Os comparto la reseña de No habrá Dios cuando despertemos aparecida el pasado jueves en el suplemento El Cultural del diario de Madrid, El Mundo. Escrita por Ernesto Calabuig. Clicando aquí.
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jueves, septiembre 15, 2016
viernes, septiembre 02, 2016
RESEÑA DE NO HABRÁ DIOS CUANDO DESPERTEMOS EN EL BLOG FUTURO PASADO
Aunque la compartí en redes sociales, no había enlazado esta reseña de No habrá Dios cuando despertemos que se puede leer en el blog Futuro pasado del amigo Carlos Álvarez. ¡Gracias por leerme, Carlos, y por tus generosas palabras! La puedes leer clicando aquí.
RESEÑA DE NO HABRÁ DIOS CUANDO DESPERTEMOS EN LIBROS DE CÍBOLA
Nueva reseña de No habrá Dios cuando despertemos en el blog español Libros de Cíbola. Gracias por leerme y compartir vuestra opinión.
miércoles, febrero 04, 2015
NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE EN FERIA DEL LIBRO 2013
Una pequeña crónica de la presentación de Nuestra Señora de la Sangre en la Feria del Libro de Ciudad Juárez (2013). Yo, ejerciendo el cetro de un botellín de agua. A mi izquierda, JJAboytia. A mi derecha, Elpidia García, aka Doña Maquila, y Agustín García. En Rancho Las Voces, clicando aquí.
NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE. RESEÑA DE RICARDO LEÓN
Esta reseña apareció en el número 16 de la revista Paso del Río Grande del Norte (Invierno de 2013). Les adjunto también portada y páginas interiores con la misma reseña.
Ricardo Vigueras. Nuestra Señora de la Sangre. Instituto Chihuahuense de la Cultura,
Chihuahua, 2013, isbn
978-607-7788-92-8
Ricardo León García
Como si fuese cosa de juego, se toman
vidas al momento en que lo desean. Deciden qué hacer o qué no hacer con tales y
cuales personas. Puntaloba es como la boca del lobo, el lugar donde, de existir
el diablo, seguramente ahí habitaría, como en cualquier parte de este mundo,
sólo que ésta posee un halo de encanto para las diabluras, que no puedo
explicarlo del todo.
Sin
embargo, el Estado puntalobés debe garantizar la seguridad de todos los
ciudadanos de esa isla en el Golfo de México. Cualquier nación que se precie de
navegar en la modernidad comparte la conciencia de la libertad, la igualdad y
la fraternidad. Las instituciones existen para garantizar esos principios, pues
sus misiones y visiones así lo han determinado, gracias siempre a la planeación
y programación que toda democracia realiza con la finalidad de aportar todo lo
mejor a fin de que la ciudadanía viva en completo estado de felicidad. La
ciencia y la tecnología permanecen, siempre, al servicio y salvaguarda de las
garantías sociales e individuales. Quien dude lo anterior, seguramente podrá
ser un emisario del pasado o agorero del desastre, pero jamás llegará a ser
funcionario de Puntaloba, mucho menos policía.
Ricardo
nos transporta en 270 páginas a esa ínsula que para fortuna de la especie
humana, existe tan solo en la imaginación pues la realidad no puede ser así
como nos la pinta Vigueras. En ese recorrido, nuestro autor teje tres historias
(“Todo lo marchita el tiempo poderoso”, “No hay más sueños para Sonia” y “El
primer vals”), cuya trama es atravesada y conducida por una estirpe zoológica
que le da unidad a esta novela policiaca de alto contenido etnográfico. Y debo
aclarar que el carácter etnográfico no está dado solamente por el halago
descriptivo, sino que va anudado por una ácida y sutil crítica a las formas
sociales adquiridas, asumidas, practicadas y reproducidas una y otra vez por
los personajes surgidos de la inventio del escritor.
El
diablo se le ha metido a la gente de Noche de Nuestra Señora y de todo
Puntaloba y, a pesar de ello, la vida sigue. La vida camina entre los muertos y
los desaparecidos, entre esos hilos de corrupción y de insensatez que ahogan a
esta imaginaria nación isleña.
