viernes, noviembre 03, 2017

THE SANDMAN: VIDAS BREVES

No tengo una colección completa de The Sandman. Una tercera parte la conservo en España. Me refiero a los cuadernos que Zinco publicó en su día, entre 1991 y 1993, que todos leímos con alborozo de estar descubriendo un mesías: Neil Gaiman. Los primeros números aparecieron en una serie colectiva, Universo DC, y los demás en su propia cabecera, pero duró 19 ejemplares. Recuerdo que en mi primer viaje al continente americano, en una librería especializada de Nueva York, adquirí el TP Fables y Reflections. Fue uno de los primeros tebeos que leí completamente en inglés, junto con el Maus de Spiegelman. Por estos andurriales lo he contado.


Muchos años más tarde adquirí los dos primeros tomos Absolute publicados en Gringolandia, y de un plumazo me hice con la mitad de la colección que ya tenía casi completa en Zinco. Ya se sabe que los Absolute son una maravilla: tamaño grande, excelente encuadernación, papel de la máxima calidad y muchos extras (pin-ups, guiones originales a máquina, bocetos, entrevistas, facturas de lavandería...) que hacen del viejo tebeo de toda la vida un libro de arte de lujo. Lo cierto es que los Absolute son un coñazo de leer, pesan un huevo y son incómodos de manejar por aquellos que tenemos la costumbre de leer acostados. Pero lo peor no es eso. Para mí, lo peor, es que aunque Sandman hoy sea una serie de culto, no fue concebida para serlo. La mayor parte de los dibujos, sin ser malos, chirrían en un formato más grande y se les notan aquellas limitaciones y defectos que podían pasar de puntillas en el formato comic-book de toda la vida. No fueron dibujados para ser contemplados como quien mira los dibujos a tamaño original de Alex Raymond, Harold Foster, Will Eisner o Milton Caniff. The Sandman es mucho más una serie de guionista que una serie de dibujo. Si leer a Harold Foster reducido es un problema, leer The Sandman en tamaño grande es un problema. Al primero le falta espacio, al segundo le sobra.
Fui comprando algunos en versiones españolas y norteamericanas sin completar ninguna colección. Una de las primeras series que descargué de La Mula de Alejandría, antes de que existiera el iPad, fue The Sandman, pero lo hice con afán coleccionista, no para leerla. Tengo la serie completa, claro, en papel, pero no es una colección: es un "totum revolutum" de ediciones muy diferentes, amputadas y separadas por diez mil kilómetros de distancia. Recientemente, en México se ha editado todo Sandman en volúmenes de lujo, no precisamente en tamaño comic-book sino un poco más grande. Tampoco el tamaño Absolute, que es una coña marinera. El tamaño ideal: sólo un poco más grande, en tapa dura, papel bueno. No he comparado la traducción con la versión original inglesa (ni ganas, ni tiempo), pero no me molestan los modismos del mexicano. No necesito la traducción de Barcelona (bueno, en catalán sí la compraría, porque el catalán es una lengua hermosa que todo en ella suena lindo: hasta las sandeces de Puigdemont).
