jueves, febrero 14, 2008

FICHAS TOUTAIN LXXXV: REG SMYTHE (1917-1998)

Se publicaba mucho esta serie en España en la época en que Toutain publicaba su Historia de los Cómics. Yo, quizá por la impericia de la edad, nunca le vi demasiado chiste a los chistes de Andy Capp. Desde entonces no he vuelto a ver recopilatorios de Andy Capp, obra de Reg Smythe que deslumbró a Inglaterra y Estados Unidos con su humor de la clase baja inglesa. Lo explica mejor que yo Juan Antonio de Blas en esta Ficha Toutain. Salud.

Clicar sobre la imagen para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.

martes, febrero 12, 2008

LA DIOSA ARRODILLADA (1947)

Roberto Gavaldón fue uno de los más sólidos artesanos del cine mexicano clásico, y a él se deben obras emblemáticas de esa cinematografía como Macario (1959; primer film mexicano en ser nominado al Oscar a la mejor película extranjera), El gallo de oro (1964; con guión de Juan Rulfo) o La vida inútil de Pito Pérez (1969). Formado en la época dorada de los estudios de Hollywood, donde coincide con Emilio Fernández y Chano Urueta, en 1932 regresa a México y se incorpora a la industria nacional trabajando en la parte técnica de las películas. Después de colaborar como asistente de dirección en cincuenta películas (entre las que destaca ¡Viva Villa! de Jack Conway en 1934), en 1944 debuta como director en La barraca, film que se embolsa diez premios Ariel y que lo lanza al estrellato como gran figura de la dirección en México. Realizador de más de cuarenta películas, su buen oficio y pericia técnica le permiten rodar algunos films en el extranjero, como Adventures of Casanova (1947) o The Littlest Outlaw (1953).

La diosa arrodillada fue su octava película, y en ella advertimos sus méritos y carencias. Gran conocedor de la parte técnica del oficio (Gavaldón incorpora en este film con gran acierto dramático elementos como el juego con espejos o la profundidad de campo), sin embargo no debía de hallarse especialmente dotado para generar empatía con sus actores, que le conocían como El Ogro por su estricto comportamiento en los platós.

Ni María Félix ni Arturo de Córdova dan de sí todo lo que uno podría esperarse de sus personajes. La historia de un hombre de gran fortuna (Arturo de Córdova) que conoce a una mujer con quien mantiene una relación extramarital (María Félix), adquiere un giro atormentador cuando él cree haber envenenado a su esposa con la pretensión de asesinar a su amante, quien lo obsesiona hasta el punto de adquirir una escultura, llamada La diosa arrodillada, para la cual ella posó como modelo.

De Córdova abordó en varias ocasiones el papel de galán atormentado en perpetuo conflicto con el deseo, pero Gavaldón no extrae de este interesante actor los angustiosos matices y sombras de culpa que inmortalizaron a De Córdova por su interpretación en Él, a cargo de Luis Buñuel. Curiosamente, también en esta ocasión (aunque cinco años antes de la película de Buñuel) De Córdova interpreta a un insatisfecho amoroso que deambula por una gran mansión presidida por una doble escalera que se bifurca tanto como la realidad y el deseo que se alejan para no encontrarse casi nunca en su personaje.

Con semejante guión (co-escrito por el autor mexicano José Revueltas, quien colaboró en otras once ocasiones con este director), Gavaldón podría haber dirigido un notorio film noir del cine clásico mexicano, pero sus intereses fueron otros. Enamorado del melodrama, Gavaldón rehuye las atmósferas góticas o la estética expresionista del cine negro y se concentra en la peripecia sentimental de los amantes. La bella fotografía de Alex Phillips se explaya generalmente en muchas gamas de grises que inciden más en lo bello y estilizado entorno de la vida de los ricos (el gran glamour de grandes mansiones con grandes columnas de mármol) que en la pesadilla de una historia que no se quiere centrar en el deseo atormentador y en el sentido de culpa.

