con el número 1 de Spirit haber sabido devaluarse a necio goethiano. Creo que no se puede tratar a Spirit de cualquier manera, y desgraciadamente, Cooke lo hace. Es como volver a rodar una película sobre el Ciudadano Kane y hacerla sólo por la pasta, con la imaginación sólo puesta en la cuenta corriente, que total, nadie se va a dar cuenta, sólo por darle gusto a cuatro pringaos que aún son capaces de pagar por cualquier chorrada que diga Spirit en la portada. Y es que, frente al siempre inspirado Eisner, encontramos un rutinario Darwyn Cooke en guión y planificación. Pero lo que es peor: se nos propone una degradación del mito negándonos el pan y la sal de aquellos elementos estructurales que no estaban en The Spirit por casualidad y que formaban parte indisociable de su encanto: la splash-page inicial, el formato de historia corta, la condensación argumental, la galería de personajes recurrentes, la alternancia entre comedia y drama, la crítica social, el cuestionamiento de la moral oficial, el dibujo expresionista, y un largo etcétera de elementos que convierten a este Spirit en un subproducto que no gustará a las nuevas generaciones, porque nada tiene que ver con ellas, ni complacerá a quienes crecimos degustando una obra prodigiosa desde el punto de vista narrativo y artístico. Y es que, desgraciadamente, esta primera historia del nuevo Spirit es indigna, no sólo de Spirit por ser un gran clásico, sino de cualquier superhéroe DC, porque han reciclado a un personaje emblemático para hacer con él algo que nunca fue y que no se permitirían con otros personajes emblemáticos del universo DC: un superhéroe de cuarta o quinta categoría.

The Spirit, 1. DC comics. Guión y dibujos de Darwyn Cooke. (*, de 4).

lunes, mayo 29, 2006

FICHAS TOUTAIN XXI: WILL EISNER

Will Eisner, recientemente fallecido, es tan sobradamente conocido por los aficionados al medio que no necesita ninguna clase de presentación por mi parte. Si es que hay alguien que llega a esta bitácora y no le conoce, encontrará en la red multitud de páginas sobre su obra y no menos representaciones de su trascendental arte. Yo conocí a Eisner a mediados de los 70, gracias a Garbo Editorial, que nos trajo a España la revista mensual Spirit, llena de las historias, literaria y gráficamente revolucionarias, del personaje del antifaz que vivía bajo el cementerio de Central City. Aquellos tebeos, que mi madre me compraba rebajados en un tenderete de la calle Platería, son todavía parte de mi colección, y los atesoro con un cariño. El arte de Eisner me deslumbró a los nueve o diez años, y todavía hoy, además de The Spirit, su sorprendente evolución y su impulso del concepto y formato de novela gráfica son dignos de toda alabanza. Narrador superdotado, Eisner proclamaba a los cuatro vientos la gran verdad de que el tebeo no es inferior a la novela, y guiado por esta idea, no sólo produjo gran parte de la mejor cuentística americana del medio siglo con los relatos cortos de Spirit, sino que obras como Contrato con Dios, Dropsie Avenue o El soñador nada tienen que envidiar a la literatura sin dibujos, un arte narrativo y muy literario que puede darnos la sorpresa, a tenor de su más reciente y adulto desarrollo, de convertirse en el arte del siglo XXI. La ficha de hoy fue escrita por Javier Coma, autor de un libro imprescindible sobre Spirit, El eSpiriTu de los cómics (Toutain Editor, 1981).


