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viernes, diciembre 27, 2024
domingo, septiembre 17, 2017
SKY MASTERS, DE JACK KIRBY Y WALLY WOOD
Me congratulo con la noticia de que al fin aparece en España el tomo 3, largamente esperado, de Sky Masters, la tira diaria que firmaron entre 1958 y 1961 dos grandes de la historieta: Jack "el Rey" Kirby y Wally "Woody" Wood. Sale al mercado nueve años después de que Glénat España publicara los dos tomos de las tiras diarias, restauradas con primor por Ferrán Delgado, y nos dejara con las ganas del tomo 3, enteramente dedicado a las planchas dominicales. Precisamente ahora, en Gringolandia, se ha publicado de nuevo la tira diaria en un solo tomo, y espero que pronto podamos tener en nuestras manos la versión original de las sundays. Mi bolsillo me pide comprarlo en inglés, qué quieren que les diga. Y es que uno ya no está para euros, y cada vez menos, sobre todo teniendo en cuenta que los gastos de envío al extranjero por libro son de 20 luros. Sin llorar: a aprender idiomas, ¡con un par de huevos!
Muy justamente aparece ahora este volumen de dominicales, pues en las pasadas semanas leí los tomos 1 y 2 de Glénat. Una serie magnífica, sin duda, un enfoque realista a la ciencia-ficción dentro de las coordenadas de la época y la previsión de lo que serían avances futuros en el terreno científico. Lejos de la space-opera tan bien representada por Flash Gordon (que en aquellos años dibujaban Dan Barry y equipo), Sky Masters pretende un enfoque certero de la vida de estos supuestos amos del cielo (en realidad, Sky Masters es el nombre del protagonista) y un desarrollo realista de los conflictos con los que una incipiente carrera espacial se puede enfrentar. Sorprende gratamente que una de las aventuras se posicione sobre la importancia de la ecología: conocer el pronóstico de huracanes puede servir para lucrar con los efectos destructivos que éstos causarán en la población. Sin duda, la doctrina del shock de Naomi Klein ya era vislumbrada por estos visionarios en época tan temprana como el año 1960. ¡Excelsior!
Siempre me ha gustado mucho Kirby, y no es para menos. Fíjense en las dos tiras que están sobre estas líneas, con esos maravillosos juegos de perspectiva que a Kirby tanto gustaban. Se desvivió por llevar esa inquietud a la tira diaria, y en eso tuvo cierto perfil revolucionario. Desde que era chinorri adoro a Kirby, sobre todo por La Patrulla X y Thor. Las Crónicas de Asgard son la repera limonera. Cometí el error de considerar los únicos X-Men los de Kirby, cuando la revolución Claremont ya era un hecho consumado. Enmendé mi posición a los veinte años de edad. Durante mi niñez descubrí y compré durante unas vacaciones veraniegas en Benidorm los cómics de Captain Victory, que me fascinaron. En aquellos años era muy difícil conseguir en España comic-books originales de Estados Unidos, y aquellos del Capitán Victory eran reales, verdaderos comic-books llegados de allende los mares: los colores fotomecánicos, llenos de tramas de puntos, la textura del papel barato y poroso, la páginas de publicidad de chorradas, el olor embriagador de las tintas... Hoy día, que todo puede comprarse con el pellizco de un click, es imposible comprender la emoción que podía embargar a un niño de aquellos tiempos al tener entre las manos verdaderos cómics de Jack Kirby. En cuanto a Wally Wood, mi descubrimiento vino mucho después, de la mano de los editores de la revista Totem, en aquellos especiales USA que presentaban las aventuras de Sally Forth, un cómic erótico creado para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Sally estimulaba mi imaginación en aquella edad pre-adolescente.