La excelente factura formal de la película (más bien carente de ritmo y de énfasis en los giros dramáticos) se ve reforzada por una bella partitura de Rodolfo Halffter (que a veces recuerda mucho, curiosamente, el tema de la melancolía compuesto por Bernard Herrman para Vértigo, de Alfred Hitchcock, en 1958) y la presencia, siempre grata a mi entender, de Fortunio Bonanova, aquel español de Mallorca (foto, abajo) que recaló en Hollywood y tuvo un destacado rol en Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941). Aquí interpreta al malo de la película, pero Bonanova debió de ser un tipo tan simpático que su villano, más que villano, parece otra cosa, más bien un pragmático filósofo. Y es que en La diosa arrodillada todo recuerda a otra cosa que no es.

La diosa arrodillada (1947). Dirección: Roberto Gavaldón. (**, de 4). Más información, en IMDB.

miércoles, febrero 06, 2008

FICHAS TOUTAIN LXXXIV: ENRIC SIO (1942-1998)

Fallecido prematuramente, y olvidado hoy salvo por historiadores del tebeo en España y aficionados de cierta edad, Enric Sio fue uno de los grandes renovadores del cómic español en la década de los 70. Su militancia en los 80 contra la estética del tintinismo y otras necesarias delicias del espíritu le ganaron fama de elitista y radical. Debían de molestar mucho sus columnas en Cómics, clásicos y modernos (coleccionable dirigido por Javier Coma y publicado por entregas en El País Semanal), donde no mostraba espíritu de conciliación alguno salvo con el Cómic como Arte, un arte que era como el suyo y el de su generación, un Arte para adultos sin nostalgias ni debilidades infantiles. Los adultos, ya se sabe, se dedicaron a ver Tele 5 después del boom del tebeo adulto de los 80, y los más jóvenes, apostados en la esquina con la navaja del olvido, dieron cuenta de la memoria de Enric Sio en la historia popular de un arte de por sí desmemoriado.

Enric Sio fue un grande de su arte. Pocos historietistas como él han sabido reflejar tan bien, por medio de viñetas oscuras y trazos inquietantes y nerviosos, la angustia y el terror de forma tan efectiva. Sus viñetas tenían una tesitura prolija y desesperante, apta para reflejar el mundo de las más recónditas y cotidianas pesadillas. Nunca olvidaré mi primer Sio, que sigue siendo mi favorito: una historieta de Mis miedos que leí durante los primeros 70 y que me tuvo aterrorizado durante los años que me quedaron de infancia. Otro maestro cuya obra hay que desempolvar. La ficha de hoy, por Jordi Frontons.

Clicar sobre la imagen para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.

martes, febrero 05, 2008

RICHARD STARK: A QUEMARROPA

Lee Marvin inmortalizó con su rudeza ejemplar el rostro de Parker en la película A quemarropa, que en 1967 dirigió con brillantez un joven John Boorman. Parker es creación literaria de uno de los grandes autores de la novela negra americana del medio siglo: Donald E. Westlake, quien bajo el seudónimo de Richard Stark lleva publicadas desde 1959 veintitantas novelas de Parker (abandonó a este duro personaje en 1974, pero lo retomó en 1997). Westlake, con el seudónimo de Stark o no (es suficientemente famoso por su verdadero nombre) sigue produciendo activamente. Westlake es un hombre capaz de tocar varias cuerdas: guionista de cine (adaptó The Grifters, de Jim Thompson, para Stephen Frears en 1990), también tiene otra serie negra con incursiones en la comedia: The Dortmunder.

Parker es un delincuente, un asaltabancos, un tipo tan duro que cuando en su primera novela regresa a casa, su esposa se suicida. Parker la encuentra sobre la cama, le tasajea la cara para volverla irreconocible y la abandona en un parque público. Parker ha vuelto a casa para vengarse de unos cuantos traidores con quienes planeó un robo, pero éstos intentaron matarle y al final acabó con sus huesos en la trena. La primera novela de la serie, ésta de la que hablo, se tituló The Hunter, pero en España se tradujo con el título de A quemarropa, precisamente por aprovechar el tirón de la excelente película de Boorman. La leí la pasada navidad en uno de los volúmenes de la colección que yo llamo Las Sagradas Escrituras, una colección que bajo el nombre de Club del Misterio publicó Bruguera a principios de los años 80. Son 18 tomos con seis o siete novelas cada uno, y en cuanto llego a casa tomo un volumen y doy cuenta de alguno de los títulos que contiene. Las Sagradas Escrituras fue una colección excelente, una muy buena representación de lo mejor que dio el género negro y policial hasta que Bruguera comenzó a publicar esta colección intentando homenajear el irrepetible estilo de época de la Biblioteca Oro de Molino. Las excelentes portadas eran de Isidre Monés y las ilustraciones interiores de Carlos Freixas, Julio Vivas y otros.