Clicar sobre las imágenes para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.

domingo, julio 17, 2005

CALOR Y EVOCACIÓN DE EISNER

Me hubiera encantado poder encontrar una viñeta del gran Will Eisner al respecto. Sobre el calor espantoso que estamos padeciendo en Juaritos. Eisner fue un gigante que vivió en una época de gigantes y murió en un época de señores bajitos que trabajan como dependientes del Corte Inglés de los Milagros. Eisner comenzó a dibujar en tiempos del ciudadano Franklin D. Roosvelt y falleció en tiempos del rey Bush, que es un rey Arturo de Texas que preside la mesa cuadrada de un Burdel King. Eisner fue un Orson Welles de los cómics sin michelines de vino ni michirones que, entre otras muchos otros prodigios de su pincel superlativo, supo como nadie dibujar el sudor. El sudor es la firma de agua con que el calor marca nuestros cuerpos. Eisner era genial, entre otras muchas cosas, para dibujar el sudor y a los personajes que se escurrían a sí mismos empapados en sudor, que no necesariamente consistía en un sudor de amor coital, que resulta ser el mejor sudor que existe. Sobre todo recuerdo una historieta de The Spirit donde un dibujante de cómics esperaba la llegada de su asesino y sudaba como un cerdo en mitad de una noche de verano mientras intentaba acabar su trabajo y los ecos de la noche se convertían en amenazadoras tarjetas de visita. También recuerdo otra historia (creo que en la edición española de Garbo Editorial se tituló como este blogo: Calor) donde el comentarista radiofónico se convertía en conductor del relato y narraba los efectos mortales que la ola de calor veraniego causaba en Central City. Mientras tanto, el Spirit agonizaba en un sórdido callejón cosido a balazos y cocido en su salsa sanguinolenta y sudorosa. Son tebeos que tengo en España, así que no puedo ofrecerles una rebanada de arte que justifique este post que hierve a los cuarenta grados de la noche de esta querida gitana juarina, mientras mi derretido cerebro hace chup-chup a fuego lento como rancho de cárcel en la olla lironda de mi cabeza.

P.S: Leo en esta página que The Spirit vuelve en una nueva versión sin Eisner (quien ahora se encuentra en el Cielo diseñando un antifaz para los próximos beatos y, posiblemente, rediseñando el esquivo sexo de los ángeles). Si ya me conocen un poco, imaginarán que me espero lo peor, y me quedo corto.

miércoles, enero 05, 2005

EL TÍO WILL YA NO VIVE AQUÍ

Hoy es un día enormemente triste para los amantes del cómic del mundo entero. Los Reyes Magos han querido regalarse este año la vida de Will Eisner, y es por esto que el tío Will ya no vive aquí. Ayer martes falleció Will Eisner, ese mago de los pinceles nacido en 1917 sin en cual es imposible entender no sólo la evolución y madurez de este medio artístico, sino también el mapa de la propia felicidad de nuestras vidas. Yo era un niño como tantos cuando descubrí su espectacular The Spirit en las publicaciones de Garbo Editorial, y vibré de emoción cuando Toutain Editor lo rescató en los 80 para Comix Internacional. Fui uno de los primeros lectores de Contrato con Dios, obra fundadora de la novela gráfica, y en los 90 atesoré mes tras mes la reedición que The Spirit hiciera Norma Editorial. Como a tantos otros, Eisner me ha acompañado a lo largo de la vida y ahora nos ha dicho adiós. Nos deja su obra inmensa, y el no menos inmenso socavón de su ausencia.
En agosto publiqué en esta bitácora un artículo sobre su obra Comics and Sequential Art, que puedes leer si clicas aquí.

viernes, agosto 20, 2004

ARCHIVO: COMICS AND SEQUENTIAL ART

En los números 164-5 del semanario El Reto publiqué la siguiente reseña del libro Comics and Sequential Art, una obra fundamental para quien desee aprender algo sobre el medio de la mano de uno de sus más reconocidos maestros: Will Eisner. Mi sección dedicada al tebeo se llama Narrativa gráfica, concepto con el que la mayor parte de lectores juarenses no están demasiado familiarizados. Esta es la causa de la pequeña aclaración y explicación con que abro el artículo.

Will Einer y la didáctica del arte secuencial.