Sinceramente, nunca había oído hablar de una colaboración entre los dos genios. Por lo que cuenta la introducción de Glénat, la mayor parte de la gente tampoco. Durante décadas la serie, cancelada tras una breve trayectoria (del 8 de septiembre de 1958 a 25 de febrero de 1961), permaneció en el limbo. Una de las cosas buenas del presente siglo es que, sin dejar de reeditar las grandes obras de toda la vida, poco a poco repesca joyas olvidadas, muchas de ellas desconocidas. Algunos blogs le dan al pico y la pala que da gusto, y esos dan la voz de alerta. Y también se publican en hermosos volúmenes. Al principio la fusión entre lápices de Kirby y tintas de Wally dio como resultados una obra de calidad impresionante. Vean las imágenes superiores y comprueben cómo el entintado dramático de Wood concede una enorme fuerza al dibujo de Kirby. No hay detalles dejados al azar, casi no hay fondos blancos. La viñeta están rellenas de líneas y sombras, el dibujo es pletórico de fuerza, casi parece gritar como el personaje de la tira #21. Si a esto unimos unas historias bien hilvanadas, con personajes secundarios interesantes como Mayday Shannon (imágenes inmediatamente superiores) y el cuidadísimo retrato costumbrista de la vida cotidiana (vean, si no, la magnífica viñeta 1 del café en la tira 181), pues tenemos una obra magnífica, llena de emoción, acción e intriga donde los detalles de la vida normal y corriente ubican perfectamente las tramas en un contexto histórico concreto y dentro de una realidad social: la del Estados Unidos de la Guerra Fría.
Algunos se preguntan por qué Wood aceptó entintar esta serie, si ya era una gran estrella. Había pasado con gloria por los comics de EC, por la revista Mad, se ganaba muy bien la vida como ilustrador comercial. Ya era una estrella del medio y Kirby todavía no. ¿Amistad? ¿Deudas de juego? ¿Intercambio de esposas? Quién sabe. El caso es que cuando Woody abandona las tintas, tras la tira 264, la serie experimenta un corrimiento de tierras. Al principio,es verdad, le sustituye con garbo y buen hacer Dick Ayers, quien se convertiría en uno de los entintadores favoritos de Kirby y trabajaría mucho con él en Marvel, pero poco a poco la serie empieza a marchar cuesta abajo. Las tiras que presento a continuación (390 y 391) con entintado de Ayers, todavía dan fe del buen trabajo del tandem. La gestualidad de algunos personajes, como Alfie o el doctor Strickland, no resulta tan hierática como en los dibujos con acabado de Wood. Presagian el genio efervescente que pronto se desarrollaría en los cómics Marvel. Hay que reconocer que Ayers sabía cómo entintar al maestro.
Sin embargo, la serie no funcionó bien en la prensa de Estados Unidos y el Olimpo del cómic se cerró para Jack Kirby y Wally Wood después de haberles abierto las puertas. Hay que recordar que, en aquellos tiempos, los mejores artistas y las mejores obras del cómic se publicaban en los periódicos. Los comic-books, que tanto hemos disfrutado y disfrutamos, pertenecían al género menor del noveno arte. Lo cierto es que, hasta los años 60, con la revolución que empezaron Stan Lee y el propio Jack Kirby en Marvel, los comic-books publicaban un material francamente deficitario en términos artísticos y escriturales (salvo excepciones muy notorias, como EC Comics, y otros eventuales destellos de genio). En mi opinión lo que llaman la Edad de Oro de los superhéroes tiene muy poco de oro y la mayor parte es quincalla (salvo excepciones, etc.). Así que, poco a poco, pues Kirby, Ayers y compañía fueron mirando hacia otros horizontes, en los que, como sabemos, hicieron Arte con mayúsculas (ejem, también con minúsculas) e hicieron Historia. Y cómo gozamos con ellos en Marvel. Y poco a poco, se fueron desinteresando de Sky Masters, y la cosa fue de mal en peor, hasta que la serie dejó de tener un nivel que la hiciera atractiva. Para muestra, estas dos tiras de abajo entintadas por Roz Kirby. Si las comparan con las de arriba, con Woody como calamar, hay un abismo de diferencia.
Para cerrar, queda la recomendación de comprar el tomo de dominicales de Sky Masters y buscar, si es que no los tienen ya, los dos tomos de lujo que Glénat publicó en su día. Como Glénat se desintegró por la maléfica influencia de la atmósfera económica neoliberal, estos dos libros sólo pueden hoy hallarse en mercadillos, botaderos y segundas de librería especializada; si son ustedes medio piratas, también los pueden hallar en La Mula de Alejandría, pero merece la pena tenerlos en papel, sobre todo por la edición de lujo que fue, con aquel mimo que a todo lo que publicaba le ponía Joan Navarro. Dicho lo dicho, nos vemos en el tomo 3 de Sky Masters, bien recién publicado por Ferrán Delgado, restaurador amoroso, bien en la versión original usaca. Prosit!