Los personajes planteados por Vigueras
en Nuestra Señora de la Sangre parecen salidos de alguna película de
Juan Orol, de algún cómic autocalificado de posmoderno, de la nota roja de
cualquier pasquín como los debe haber en algún lugar del planeta, del breve
segmento policiaco de algún noticiero televisivo o de una oficina gubernamental
de alta incidencia de atención a la ciudadanía en cualquier lugar entre Hanoi,
Bombay, Mogadishu, Luanda y Zacatecoluca.
Conociendo a Ricardo Vigueras, no me
sorprende la finura de la trama con la que ha tejido Nuestra Señora de la
Sangre. La delicia de su lenguaje literario va con su personalidad. Pero no
dejan de ser sorprendentes los desenlaces de cada una de las historias que se
van anudando de la primera a la última página. Al fin y al cabo, una novela no
da cuenta más que de la vida que han vivido y muerto hombres y mujeres en algún
lugar del mundo. Nuestra Señora de la Sangre, una novela concebida,
gestada, madurada y parida en Ciudad Juárez pronto debe convertirse en un libro
leído en cualquier parte del mundo. Una de sus virtudes radica precisamente en
el lenguaje universal. Cualquier lector que sepa español debe entender sin
mayor dificultad lo que ahí plasma don Ricardo. Desgraciadamente, no todos los
autores –no importa la lengua en la que escriben- tienen esta capacidad.
Y
es que el lenguaje y la historia navegan por la universalidad y abre las
posibilidades a nuestro autor para ser leído y aceptado en latitudes donde se
comprenda la magia de las negras situaciones tratadas en Nuestra Señora de la
Sangre. Lo que aquí se plasma, si bien nacido al fragor de la batalla
fronteriza entre México y los Estados Unidos, tiene la virtud de poder haber
sucedido en algún rincón de Puerto Príncipe, Kiev, Manila, Nápoles, Beirut,
Cádiz, Cabinda, Chicago, Manchester, Johanesburgo, Sao Paolo, Bombay o Damasco.
La única diferencia es que en varios de esos lugares no se habla el español con
la fluidez de Vigueras, ni llegan las publicaciones de la Colección Solar.
El
Zurdo Mendieta atacó de nuevo.
martes, febrero 03, 2015
NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE. RESEÑA DE JESÚS VARGAS VALDÉS
La
Fragua de los Tiempos, domingo 23 de febrero de 2014. N° 1044
Escritores
de Ciudad Juárez.
Jesús Vargas Valdés.
Con esta “Fragua” se cumple mi
compromiso de presentar los datos generales de las cinco novelas que se publicaron
el año pasado en ciudad Juárez; pero antes de presentar los libros de Chávez y
Vigueras, considero pertinente hacer algunos comentarios, empezando con dos
preguntas que me han estado rondando:
¿Cuántos
chihuahuenses se han enterado de la existencia de estos escritores?
¿Cuántos
chihuahuenses han leído alguna de las novelas?
Puedo
aventurarme a señalar que en la ciudad de Chihuahua no llegan a diez personas
que hayan leído las cinco novelas, y lo digo porque, al azar y de manera
espontánea, he preguntado a varias personas, amigos o conocidos que son asiduos
lectores o que están estrechamente vinculados a la literatura, y casi todos me
han respondido negativamente. Algunos me han asegurado que conocen a los
autores por trabajos anteriores, pero de estas novelas casi no se sabe nada.
Me
imagino que en Ciudad Juárez es diferente, pues allá los autores son
reconocidos, tienen muchos amigos, algunos son maestros o lo han sido; pero
además tengo la información de que las cinco novelas se han presentado y comentado
formalmente. Entonces debo partir del supuesto de que allá sí se han difundido
estos libros.
¿Por
qué en Chihuahua no son reconocidos?
Lamentablemente
en la capital del estado se desconoce a casi todos los escritores locales, no
solamente a los que he mencionado. Voy a intentar una explicación: para
empezar, ninguno de los medios de difusión: ni los diarios, ni las estaciones
de radio, mucho menos la televisión, se ocupa de las actividades culturales. Ya
lo he señalado en ocasiones anteriores, para estos comerciantes de la
“información” la actividad cultural no deja dinero, solo representa pérdidas en
todos los sentidos.