Empecé a comprar el Sandman mexicano donde lo dejé en la edición Absolute: Vidas breves. Zinco nunca lo editó en España, así que fue mi primera lectura. Imagina que de jovencito eres fan total de una obra, serie  de televisión o cómic, que de pronto te es prohibida (Zinco canceló la serie) y por esas cosa de la vida sólo puedes completar la lectura veinte años después. Más o menos esa ha sido mi experiencia, por más que haya tenido mil oportunidades de completar la lectura de la obra durante estos pasados veinte años. En fin, pues no hubo tiempo porque no hubo ganas. Las cosas como son, chimpum chimpón. 
Vidas breves fue seriada entre los números 41-49 de The Sandman y toda la parte gráfica corrió a cargo de Jill Thompson, quien realizó un trabajo profesional y efectivo. Abandonado por un amor de quien nada sabemos, Morfeo emprende un viaje con su hermana Delirio en busca de Destrucción, el hermano desaparecido. Así pues, tenemos un relato de viaje con misión donde la diferencia de personalidad entre Morfeo y Delirio se convierte en los rasgos más destacados del periplo, un viaje en que no faltan comparecencias como la de Muerte, la más famosa y carismática hermana de Morfeo y protagonista de sus propias historias fuera del ciclo. Asistiremos, incluso, al silencio definitivo de la cabeza cantora de Orfeo, quien protagonizó uno de los más enternecedores episodios de The Sandman, el Especial 1: La canción de Orfeo. 
Mis primeros textos críticos aparecieron en el número 20 de la revista Krazy Cómics, de Editorial Complot, que dirigía Joan Navarro. Quizá algún día los cuelgue por aquí. Coordinaba en aquel tiempo la revista el malogrado Tino Regueira (quien en aquellos tiempos firmaba Reguera), prematuramente fallecido, cuya temprana muerte lamento mucho. En 1994 apareció el volumen Un año de tebeos 1993 que publicó una naciente Glénat España, dirigida también por Joan Navarro. Fue la primera vez que cobré por escribir,y esto se lo agradeceré siempre a Tino Reguera. La primera vez que anduve en Barcelona con Elpidia, a finales de agosto de 1994, quedé a tomar unas cañas con él. Fue la única vez que le vi en mi vida, aunque antes habíamos hablado por teléfono. Llegó cargando una mochila, recién salido del gimnasio, y me pareció un hombre brillante, afable y profundamente enamorado de las historietas. Hablando de nuestra pasión común, le comenté mi entusiasmo por The Sandman, y él sólo comentó con cierto retintín de hermano mayor: "Para mí, Neil Gaiman sólo es un escritor con una biblioteca muy grande". Todavía me sonrío al recordar esas palabras: Tino tenía razón.
Muchos escritores de tebeos son dueños de grandes bibliotecas. Recuerdo un chiste que Stan Lee hizo dibujar a Steve Ditko en una historieta de Spider-Man. Se veía a Ditko gritar a Lee: "¡Este argumento es una mierda, Stan!", y Stan Lee replicaba: "¿Cómo que una mierda? ¡Lo copié del mejor clásico que tenía a mano!". Creo que Neil Gaiman no sólo tenía, y tiene, una gran biblioteca, sino que en The Sandman supo crear una mitología propia a partir de distintas mitologías modernas y antiguas, y le salió muy bien. Algunos dicen que es autor de una sola obra: The Sandman, porque todo lo demás, ni antes ni después, estuvo a la altura. No lo sé porque no he leído mucho más de Gaiman, salvo Sandman. Sólo diré para acabar que, en su día, la lectura de Marvel 1602 no me resultó especialmente atractiva, a pesar del curioso planteamiento: super héroes en el siglo XVII.