Actualización: En los comentarios, Ferrán Delgado, restaurador español de la serie, nos da importante información puntual sobre la edición de Hermes Press, que es pirata de la de Glénat, y las fechas de aparición del tomo 3 con las dominicales en España: "El libro de Hermess Press que recopilará las tiras diarias en USA dentro de poco es una edición pirata que escanea la edición de Glénat, así que la calidad de reproducción será inferior. La edición USA de mi libro aparecerá en enero a través de Amigo Comics, mientras que la edición española llegará a las librerías a mediados de noviembre. Si alguien quiere comprar copias con antelación, que escriba a: correo@revistaplot.es". Pues informados quedan, queridos y queridas.
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Actualización: En los comentarios, Ferrán Delgado, restaurador español de la serie, nos da importante información puntual sobre la edición de Hermes Press, que es pirata de la de Glénat, y las fechas de aparición del tomo 3 con las dominicales en España: "El libro de Hermess Press que recopilará las tiras diarias en USA dentro de poco es una edición pirata que escanea la edición de Glénat, así que la calidad de reproducción será inferior. La edición USA de mi libro aparecerá en enero a través de Amigo Comics, mientras que la edición española llegará a las librerías a mediados de noviembre. Si alguien quiere comprar copias con antelación, que escriba a: correo@revistaplot.es". Pues informados quedan, queridos y queridas.
lunes, junio 15, 2015
PEPE GONZÁLEZ: MÁS ALLÁ DEL ALBA
El otro día les colgaba una historieta de Vampirella para cerrar mi comentario sobre el primer volumen (¿habrá un segundo?) de Planeta DeAgostini dedicado a la Vampi. Estimulado por la reacción de muchos que no conocían (¡horror!) al gran Pepe González subo ahora una de sus muchas historias publicadas en Warren que, si bien nada tenían que ver con Vampirella, demuestran su enorme talento para reflejar erotismo, ternura y melancolía al más puro estilo romántico. Algo que González aprendió a hacer al principio de su carrera al encargarse del dibujo de cientos de historietas románticas para el mercado europeo. En esta, "Más allá del alba", tenemos el típico twist at the end, también conocido como final O´Henry. Esta historia apareció en el número 4 de la revista 1984, publicada por Toutain Editor en febrero de 1979, y más tarde recopilada por el mismo Toutain en el volumen Cuando el cómic es arte: Pepe González. Que la disfruten.
miércoles, noviembre 19, 2014
SOLARIS (TARKOVSKI, 1972)
El pasado domingo fui invitado a comentar Solaris en el ciclo de Cine de ciencia-ficción que se acaba de inaugurar los domingos en la UACJ, y tendrá dos sesiones más. Breve pero sustancioso. Aprovecho para repescar aquí un texto que escribí para una revista digital sobre la novela y su adaptación, texto que ya no es encontrable en la red. Por ello, aquí les va el texto Solarística.
SOLARÍSTICA
La longeva relación entre cine y literatura exige de
quienes aman estos medios una comprensión cordial de las infidelidades entre
ambos. No es infrecuente que la versión cinematográfica de una obra maestra
literaria resulte un film decepcionante. La literatura posee una capacidad de
evocación y de silenciamiento que resulta muy sugestiva para el lector. Cada
novela por sí misma no sería nada sin la construcción imaginativa de cada
lector. La literatura exige un esfuerzo de imaginación que, aparentemente, el
cine no requiere desde el mismo momento en que todo parece estar contenido en
la imagen. Da la falsa impresión de que resulta muy fácil sentarse a esperar
que lo ilustren a uno y le digan cómo mirar lo que el director quiere. Las
múltiples interpretaciones, sugerencias e imágenes mentales de una novela
quedarían comprimidas y cerradas en una concatenación de planos deterministas.
La gran novela quedaría encerrada en una especie de jaula de cristal, en
apariencia transparente pero opaca.
El
caso contrario es todavía más interesante. El cine está lleno de adaptaciones
de novelas mediocres, y hasta espantosas, que se convierten en obras maestras
cuando pasan por el nickelodeón y las convierten en luz entre las sombras. La
lista resulta tan prolija que no merece la pena emprenderla. Esto incluye
también la adaptación al cine de obras de teatro arrumbadas en los polvorientos
anaqueles de la desmemoria. La feliz coincidencia de profesionales en estado de
gracia puede rescatar un argumento y convertirlo en una sólida ficción con
independencia de los resultados originales.
