miércoles, noviembre 21, 2012

MODESTY EN ALMERÍA

Entre el 7 y 11 de noviembre se celebraron en Almería las XV Jornadas del Cómic. En este precioso cartel realizado para tal acontecimiento (desconozco el nombre del artista), vemos una preciosa Modesty Blaise acompañada de un James Bond clásico en versión Sean Connery, nada que ver con el deslactosado Daniel Craig de las insípidas Casino Royale y Quantum of Solace. James Bond es, a fecha de hoy, un personaje obsoleto de un tiempo pretérito, desaparecido, irrecuperable. En vez de convertirlo en el monigote amorfo que es ahora, mejor deberían apostar en estos tiempos por Modesty Blaise. Es un personaje más moderno de lo que fue en los años 60 y su estela se deja sentir en multitud de personajes que hoy arrasan como la Beatrix Kiddo de Kill Bill o la Lisbeth Salander de la trilogía Millenium. 

lunes, octubre 29, 2012

CULPABLE DE NADA, DE JULIO PESINA


Julio Pesina ha contado muchas veces cómo llegó a la literatura un poco por casualidad, pero no es por casualidad la manera en que surgen novelas como Culpable de nada, un trabajo intimista que nos narra unas historias de amor y desamor que, como muchas historias de amor y desamor, acaban por fundirse en una sola historia de amor. Y entonces, con buen pulso narrativo, su autor descorre el visillo donde advertimos la palabra fin por medio de una invocación al mañana. Del futuro de sus personajes ya nada más sabremos, pero como sucede en toda ficción, tenemos la intuición de que sus vidas podrán ser breves y gloriosas.

La novela nos cuenta una historia común protagonizada por personajes comunes, pero hay que agradecerle a Pesina que proyecte sobre ellos toda la ternura, y la mordacidad, de la que es capaz la buena literatura. Aldo, un joven tan obsesionado por Mozart como por el fisioculturismo, es espiado secretamente por su vecina, Ogla, una mujer mayor que él que apenas resurge de una relación sentimental con un compañero de trabajo recién fallecido. Para entretener su asco y su desconsuelo de los hombres, pero también su necesidad, fantasea construyendo la personalidad de un marido imaginario del que sólo tiene su parte viril, representada en un dildo comprado en una tienda de artículos eróticos. Mientras crece su fantasía y la obsesión por el joven vecino, éste se reencuentra con una vieja compañera de escuela, una enana a quien todos llaman Mayoya convertida ahora en una fértil y cultivada prostituta que enfrenta con cinismo y cierta sabiduría su oficio. Los pasajes donde Mayoya da rienda suelta a sus opiniones de la vida y su sabiduría son sencillamente fascinantes. Como es natural, las encendidas fantasías de Ogla y la caliente relación de Aldo y Mayoya acabarán por converger en el encuentro entre Ogla y Aldo. La consolidada novela de Pesina evoca la idea de que aquellas personas invisibles que nos sueñan secretamente pueden acabar por convertirse en determinantes dentro de nuestras vidas. En la novela Culpable de nada, los protagonistas hacen justicia al título al no ser responsables de sus pasiones, sino simplemente instrumentos de las mismas, pero por ello mismo, desde el amor hasta el crimen, Pesina los evoca y recrea con un cariño y humor muy convincentes.

Aldo y Ogla son los protagonistas de esta obra llena de espejos donde todo es dual: dos partes, capítulos casi alternativos siempre dedicados a uno u otro personaje hasta que éstos convergen en una experiencia común. Cada una de las partes viene introducida por unas evocaciones de la vida y muerte de Mozart, pues el personaje del compositor genial adquiere una importante carga simbólica dentro de la obra, hasta el punto de que será su música la que se convierta en puente entre las dos vidas separadas por una calle. De la misma manera, los personajes secundarios refuerzan la trágica soledad de Aldo y Ogla, personalidades recelosas y soñadoras condenadas a sobrevivir a las experiencias que condujeron sus vidas a la soledad. Una soledad, como se verá al final, donde cada roto encuentra su descosido.

De todos los valores que implican Culpable de nada con el que más me quedo es con su notable valor escritural. Pesina no chabacanea la lengua, no la cambalachea por un naturalismo arquetípico y ramplón. Se trata de un libro muy bien escrito, donde las frases tienen la textura adecuada para expresar los pensamientos de su autor, pero donde tampoco se incurre en una estereotipada concepción poética de la realidad. No me refiero a una prosa poética almibarada o afectada, sino a una labor de carpintería narrativa donde cada párrafo, y dentro de cada párrafo cada frase, tienen la característica de un cepillado lingüístico innegable.