domingo, septiembre 17, 2017

SKY MASTERS, DE JACK KIRBY Y WALLY WOOD

Me congratulo con la noticia de que al fin aparece en España el tomo 3, largamente esperado, de Sky Masters, la tira diaria que firmaron entre 1958 y 1961 dos grandes de la historieta: Jack "el Rey" Kirby y Wally "Woody" Wood. Sale al mercado nueve años después de que Glénat España publicara los dos tomos de las tiras diarias, restauradas con primor por Ferrán Delgado, y nos dejara con las ganas del tomo 3, enteramente dedicado a las planchas dominicales. Precisamente ahora, en Gringolandia, se ha publicado de nuevo la tira diaria en un solo tomo, y espero que pronto podamos tener en nuestras manos la versión original de las sundays. Mi bolsillo me pide comprarlo en inglés, qué quieren que les diga. Y es que uno ya no está para euros, y cada vez menos, sobre todo teniendo en cuenta que los gastos de envío al extranjero por libro son de 20 luros. Sin llorar: a aprender idiomas, ¡con un par de huevos! 
Muy justamente aparece ahora este volumen de dominicales, pues en las pasadas semanas leí los tomos 1 y 2 de Glénat. Una serie magnífica, sin duda, un enfoque realista a la ciencia-ficción dentro de las coordenadas de la época y la previsión de lo que serían avances futuros en el terreno científico. Lejos de la space-opera tan bien representada por Flash Gordon (que en aquellos años dibujaban Dan Barry y equipo), Sky Masters pretende un enfoque certero de la vida de estos supuestos amos del cielo (en realidad, Sky Masters es el nombre del protagonista) y un desarrollo realista de los conflictos con los que una incipiente carrera espacial se puede enfrentar. Sorprende gratamente que una de las aventuras se posicione sobre la importancia de la ecología: conocer el pronóstico de huracanes puede servir para lucrar con los efectos destructivos que éstos causarán en la población. Sin duda, la doctrina del shock de Naomi Klein ya era vislumbrada por estos visionarios en época tan temprana como el año 1960. ¡Excelsior!
Siempre me ha gustado mucho Kirby, y no es para menos. Fíjense en las dos tiras que están sobre estas líneas, con esos maravillosos juegos de perspectiva que a Kirby tanto gustaban. Se desvivió por llevar esa inquietud a la tira diaria, y en eso tuvo cierto perfil revolucionario. Desde que era chinorri adoro a Kirby, sobre todo por La Patrulla X y Thor. Las Crónicas de Asgard son la repera limonera. Cometí el error de considerar los únicos X-Men los de Kirby, cuando la revolución Claremont ya era un hecho consumado. Enmendé mi posición a los veinte años de edad. Durante mi niñez descubrí y compré durante unas vacaciones veraniegas en Benidorm los cómics de Captain Victory, que me fascinaron. En aquellos años era muy difícil conseguir en España comic-books originales de Estados Unidos, y aquellos del Capitán Victory eran reales, verdaderos comic-books llegados de allende los mares: los colores fotomecánicos, llenos de tramas de puntos, la textura del papel barato y poroso, la páginas de publicidad de chorradas, el olor embriagador de las tintas... Hoy día, que todo puede comprarse con el pellizco de un click, es imposible comprender la emoción que podía embargar a un niño de aquellos tiempos al tener entre las manos verdaderos cómics de Jack Kirby.  En cuanto a Wally Wood, mi descubrimiento vino mucho después, de la mano de los editores de la revista Totem, en aquellos especiales USA que presentaban las aventuras de Sally Forth, un cómic erótico creado para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Sally estimulaba mi imaginación en aquella edad pre-adolescente. 
Sinceramente, nunca había oído hablar de una colaboración entre los dos genios. Por lo que cuenta la introducción de Glénat, la mayor parte de la gente tampoco. Durante décadas la serie, cancelada tras una breve trayectoria (del 8 de septiembre de 1958 a 25 de febrero de 1961), permaneció en el limbo. Una de las cosas buenas del presente siglo es que, sin dejar de reeditar las grandes obras de toda la vida, poco a poco repesca joyas olvidadas, muchas de ellas desconocidas. Algunos blogs le dan al pico y la pala que da gusto, y esos dan la voz de alerta. Y también se publican en hermosos volúmenes. Al principio la fusión entre lápices de Kirby y tintas de Wally dio como resultados una obra de calidad impresionante. Vean las imágenes superiores y comprueben cómo el entintado dramático de Wood concede una enorme fuerza al dibujo de Kirby. No hay detalles dejados al azar, casi no hay fondos blancos.  La viñeta están rellenas de líneas y sombras, el dibujo es pletórico de fuerza, casi parece gritar como el personaje de la tira #21. Si a esto unimos unas historias bien hilvanadas, con personajes secundarios interesantes como Mayday Shannon (imágenes inmediatamente superiores) y el cuidadísimo retrato costumbrista de la vida cotidiana (vean, si no, la magnífica viñeta 1 del café en la tira 181), pues tenemos una obra magnífica, llena de emoción, acción e intriga donde los detalles de la vida normal y corriente ubican perfectamente las tramas en un contexto histórico concreto y dentro de una realidad social: la del Estados Unidos de la Guerra Fría.  
Algunos se preguntan por qué Wood aceptó entintar esta serie, si ya era una gran estrella. Había pasado con gloria por los comics de EC, por la revista Mad, se ganaba muy bien la vida como  ilustrador comercial. Ya era una estrella del medio y Kirby todavía no. ¿Amistad? ¿Deudas de juego? ¿Intercambio de esposas? Quién sabe. El caso es que cuando Woody abandona las tintas, tras la tira 264, la serie experimenta un corrimiento de tierras. Al principio,es verdad, le sustituye con garbo y buen hacer Dick Ayers, quien se convertiría en uno de los entintadores favoritos de Kirby y trabajaría mucho con él en Marvel, pero poco a poco la serie empieza a marchar cuesta abajo. Las tiras que presento a continuación (390 y 391) con entintado de Ayers, todavía dan fe del buen trabajo del tandem. La gestualidad de algunos personajes, como Alfie o el doctor Strickland, no resulta tan hierática como en los dibujos con acabado de Wood. Presagian el genio efervescente que pronto se desarrollaría en los cómics Marvel. Hay que reconocer que Ayers sabía cómo entintar al maestro.