Pero
no es todo, tal pareciera que los profesores de literatura en los bachilleratos
no están enterados de que hay escritores y novelas chihuahuenses. Nadie se ha
preocupado por recomendarles a ellos
que busquen y lean lo más cercano. Me
consta que a los jóvenes se les encarga como tarea la lectura de autores extranjeros como Herman Hesse, Aldous
Huxley, y autores nacionales como Carlos Fuentes o Elena Poniatowska. Ahora que
murió José Emilio Pacheco se pusieron de moda sus libros emblemáticos: El
principio del placer y Las batallas en el desierto.
En
la Facultad de Filosofía de la UACH, los profesores tampoco se interesan por
los autores locales, y es que si ellos no empiezan por conocerlos será
imposible que se los comenten y encarguen a sus alumnos.
¿Qué
decir del ICHICULT y de su Feria del Libro anual?
El
panorama es muy adverso en la literatura regional, desgraciadamente todo está
en contra y tenemos que lamentarlo, porque libros se producen muchos cada año
pero no hay manera de cosechar y aprovechar el esfuerzo de los autores.
Ahora
sí.
Nuestra Señora de la Sangre.
Por Jesús Vargas Valdés.
Tres mujeres persiguiendo su destino:
las dos primeras buscando la manera
de cerrar heridas, recorriendo el
tiempo y la vida al revés en busca de uno de los eslabones perdidos de su vida.
La tercera, evadiéndose de la realidad en el momento de hacerse mujer, porque
no le había sabido cumplir a su padre, un magnate poderoso y respetado por la
autoridad.
Uno.-
La cierva altiva, hermosa cuarentona de nombre Enriqueta Saldívar, que hace un
gran salto por encima del mar, desde Calombra, ciudad fronteriza del norte de
México, hasta una isla del Caribe, donde
le han dicho que vive su padre, al que no ha visto nunca, joven guerrillero de
nombre Abdul, quien había huido de Calombra nueve meses antes de que ella
naciera.
Dos.-
Sonia Valera, bella morena amulatada, originaria de un rancho cercano a la gran
ciudad de su destino.
Obsesionada
por la mala suerte que le había dado el “tres” en la vida, llega desde las
alturas al final del último viaje que termina en un edificio azul donde hay
tres salas, con tres sillones cada una, y en la sala número tres se mira ella
misma, envuelta en un precioso vestido de novia que no recordaba haberse
puesto. Sobre el ataúd, una solitaria corona donde se había escrito: “Por la
paz eterna de Sonia Valera”; estaba muerta.
El verdadero viaje de Sonia había
empezado muchos años atrás, cuando sólo tenía unos meses de casada y su joven
marido la había golpeado, vilipendiado y proscrito del rancho, quedándose él
con la niña y advirtiéndole que solo podría recuperarla si regresaba con mucho
dinero.
Sonia
tenía entonces menos de veinte años, y el único rumbo que se le puso enfrente
después de los golpes fue el de Puntaloba, a donde llegó en condiciones
lamentables, empezando a trabajar por la comida, hasta que una mujer “piadosa”
le abrió las puertas de un prostíbulo disfrazado, cumpliéndose así la
premonición que desde tiempos lejanos la abuela le había repetido cada vez que
le preguntaba por la ciudad: “Niña, las que se marchan a la ciudad son todas
putas.”
Tres.-
Nictímene se pierde el mismo día en que había iniciado su reinado de mujer
burguesa. Desde los brazos complacientes y amorosos de su padre, uno de los
hombres más ricos, se había despedido de la niñez en la fiesta de sus quince
años. Esa noche se había mostrado esplendorosamente bella ante la sociedad más
burguesa de Nuestra Señora de la Sangre, y a nadie le hubiera pasado por la
mente que horas después desaparecería sin dejar huella.
El
capitán Adán Nebreida, Caballo Ciego, responsable de la policía y amigo
personal del padre de la muchacha, ordena a todos sus hombres que salgan a
buscar cualquier pista, advirtiéndoles que no quiere respuestas sino
resultados.
Al frente de la investigación queda el
agente Lucas Bauer, el Ratón, quien busca y logra llegar al mero jefe de jefes,
el conciliador de todas las mafias; y éste, a regañadientes, lo atiende
asegurándole que no hay secuestro ni acción de parte de la gente organizada.