El concepto “narrativa gráfica” no es, ni mucho menos, un conejo que una noche extraje de un sombrero de copa. Hasta donde me alcanza la memoria, comenzó a usarse en los años 70 en un intento por parte de la crítica sensible de definir y analizar un arte, el de los llamados cómics, que a finales de los años sesenta comenzó a ser estudiado en revistas y universidades al mismo nivel que el cine. Digo al mismo nivel porque hasta los años sesenta, gracias los nuevos vientos que soplaron sobre Occidente, artes desdeñadas hasta entonces por los santones de la cultura comenzaron a obtener carta de soberanía cultural. Hasta entonces, nadie hubiera dicho que una película del Oeste era una obra de arte, y cuando el gran director John Ford se presentó como “un señor que hace películas del Oeste” los críticos que veneraban sus películas “serias”, como Las uvas de la ira o El delator creyeron que el gran tuerto había perdido, si no el otro ojo, sí al menos la chaveta. Lo mismo pensaron muchos cuando John Steinbeck solicitó el Premio Nobel de Literatura para Al Capp, el dibujante y guionista de la historieta de prensa Li´l Abner, bajo el argumento de que era el autor más corrosivo e hilarante de América. Pero, qué carajo, eran los tiempos del rock, del amor libre, de la emancipación de la mujer, de la psicodelia y del izquierdismo visionario. ¿Acaso no merecían también el cómic o el cine ascender a los altares mayores y abandonar el culto escondido de la cella?

Narrativa gráfica era un concepto cómodo para el arte en sí. Por una parte, hacía mención de lo literario; por otra, explicitaba que se trataba de una literatura desarrollada a través de imágenes, y no sólo de diálogos o textos más o menos descriptivos —adecuados o redundantes— que en algunos casos alcanzan grados altos de lirismo. Por otra parte, el concepto no estaba reñido con aquellas obras que habían descartado el texto literario y contaban sus historias apoyándose en el mero soporte visual. Por supuesto, fueron los estudiosos los que comenzaron a hablar de la narrativa gráfica y a publicar revistas de análisis ampliamente especializadas —en Francia, Cahiers de la Bande Desinée; en Estados Unidos, The Comics Journal— y pronto los libros de análisis del género o monográficos de autores fueron legión. El pueblo les dio otros nombres, más acordes a su espíritu siempre vivo y siempre peregrino: en España les llamó tebeos, en México pepines, en Italia fumetto, en Estados Unidos cómics, en Japón manga, en Francia bande desinée… Muchas veces bautizaron al género con nombres específicos de una revista representativa (TBO, Pepín), o poniendo énfasis en el género más popular (comic-strip) o elevando un rasgo formal a la categoría de distintivo (fumetto, del italiano fumo, por los globos de texto que parecen que recuerdan al humo de cigarro). Más allá de localismos, la palabra que se ha convertido en la palabra internacional es la inglesa cómic (en español con acento por ser palabra grave que no termina en n, s ni vocal), palabra que en todos los países con vocablo autóctono provoca cierto rechazo por quienes no desean ver su vicio colonizado, y argumentando, no sin razón, que llamar cómic a este arte es como decir kleenex para referirse a cualquier pañuelo de papel. El concepto de novela gráfica se debe al gran autor norteamericano Will Eisner (Manhattan, 1917), que en 1978 publicó Contrato con Dios, la primera novela gráfica de la historia en el sentido moderno por el formato de libro en que estaba editada y la estructura literaria de sus varios relatos relacionados, todos vinculados a la vida en los barrios de tenements que afloraron como hongos malditos en Nueva York después del crack de la bolsa de 1929. Contrato con Dios, además de ser el bautismo de un nuevo género, fue el regreso al medio de Will Eisner, todavía una leyenda viva del género, y lo que es mejor, viva y en activo a sus ochenta y cuatro años de actividad incansable como dibujante, escritor, profesor en la Universidad de Nueva York y teórico de este género literario de la narrativa gráfica.