Sin embargo, la serie no funcionó bien en la prensa de Estados Unidos y el Olimpo del cómic se cerró para Jack Kirby y Wally Wood después de haberles abierto las puertas. Hay que recordar que, en aquellos tiempos, los mejores artistas y las mejores obras del cómic se publicaban en los periódicos. Los comic-books, que tanto hemos disfrutado y disfrutamos, pertenecían al género menor del noveno arte. Lo cierto es que, hasta los años 60, con la revolución que empezaron Stan Lee y el propio Jack Kirby en Marvel, los comic-books publicaban un material francamente deficitario en términos artísticos y escriturales (salvo excepciones muy notorias, como EC Comics, y otros eventuales destellos de genio). En mi opinión lo que llaman la Edad de Oro de los superhéroes tiene muy poco de oro y la mayor parte es quincalla (salvo excepciones, etc.). Así que, poco a poco, pues Kirby, Ayers y compañía fueron mirando hacia otros horizontes, en los que, como sabemos, hicieron Arte con mayúsculas (ejem, también con minúsculas) e hicieron Historia. Y cómo gozamos con ellos en Marvel. Y poco a poco, se fueron desinteresando de Sky Masters, y la cosa fue de mal en peor, hasta que la serie dejó de tener un nivel que la hiciera atractiva. Para muestra, estas dos tiras de abajo entintadas por Roz Kirby. Si las comparan con las de arriba, con Woody como calamar, hay un abismo de diferencia. 
Para cerrar, queda la recomendación de comprar el tomo de dominicales de Sky Masters y buscar, si es que no los tienen ya, los dos tomos de lujo que Glénat publicó en su día. Como Glénat se desintegró por la maléfica influencia de la atmósfera económica neoliberal, estos dos libros sólo pueden hoy hallarse en mercadillos, botaderos y segundas de librería especializada; si son ustedes medio piratas, también los pueden hallar en La Mula de Alejandría, pero merece la pena tenerlos en papel, sobre todo por la edición de lujo que fue, con aquel mimo que a todo lo que publicaba le ponía Joan Navarro. Dicho lo dicho, nos vemos en el tomo 3 de Sky Masters, bien recién publicado por Ferrán Delgado, restaurador amoroso, bien en la versión original usaca. Prosit!

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Actualización: En los comentarios, Ferrán Delgado, restaurador español de la serie, nos da importante información puntual sobre la edición de Hermes Press, que es pirata de la de Glénat, y las fechas de aparición del tomo 3 con las dominicales en España: "El libro de Hermess Press que recopilará las tiras diarias en USA dentro de poco es una edición pirata que escanea la edición de Glénat, así que la calidad de reproducción será inferior. La edición USA de mi libro aparecerá en enero a través de Amigo Comics, mientras que la edición española llegará a las librerías a mediados de noviembre. Si alguien quiere comprar copias con antelación, que escriba a: correo@revistaplot.es". Pues informados quedan, queridos y queridas. 

sábado, septiembre 09, 2017

RIP KIRBY

Con mucho retraso he leído los tomos 11 y 12 que en su día sacó Planeta DeAgostini de Rip Kirby, aquella obra maestra que comenzó a dibujar Alex Raymond hasta su triste fallecimiento en accidente automovilístico donde le acompañaba el también dibujante Stan Drake, creador gráfico de la serie The Heart of Juliette Jones (y no Harold Foster, como puede leerse por ahí). Desde pequeñajo he lamentado la temprana muerte de Raymond, quien falleció con solo 46 años (que en mi infancia se me hacían un montón de años; ahora rebaso en tres aquella edad y me parece, como es natural, que Alex murió muy joven). Desde pequeño fui un devoto de Flash Gordon, y un interesado lector de Jungle Jim y de Secret Agent X-9, series en las que también Raymond dejó su impronta. Me acuerdo de haberme gastado un pastón en el X-9 de B.O que publicaron con viñetas ampliadísimas. A Rip Kirby lo descubrí pronto, por un retapado de Burulán que publicaba algo de Mangler el Triturador, malo  malísimo de la primera etapa de la serie. Lo malo de Burulán (que siempre se presentó como editorial de lujo) era el remontaje de las tiras, la amplificación de viñetas y los colores horribles. Luego leí las historietas que publicaba la revista Chito en especiales en blanco y negro. Con mayor humildad, en blanco y negro, Rip Kirby me acabó gustando mucho. 