Antes de llegar al encuentro de Nictímene,
el autor tiene la oportunidad de desplegar su imaginación para mostrar ante el
lector la forma de actuar de la policía cuando se trata de sacar información a
base de la tortura y, por otra parte, la forma en que las mafias controlan las
actividades prohibidas desde el lado oscuro de Nuestra Señora de la Sangre.
Cuando
pareciera que ya todo ha terminado, después de quedar resuelto el acertijo de
la desaparición de Nictímene, el autor se extiende en casi veinte páginas
más, hace un sesgo y nos conduce al otro
final de la historia: al infierno interior de un policía degradado en su
humanidad: Lucas Bauer, el Ratón, que había seguido el rumbo de cada una de las
tres historias y solo al final vamos a enterarnos por qué se le había asignado
una presencia tan importante, convirtiéndose por obra del autor, en el
personaje central de su novela.
Colofón.
A
las dos de la tarde del jueves 20 de febrero, pasé la última página de Nuestra
Señora de la Sangre cerrando en ese momento el ciclo de lectura que había
iniciado cuatro semanas antes y que me había llevado por los diversos
derroteros literarios que habían marcado estos cinco escritores de ciudad
Juárez.
La
experiencia de la lectura fue placentera, pero también provocadora. Al final ha
quedado muy en alto el nombre y la calidad de estos autores. Puedo asegurar que
el tramo que le espera a cada uno es largo, obviamente no termina aquí, cada
uno de ellos tiene mucho camino por andar y mucho que dar a las letras
regionales y nacionales.
Tengo
que reconocer que esta experiencia de lectura llegó inesperadamente, sin
buscarla. Primero fue el encuentro con Alejandro Páez en la Feria del Zócalo,
el mismo día y la misma hora en que él presentaba su libro: Música para perros
y nosotros, la biografía de Nellie Campobello. Después, por medio de Gerardo,
mi hijo, recibí el libro de César casi al mismo tiempo que Willivaldo me hacía
llegar el suyo. Durante varias semanas estos tres libros se quedaron encima de
mi mesa de trabajo, hasta que un día empecé a leer Juárez whiskey, para no
parar hasta terminar los tres y conseguir los otros dos.
Una
vez más, los escritores se han adelantado a la historia, rebasando al mismo
tiempo las ambigüedades del discurso oficial. Como ya lo había mencionado
antes, en la obra de César Silva y de Alejandro Páez no está muy presente la
tragedia de la guerra, sin embargo en ambas se respira ese ambiente de
desesperanza y pesimismo que dejaron esos años de abusos e infamias.
En
las otras tres es más explícita esta presencia y sus efectos sociales. Al final queda la sensación de que algo se está
desgranando, de que no todo es impunidad y oscuridad; queda la certeza de que
es posible, a través de la literatura, desentrañar los misterios, de curar las
heridas sociales y poner a cada quien en su lugar.
La
secuela del policía Lucas Bauer, nos enseña el interior de estos personajes
turbios que hacen del horror y el terror su oficio. No está descubriéndonos el
Ratón nada de lo que no se haya hablado o escrito, pero la forma en que se
presenta conduce a pensar que es verdad. Una vez más se comprueba que donde
termina la realidad empieza la fantasía, y en este caso también es una forma de
saber.
Moncada
es el más alto en el concilio, el jefe de jefes, el conciliador. Su pasado es
terrible: el más despiadado entre los asesinos, pero cuando acude a la cita con
el Ratón, en uno de los Mc Donald´s de
El Paso, lo hace con su pequeña nietecita de la mano. Allí le explica al
policía que la muchacha no ha sido secuestrada por ninguna de las bandas que
participan en el concilio, y ahí están todos:
Cuando
algún pendejo quiere subirse al carro sin pasar por el concilio, lo
empapelamos. Los espontáneos dan mala fama, causan inquietud entre la
población. A veces surge alguna banda. Nosotros la detectamos, averiguamos
quiénes son los hijos de puta; cuando ya lo sabemos, soltamos toda la sopa al
comisionado, y el comisionado al procurador. ¿Lo capta? (...) El concilio es un
pacto social de cuya existencia sospechan muchos, pero conocen pocos (...). La
Brigada de Secuestros depende solo de la Procuraduría, y la Procuraduría es la
madre del concilio.
jueves, enero 29, 2015
NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE. RESEÑA DE MARIO LUGO.