Will Eisner es un maestro del medio, y dos cuartillas no son nada para hablar de este artista que a finales de los años 40 ya había producido su obra maestra y piedra angular de los tebeos como arte adulto y literario: The Spirit, una serie donde el héroe tradicional se convertía en excusa testimonial para desgranar, semana a semana en relatos de siete páginas que a finales de los años cuarenta rozaron la perfección literaria y gráfica, las mil historias de una gran ciudad que comenzó siendo Nueva York y acabó por llamarse Central City para acabar convirtiéndose en una de las grandes abstracciones urbanas del siglo XX. Paralelamente a la revolución estética que supuso el Citizen Kane de Orson Welles, Eisner llevó a cabo una idéntica revolución del medio sin que todavía haya quedado del todo claro quién influyó sobre quién. ¿Se inspiró Welles en el trabajo de, entre otros, Eisner para revolucionar el medio cinematográfico? La conocida admiración que Welles profesaba por la serie de prensa Terry y los piratas, de Milton Canniff, maestro de toda la generación de los años cuarenta y también de Eisner, hacen pensar que el genio del cine extrajo muchas de sus ideas de un medio que, como el séptimo arte, estaba alcanzando en aquel momento su clímax de madurez, y que a partir de entonces la influencia sería mutua y difícilmente rastreable.

Muchas sesudas tesis doctorales se han escrito sobre la obra de Eisner, una obra todavía abierta para quien gozamos The Spirit y, más tarde, de sus novelas sobre la condición humana. Sin embargo, ahora volvemos hacia él la mirada, no para hablar de sus obras artísticas, sino para comentar su imprescindible libro Comics and Sequential Art, donde el autor (que llama al medio “arte secuencial”) lleva a cabo un excelente despliegue de su sabiduría de un medio que él como pocos contribuyó a crear, y donde comenta cada uno de los elementos que intervienen en la narración de una historia por medio de viñetas —y no pocas veces sin ellas— para establecer una auténtica gramática y sintaxis de la narrativa gráfica como forma literaria. El autor lo dejó bien claro en una entrevista concedida a Jaume Vidal para El País el 25 de enero de este mismo año: “El cómic es una forma válida de literatura capaz de dirigir su contenido más allá de las simples historias de entretenimiento. El cómic, dentro de las limitaciones de su lenguaje, puede aspirar al mismo nivel literario que cualquier novela.”

Este interés por demostrar el valor eminentemente literario del cómic le llevará a traducir a términos gramaticales la última página de su célebre historia de The Spirit, Gerhard Shnobble, donde el pobre Gerhard, que por fin se atreve a revelar al mundo el gran secreto de que es capaz de volar, es alcanzado accidentalmente por una bala perdida durante un tiroteo en una azotea: “Una descripción de la acción en esta viñeta puede ser representada gráficamente como si de una sentencia se tratase. Los predicados del tiroteo y el forcejeo pertenecen a cláusulas separadas. El sujeto de “el tiroteo” es el bandido, y Gerhard es el complemento indirecto. Los muchos modificadores incluyen el adverbio “¡Bang, bang!” y los adjetivos del lenguaje visual, tales como postura, actitud y gesticulación.” (pp. 8-10). Eisner analiza a lo largo de esta obra todos los elementos que intervienen en la creación de una novela gráfica: tiempo, guión, dibujo, posibilidades dramáticas del rotulado de texto y de la caja de la viñeta para acabar con algunas reflexiones prácticas acerca del arte de los cómics y la computadora. Además, el libro incluye un buen número de historietas del autor debidamente comentadas a los márgenes por él mismo —se trata de la técnica moderna del cómic de texto, cuyas notas a los márgenes hacen la función de las notas a pie de página en la literatura crítica al uso—, por lo que el lector podrá disfrutar de una pequeña selección de las mejores historias clásicas de The Spirit, un fragmento de Life On Another Planet (1980) y el curioso y fructífero experimento que es Hamlet On A Rooftop, donde Eisner tomó el célebre monólogo shakespeariano y lo trasladó al cómic sin suprimir ni una sola palabra, demostrando, además, que las posibilidades del medio son tan grandes como sea la grandeza de espíritu de sus autores.

Will Eisner, Comics and Sequential Art. Poorhouse Press. Florida, 2001 (21ª edición). 164 pp. 19.95 $. Edición española: Los cómics y el arte secuencial. Norma Editorial.