La novela se abre con una jugosa introducción de Westlake donde explica cómo inventó a Parker y por qué: pretendía crear una tough story como las que publicaba el sello Gold Medal. Una fría mañana, muy temprano, se topó al cruzar el puente George Washington de Nueva York con un tipo alto y fornido que caminaba en dirección contraria del sentido de los autos. Vestía un abrigo que le llegaba a los pies y le recordó a Jack Palance, duro de Hollywood recordado por todos gracias a The Big Knife, de Robert Aldrich (1957). Westlake se quedó pensando en aquel extraño personaje, y fue precisamente con esta escena con la que da inicio A quemarropa: con el resentido y recio Parker cruzando el puente en su huída tras fugarse de la cárcel, camino del hogar, camino de la venganza.

A quemarropa consiste en esto y poco más: es la crónica de unas muertes anunciadas, la crónica de una venganza contada con gran agilidad por Westlake, que se beneficia sobre todo de dos grandes flash-backs que conceden a la narración las suficientes dosis de agilidad y suspense para que la lectura fluya sin impedimentos como un río sin retorno. A quemarropa está escrita en ese estilo seco y conciso de la mejor novela negra americana, está sembrada de muertes, vodka y desesperación. Uno no simpatiza con Parker tanto como lo hace con Tony Soprano, pero es que Westlake no le concede ni humor ni humanidad, sólo de vez en cuando el don del sarcasmo fútil y fatalista que tanto nos gusta en la novela negra, pero sin ese sentido retorcido y envenenado que Jim Thompson sabía darle a unos diálogos costumbristas que nos seducen porque en la psicología de los personajes nos vemos reflejados. Nos nos vemos reflejados en Parker, pero es un personaje por el que sentimos empatía y comprensión. Si yo fuera Parker hubiera hecho lo mismo. Westlake deja que Parker, con su brutal objetivo entre ceja y ceja, con su obstinado empeño en enfrentarse a la mafia, imprima el ritmo al relato escrito en tercera persona. Westlake funge como notario, y Parker finge que no se da cuenta. A quemarropa es una estupenda novela, un western urbano de venganza. Es un buen ejemplo de cómo los esquemas tradicionales del antaño popular western han sido deglutidos, asimilados y popularizados por el cine negro y la novela negra.

viernes, febrero 01, 2008

UN ADELANTO DE TARTESSOS 4

Paco Nájera, artifice de la serie de temática clásica Tartessos, ha colgado en su blog Tartessos Novedades unos adelantos del número 4 de su serie, todavía en producción: El pasado atlante. Lo ha hecho mostrando además los lápices de las páginas, lo cual es digno de encomio porque son pocos los artistas que quieren compartir con nosotros la trastienda de su arte. Para quienes tuvimos una vez el sueño de ser dibujantes de cómics, ver estas muestras de lápiz y luego de tinta es una gozada. He seleccionado esta viñeta de una de las páginas mostradas porque me ha gustado la presentación que hace Nájera de algunos de los dioses del Olimpo. La visión de estos viejos amigos del hombre, aun siguiendo el estilo humorístico que caracteriza a la obra de Nájera, no cae en la disneyficación, lo cual es algo que siempre hay que agradecer.