Como es bien sabido, a Raymond le sucedió John Prentice, excelente dibujante, mas no genio del pincel y la pluma. Sin querer demeritar a Prentice, cuyas muestras acompañan esta entrada, hay que decir que su mayor virtud y mayor defecto fue el ser más Alex Raymond que Alex Raymond. Un lector poco advertido, escasamente detallista, nunca podría darse cuenta de que el dibujante original había sido sustituido por otro. Sin embargo, el genial imitador que fue Prentice, maravilloso y versátil dibujante que procedía del comic-book, nunca evolucionó en su estilo. ¡Ah-migo! Si algo tenía Alex Raymond desde que la primera página de Flash Gordon a la última tira de Rip Kirby es que fue pasando por muchas fases, registros y estilos.  Alex Raymond siempre fue muchos Alex Raymond, pero John Prentice siempre fue un imitador superdotado de un Alex Raymond meticulosamente reproducido.
Esta circunstancia, lejos de ser un defecto, es un goce visual. Los guiones de las historias del detective cuatro-ojos de Nueva York correspondieron al principio a Ward Green, y más tarde a Fred Dickenson. Este último perdió con respecto al primero la turbiedad de algunas tramas y personajes, y se esforzó por escribir unas historias más para toda la familia, llenas de humor, peripecia y mujeres hermosas, una mezcla de novela enigma, novela negra y costumbrismo. Los lectores de los períodicos usacas de los años 50 y 60 se encontraban, día tras día, con una serie exquisitamente dibujada que daba gusto mirar, llena de detalles en los que poder recrearse. Por ejemplo, lean las tres tiras que he colocado bajo el primer párrafo, cómo Dickenson y Prentice nos introduce poco a poco en el misterio de la búsqueda de una señorita que se esconde del mundo. Hasta que nos damos cuenta, parece que el tío Rip anda buscando con quién ligar (lo cual nunca busca, pero siempre encuentra).
¡Gozosa ha sido la lectura de estos dos tomos, por Baco! Hay aventuras un poco marcianas. Por ejemplo, una donde Dickenson y Prentice embarcan a Rip Kirby y al bueno de Desmond, su mayordomo regenerado que en otro tiempo fue carterista, en una historia de ciencia ficción que transcurre en Nueva Atlántida, un mundo paralelo que retrata una Atlántida futurista. Son las imágenes que pueden ver sobre estas líneas. Toda la historia tiene un aire gagá heredado de Alex Raymond, pero también de Al Williamson, que fue, como Prentice en Rip Kirby, el más digno y aventajado emulador del trazo raymondiano en la célebre space-opera.  Uno diría que esas tiras están dibujadas por Williamson. 
Las historias son estupendas, aunque poco tienen que ver con el amargo género negro que nos gusta a algunos. Otra historia un poco ñoña, solventada gracias al  talento narrativo de Dickenson y al visual de Prentice es La corona robada, donde las ñoñas hermanitas Mumu y Tutu Amour compiten por la corona de de un baile de beneficiencia. Rip Kirby fue una serie llena de glamour, humor, intriga y aventuras; por no hablar de chicas estilizadas como Toledo Steel, Marva, Gladis Gibson o Anne Linten. Buenos e inteligentes diálogos, y la prodigiosa documentación fotográfica de Prentice para crear personajes de una pieza, que no se repiten de aventura en aventura, sino que son únicos en esta saga que, tras la muerte de Raymond, consiguió seguir manteniendo un elevadísimo nivel gráfico y literario. El tomo 12 fue el último publicado en España. Afortunadamente para los que leemos inglés, la excelente edición de IDW está reeditando Rip Kirby desde la primera tira de Raymond y acabo de comprar el tomo que publica las aventuras de este detective justo donde lo dejó Planeta DeAgostini. Ya lo tengo en mis manos: un volumen de tapa dura, excelente papel y muy buena reproducción a buen tamaño. Estoy pensando muy seriamente volver a comprar en esta edición toda la etapa de Alex Raymond. Ya veremos.