La
lectura reciente de Solaris, la obra maestra de Stanislaw Lem, me ha
empujado a querer ver sus adaptaciones cinematográficas con un deseo nunca
antes sentido. No siento especial necesidad de ver las distintas adaptaciones
de El Quijote o de la Odisea, obras literarias fundamentales en
mi formación, pero sí las de Solaris, quizá porque Solaris es una
obra literaria que nos propone una audaz visualización de lo inhumano como
pocas veces se ha insinuado en la literatura del siglo XX, y uno hubiera
esperado, al menos, un intento de visualización de esta inhumanidad, aunque
fuese un intento fracasado.
Solaris
es una de las grandes novelas de ciencia ficción. Es, básicamente, una obra que
juega con los parámetros de géneros anteriores de la novela para construir una
realidad literaria híbrida y enormemente sugestiva. Solaris es un
planeta con voluntad propia al cual llega el psicólogo Kris Kelvin para atender
el extraño comportamiento de los tres habitantes de la única estación espacial.
Kelvin pronto advierte que la locura de los dos supervivientes (el tercero se
ha suicidado días antes) no es tal, sino que la voluntad de Solaris envía réplicas de otros seres humanos para
atormentarles. Cuando Kelvin se reencuentra en Solaris con su amada esposa
muerta, y vuelve a enamorarse de ella, su aspecto más racional comienza a
adentrarse en vericuetos del alma humana donde no faltan, y ésta es la parte
más impresionante de la novela, las descripciones de la naturaleza inhumana de
Solaris. Lem dedica más de veinte páginas de un capítulo a tratar de describir
los extraños fenómenos físicos de Solaris, y en esta descripción, alucinada
pero incompleta, es donde descubrimos precisamente la ambición de Lem por
demostrar que el ser humano no está preparado para convivir con especies
superiores a él mismo, ni siquiera para intentar comprenderlas mínimamente.
Solaris
es, como digo, una hábil mezcla de géneros de la novela. Es, en el fondo, una
novela gótica disfrazada de novela de ciencia-ficción con ribetes de novela
policiaca o de intriga. Es novela de misterio, pero su misterio es el misterio
de la existencia humana. La historia de amor entre Kelvin y Harey, la esposa
fallecida (el “fantasma” que habita el “castillo” de la estación espacial de
Solaris) antecede en muchos años a la reflexión que plantea Blade Runner
(Ridley Scott, 1982) sobre la humanidad de seres humanos creados
artificialmente, y debe más a Solaris que a su propio origen literario,
la excelente novela del visionario Philip K. Dick: ¿Sueñan los androides con
ovejas eléctricas?
El
intento de describir este imposible, este planeta que desafía la capacidad
humana de descripción, lo que no puede ser parangonado con parámetros humanos,
necesariamente tuvo que fracasar en el cine. En la adaptación más importante
(filmada por Andréi Tarkovski en 1972), el exquisito director ruso no reflejó
la complejidad rítmica de la novela original y construyó un filme majestuoso,
pero tan bello como frío, que insinúa más que explicita la honda monstruosidad
del planeta incomprensible. En cambio, la versión de Steven Soderbergh
protagonizada por George Clooney (2002) es sencillamente ridícula. Las
exigencias del nuevo cine de Hollywood por confeccionar productos políticamente
correctos para consumo de adolescentes y débiles mentales obligaron a los
responsables a perpetrar un aborto de película lastrada por una
reestructuración de la historia original en función de las exigencias de un mercado
obsesionado por la falta de profundidad y la idiotez.
El
verdadero reto de Solaris consiste en su lectura, pues el triunfo sólo
es posible en la imaginación de cada quien. Es difícil en estos tiempos de sushi
literario encontrar cerebro para asimilar la incomparable descripción de
Solaris que afronta Lem, más semejante, siguiendo los mismos patrones
culinarios, de los banquetes prolijos y fantásticos de el Satiricón de
Petronio. Pero Solaris es una novela también agradable. La honda y
desesperada historia de amor y fantasmas que encierra, la emotiva
reconciliación con la muerte en la vida, así como las dosis de intriga y hasta
terror que Lem sabe diseminar a lo largo de su estructura, convierten a Solaris
en una de las mejores recomendaciones para quienes deseen acercarse a ese
género de la novela llamado ciencia ficción y, en definitiva, a una de las
grandes novelas de la segunda mitad del siglo XX.
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