Al final de la novela, Pesina evoca con agradecimiento los muchos préstamos que se ha visto obligado a tomar de otros autores para poner en boca de sus personajes conocimientos que en caso contrario no tendría. Imagino que es aquí donde Pesina, que es ante todo un lector agradecido, nos convoca al placer de compartir con él sus lecturas. Es un recurso poco común en la novela general, incluso en la novela histórica, la de reconocer deudas con la tradición lectora personal, pero dice mucho de la honradez como escritor de Julio Pesina. Esta honradez se nota fácilmente en todas sus páginas.

Culpable de nada es una obra optimista, quiero creer, pero no ingenua. Pesina sabe que aquellos, a quienes aman los dioses, mueren jóvenes. También los amores, quizá turbulentos y caprichosos, que los dioses aman mueren jóvenes. Como la luna llena que cierra esta novela. Como el mismo amor de verdad, aquel Eros o Cupido que también era dios. Por eso Teophilus, cuarto nombre de Mozart, quiere decir Amadeus o amor a dios, como evoca Aldo casi al final del libro, porque todo acto de creación verdadera debe ser un acto de verdadero amor. Breve, bello y quizá perecedero.

 Julio Pesina, Culpable de nada. Conaculta. México, 2008. [Fondo Editorial Tierra Adentro, 363].

domingo, septiembre 30, 2012

TEXTO SOBRE TERRITORIOS IMPUNES, DE ALFREDO ESPINOSA

El texto que leí durante la presentación de Territorios impunes, de Alfredo Espinosa, fue publicado el domingo anterior por el Diario de Chihuahua. Clicando aquí. 

viernes, septiembre 21, 2012

CORDIALMENTE INVITADOS: PRESENTACIÓN DE GROTEXTO

Grotexto es una revista juvenil porque es impulsada y confeccionada por gente joven, aunque haya algún fósil como yo publicando en sus páginas como invitado. Debemos apoyar a los jóvenes que tienen algo que contar y tienen el arrojo de querer hacerlo y sacar adelante su proyecto. Mañana presentamos el número 2. Quedan todos cordialmente invitados. 

jueves, septiembre 20, 2012

LA FRONTERA QUE VINO DEL NORTE, DE CARLOS GONZÁLEZ HERRERA


La frontera entre México y Estados Unidos, esa realidad compleja y abstracta que algunos han llamado Mexamérica, vuelve a ser hoy una herida abierta que supura todo el pus de la nación mexicana. Y como el título de este libro apunta con el dedo a los vecinos del norte, acusándoles de cómplices o demiurgos en la sombra de esta realidad fronteriza, debemos reconocer que la frontera también supura a ambos lados de la línea el pus de la nación caput mundi[1].

La frontera que vino del norte no es un libro sobre esta llaga abierta de hoy mismo, pero no cabe duda de que presenta el escenario en que se desarrolla hoy la vida económica, cultural y política de una región en constante derramamiento de sangre. No es un libro sobre las ciudades fronterizas, sino una obra sobre la reflexión política, cultural y económica que subyace bajo la vida diaria de esta enorme franja de tierra que obliga a los dos países a fingir relaciones de buena vecindad.

La frontera, como bien señala González Herrera, va mucho más allá de una división política llevada a cabo mediante una línea imaginaria[2], sino que es un territorio de frontera cultural y moral que se construye día a día por medio de un proceso de ósmosis. Desde este punto de vista, sus vínculos son más profundos de lo que a simple vista podría entenderse, ya que, al contrario de lo que sucede en otras fronteras del mundo, ambos países son representantes de la civilización occidental y ambas fueron construidas sobre hondas raíces religiosas (protestante la una, contrarreformista la otra) cuyos pilares ideológicos se hunden hasta el fondo de unas raíces grecolatinas comunes. La frontera, nos recuerda González Herrera citando a Turner, se construyó a la par que se construía un espacio mítico magnificado por la cultura popular del siglo XX (la conquista del oeste), que, como no podía ser menos, banalizó aquel teatro de operaciones reduciendo al mínimo las consecuencias que tuvo para los indios nativos y los vecinos del sur. La llamada épica del western (que tuvo sus grandes “cantores de baladas” en la literatura y sobre todo en el cine) creó también una serie de paradigmas y estereotipos que viajan en el tiempo hasta hoy mismo, donde en palabras de González Herrera se creó “la invención de un territorio virgen y vacío colonizado gracias al arrojo, el espíritu pionero y la visión de futuro de hombres blancos” (p. 30). Quiero enfatizar aquí los adjetivos “virgen y vacío”, ya que, desgraciadamente, vuelven a aflorar en las conclusiones de este libro iluminador, pero ahora, como conceptos atribuibles a la visión del centro de México con respecto a la frontera: “El carácter periférico y marginal que se le ha dado a la región en el proyecto de construcción nacional, desde el siglo XIX, ha promovido la imagen de espacio vacío y donde todo, o casi todo, se vale” (p. 258). Periférico. Marginal. Vacío. Salvaje. La conclusión parcial sólo puede ser una: la frontera sigue siendo, en el imaginario colectivo de mexicanos y estadounidenses, un territorio mítico que, como tal, sigue gozando de buena salud, ya que la cultura popular sigue insistiendo en el carácter sórdido y peligroso de la vida en esta frontera. Es decir: que la border deja de ser border para transformarse en frontier; la línea imaginaria deja de ser una frontera física para transformarse en teatro de exploraciones del alma humana en territorios sin ley donde todo es posible. González Herrera desarrolla muy bien la diferencia entre ambos vocablos en el primer capítulo de su libro (pp. 29-41).