Les presento aquí una reseña de Nuestra Señora de la Sangre, en esta ocasión por el escritor chihuahuense Mario Lugo.
Nuestra Señora de la Sangre, de Ricardo Vigueras
La estupenda novela que me ocupa está integrada por tres partes: Todo lo marchita el tiempo, constituida de siete capítulos, No hay más sueños para Sonia, subdividida en catorce capítulos y El primer vals, en siete. Ricardo Vigueras se da a la tarea de construir sobre todo una ciudad, Noche de Nuestra Señora, que forma parte de un país isleño, Puntaloba. Con trazos rápidos y precisos va dibujando la mínima geografía de una ciudad donde ocurre casualmente todo lo que ocurre en las ciudades de fines del siglo pasado y lo que va de este. Gran parte de la trama descansa sobre las acciones que toman o dejan de tomar personajes de policías que conforman toda una galería encabezada por dos de ellos, jefe y su subordinado de la Delegación Liminar de la ciudad llamada, como ya dije, Noche de Nuestra Señora. El autor llama “lupenses” a sus habitantes. Ciudad siniestra y aparentemente nada hospitalaria, aunque por el vicio y la diversión que la caracteriza da la impresión de lo contrario.
A primera vista los personajes centrales parecen ser tres mujeres, cada una vive su historia en cada capítulo. Conforme avanza la novela nos damos cuenta que, aunque indispensables, las historias de las mujeres, quizá la historia de Sonia se mantenga con más firmeza que las otras dos, son sólo el aldabón del que penden la existencia de la ciudad y sobre todo la anécdota central, la historia del policía Lucas Bauer, alias el Ratón. La novela toca el tema de la violencia contra las mujeres, la delincuencia, de refilón el uso de las drogas; pero ninguno de esos temas es el tema central. El tema central es, a mi juicio, la invención exitosa de una ciudad en sí y su transcurrir tormentoso y la vida del mencionado policía sin dejar de lado una multiplicidad de personajes que hacen posible ver con claridad a Noche de Nuestra Señora, la ciudad.
Cada una de las tres partes que integran la novela pudiera funcionar como relato aislado e independiente. Sin embargo, a los tres los unen la ciudad, los mismos personajes policiacos, en particular y con gran vigor el protagonista principal Lucas Bauer, alias el Ratón y Adán Nebreida, alias el Caballo Ciego. Salvo en No hay mas sueños para Sonia, en que el narrador omnisciente se intercala capítulo a capítulo con la narración en primera persona, la de Sonia, el narrador omnisciente nos lleva con mano firme a través de toda la novela. El narrador es uno de gran destreza que sabe crear una ciudad con todo lo que trae esto consigo que es tantas ciudades de nuestro tiempo. Llena de injusticias, corrupción, hipocresía, cinismo y falta de piedad.
El lenguaje y sus analogías son muy singulares o quizá debiera decir, originales en cuanto a que es una mezcla de diferentes giros coloquiales que muchas veces reconocemos como propios, por ejemplo: “Episodios estudiantiles fufurufos” (p. 22); “su placa mágica y machín” (p.39); “¿La engaña con otra morra?” (p.41), o “(..)con aquel pipianón” (p. 253). Otros no nos son tan familiares: “bajo el sol que se derretía como pinole caliente sobre los volúmenes de la durmiente calle” (p. 24), o bien: “letra nerviosa, adornada de ringorrangos” (p.29), “vagándula madre” (p.43), y algunos más del todo distantes: “la calderilla de la magra soldada de la quincena” (p.22)”;“Yo me hubiera cagado en su Dios”(p. 111); “Me cago en tu puta madre” (p.226), sin dejar de ser, por ello, menos creativos y plenos. Quizá haya uno o dos casos a mi juicio un tanto excesivos, por ejemplo: “El sol había declinado más allá del ablativo absoluto(…)” (p. 191). Sin embargo, ya en su conjunto todo los recursos de los cuales hace acopio el autor hacen de la lectura una experiencia intensa e interesante, placentera.