lunes, enero 28, 2008

LA CINEMATOGRAFÍA DE ALFONSO SÁNCHEZ

Breve es la gloria del crítico de cine, pardiez. Sucumbida la pluma y la espada, su memoria la dispersa el viento. O tal parece. Acabo de leer un libro que la Filmoteca Regional de Murcia dedicó en 1992 al gran crítico español (y murciano, nació en Lorquí pero se crió en Toledo) Alfonso Sánchez, un hombre que durante décadas fue crítico de cine en Informaciones, Hoja del Lunes, ABC, Tele-Radio… Para los españoles que contamos cierta edad, es inolvidable su participación semanal en el Revista de Cine, un clásico de la segunda cadena (cuando en España sólo existían dos cadenas de TV): su cuerpo pequeño y redondeado, su calva ciceroniana, su rostro de murciano sencillo de pueblo, y sobre todo, su gran voz cascada y un gracejo singular al hablar que tan imitable e imitado le hizo entre cómicos de la legua y humoristas profesionales (junto con la entrañable Gloria Fuertes) le volvieron famoso por la piel de toro esa. Superviviente de la Guerra Civil, fue un periodista ilustrado que hizo sus pininos en el semanario satírico La Codorniz, donde fue amigo de una generación de satíricos ilustrados de la posguerra: Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Tono… No en vano el humor, que tanto provocó Alfonso Sanchez entre sus imitadores, era connatural a su graciosa pluma, a su benevolente forma de producir crítica de cine. Su muerte en 1981 fue la muerte de un personaje público que con sus peculiaridades supo ganarse a un pueblo sencillo. Desde entonces, el olvido. De vez en cuando, en alguna revista como Nickelodeon (editada por su discípulo el cineasta José Luis Garci) alguna mención cariñosa hacia su recuerdo. Googlea uno Alfonso Sánchez, y nada; escudriña en el Tubo, y ni pum. Atina uno la búsqueda y por fin sale algo, poquita cosa, por ejemplo esta necrológica de El País que no ha sido retocada desde 1981 (adviértase cómo el periodista escribe showsman en vez de showmen); y esta otra, donde recordamos que Alfonso Sánchez ha sido uno de los pocos críticos (si no el único) a quien un director de cine le ha dedicado su Oscar.

Buster Keaton con Alfonso Sánchez
El libro se titula La cinematografía de Alfonso Sánchez, y está escrito con el cariño de la amistad por José Antonio Postigo. Una semblanza biográfica, muchas fotos curiosas y, sobre todo, una buena selección de críticas de cine de Alfonso Sánchez lo convierten en una lectura grata y más que recomendable para quienes gustan de leer sobre cine. Autor de Iniciación al cine moderno (una obra que habría que recuperar ya) y de incontables críticas en periódicos y revistas, la pluma de Alfonso Sánchez es graciosa sin dejar de ser profunda. Amigo de gentes como Mihura o Jardiel, compartió con ellos una manera cariñosa y juguetona, casi inocente, de ver y reflejar la vida, y es quizá por esto que Alfonso Sánchez no pontificaba ni censuraba con la gravedad del crítico de voz tumbal que se sabe influyente y temido por todos. Antes bien, pondera, estima, aconseja, se plantea reflexiones en voz alta, y sobre todo, rehuye las categorizaciones negativas. Su periodismo tenía el estilo refinado de otra época que no es la nuestra: elegante, ameno, gracioso, cultivado y elusivo. El regusto que deja en la boca la ya casi olvidada máquina de escribir de Alfonso Sánchez nos obliga a esperar que un día se reedite su obra mayor, esa Iniciación al cine moderno, así como una parte del conjunto de su obra crítica.

viernes, enero 25, 2008

FICHAS TOUTAIN LXXXIII: NOEL SICKLES

Su breve paso por el mundo de los cómics sirvió para que Noel Sickles dejase una estela de grandeza que otros dibujantes perfeccionarían y llevarían hasta su cumbre. El estilo impresionista para narraciones realistas, alejado de los modelos academicistas de Foster o Raymond, continúa vivo en la tradición más moderna de la historieta. Es curioso ver cómo las dos viñetas de Scorchy Smith que se reproducen en esta ficha escrita por Salvador Vázquez de Parga guarda tantas similitudes con el Terry y los piratas de su colaborador, amigo y heredero estético, Milton Caniff. Como siempre, Scorchy Smith es otro clásico a recuperar que deberíamos ver un día en las librerías. Y en caso contrario, en nuestros monitores de internet, como está haciendo ejemplarmente Barnacle Press con un puñado de obras maestras absolutamente olvidadas y difícilmente recuperables en papel impreso.

Clicar sobre la imagen para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.