La frontera que vino del norte vino del norte porque así quedó marcada para siempre a partir del tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), en que México perdió dos millones de kilómetros cuadrados. Yo, a manera de juego, completaría el significado del título indicando que esa pérdida territorial y su consecuente frontera impuesta vinieron a estrellarse contra la frontera que vino, no del sur, sino del centro, ese México centrípeto que, todavía hoy, recuerda tanto al viejo Saturno mientras devora a sus hijos. Hay que agradecerle a González Herrera el recordarnos que no toda la culpa de los problemas de la frontera se deben al vecino del norte, abusador y poderoso, sino también al desinterés y absoluto desprecio que desde siempre ha existido en el centro de México por sus regiones fronterizas. El cogollito cultural de los habitantes del Sur, donde se funden las tradiciones locales y herencias precolombinas con la herencia española, ha creado también una mentalidad hasta cierto punto nativista y eugenista en México no sólo atribuible a los estadounidenses, sino también a los propios mexicanos, que miran hacia el norte con desprecio como si éste no fuera nada de ellos ni su destino económico y social responsabilidad directa de los gobernantes de la nación. Este nativismo, este eugenismo, este racismo sin signos de interrogación, es analizado en la ideología estadounidense por González Herrera en el capítulo 3 de su libro (pp. 57-64), y el buen lector sabrá ver en qué medida estas teorías también han tenido mucha prosperidad en un país como México donde, desde el centro, se ningunea la personalidad del norte que ha logrado una simbiosis especial con la cultura norteamericana a la que, en buena medida, han contribuido la nefasta centralización del país y el desinterés por su frontera norte.

La construcción de la frontera como espacio mítico en el imaginario colectivo global goza de buena salud, y quien lea este valioso libro encontrará muchas de las claves que hoy torturan a una región abandonada por todos a su destino. La obra de González Herrera, profunda y amena a la par, es una valiosa aportación donde se hace un repaso no tanto de la historia de la frontera, sino de la historia de la percepción de la frontera en ambos lados de la cicatriz divisoria. Sólo hubiera deseado que su autor hubiese abordado el tema de la industria maquiladora, una fuente laboral de gran importancia para toda la zona, que generó una cantidad de riqueza de la que estas ciudades nunca se beneficiaron y que no supo traducirse en más cultura y mejores condiciones de vida permanentes para sus habitantes. Las consecuencias de la frontera que no sólo vino del sur, sino que vampiriza el centro, están hoy día en la primera plana de todos los periódicos del planeta. Y en cómics, novelas, películas que gozan de amplia fama y distribución internacional proporcionando una imagen de la frontera como espacio mítico del que los principales responsables políticos harían bien en avergonzarse. Si tuvieran vergüenza.

González Herrera, Carlos, La frontera que vino del norte. Taurus/Colegio de Chihuahua. México, 2008.

Reseña publicada en Archipiélago, número 66, p. 16. Archipiélago A.C./UNAM, octubre-diciembre 2009.




[1] “El territorio fronterizo sigue siendo, en más de un sentido, el espacio que nos separa del vecino poderoso y abusivo”, p. 258.
[2] “La legislación migratoria de Estados Unidos fue pensada en los puertos marítimos y no en la frontera de México, cuyos límites son fundamentalmente imaginarios” (Cita de F.W. Berkshire, Inspector de inmigración en El Paso, p. 85).

martes, septiembre 18, 2012

PASO DEL RÍO GRANDE DEL NORTE 11

Presentamos el 11 este jueves en el Bump´s. Hablará doña Maquila. Cordialmente olvidados, you know. Paso del Río Grande del Norte número 11. ¡Pídalo a su voceador!