El acopio constante de metáforas y propuestas comparativas realmente exitosas que van en aumento hasta culminar en la última parte hacen que el lector busque con avidez la siguiente página y especule sobre el posible desenlace. Preocupa un poco el lenguaje un tanto impregnado de filosofía en la segunda parte cuando es expresada por Sonia, en primera persona, tan distante algunas veces de la autenticidad si comparamos la breve noticia biográfica de la protagonista, que es de extracción humilde y nada educada. Sorprende sin embargo, en las tres partes la fuerza anecdótica de las historias, su profundidad y sin duda inteligente urdimbre. Como todo un maestro de la trama mantiene atenta la atención y el suspenso en cada relato.
El autor toma los eventos del todo posibles para crear la trama y adiciona una suerte de acontecer mágico en cada uno de ellos, por ejemplo la imagen por demás plástica de las lechuzas en el bosque rodeando a la quinceañera, que hacen vivir de manera plena la fantasía propuesta.
Tanto en el desenlace sorpresa del primer relato en que todo el encanto y el amor que pudiera representar la búsqueda del padre por una hija nostálgica y ansiosa, Enriqueta Saldívar, de llenar el hueco que la mayoría de los hijos abandonados viven, como en la heroica resistencia a la muerte por parte de Sonia, prostituta por necesidad, en la segunda parte, quien se empeña en mantener los ojos abiertos a pesar de estar muerta, sus intentos por recobrar la hija perdida y su lucha por ser feliz. De particular dramatismo es la parte final donde el relieve humano del Ratón, policía corrupto, alcohólico y aparentemente inconmovible, quien después de una alcoholizada irrupción en la quinceañera de su hija, a la cual no fue invitado, se quiebra muy cerca del caos y clama por la admisión de su inocencia.
La novela es intensa, donde todo parece estar sujeto a la fatalidad (“pasó lo que tenía que pasar”) no por ello menos imprevisible para el lector, y está muy bien estructurada y llevada con firmeza por un talento literario descriptivo y creativo poco común.
Nuestra Señora de La Sangre. Ricardo Vigueras. Colección Solar. Narrativa. 2013. 270 pp.
miércoles, enero 28, 2015
NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE, POR GUADALUPE NUÑO
Guadalupe Nuño, narradora y poeta de La Paz, Baja California Sur, presentó Nuestra Señora de la Sangre en Lunas de Octubre de 2013. Reproduzco con su permiso las palabras que dedicó a mi novela en su presentación. Gracias, Guadalupe.
COMO TODOS LOS DÍAS AL FINAL DE LA TARDE, LLOVÍA.
Guadalupe
Nuño
Esta novela la conforman 267 páginas que
leí en tres sentadas, porque en verdad me atrapó. Me hizo en ocasiones botarme
de la risa, en otras me dio coraje, en tantas otras se me hizo un nudo en la
garganta, o sea que Ricardo sabe perfectamente jugar con los sentimientos y
emociones del lector.
Además,
esta obra se caracteriza por su fluida
prosa y que a pesar de manejar varias figuras retóricas, modismos, palabras
poco usuales, y sobre todo palabras de
uso cotidiano; sin tapujos y pelos en la
lengua, es de fácil acceso para el lector de este siglo.
Ricardo
Vigueras crea un encuentro de voces narradoras alternadas, utilizando excelentemente
la metadiegénesis; la voz principal de un narrador omnisciente y la voz femenina de un personaje testigo, e
inclusive salido de la ultratumba, que hacen de esta novela sea amena, y nos
trasporte a todos los recovecos de las historias que relata.
Es de tipo policiaco, con marcados tonos
de suspenso, porque describe hechos y personajes, tomados del mundo real, realizando
una crítica social de la delincuencia y la burocracia en
nuestro país, con tintes rulfianos;
pertenece a la corriente literaria: realismo
mágico y sin duda a la literatura fronteriza, principalmente cuando hace
alusión al tipo de delincuencia que se genera en esa parte de nuestro país, dado
su contexto donde vive. Es imposible no ver en esta novela a las muertas de
Juárez y sus maquilas…
Este
texto está conformado por tres historias diferentes –tres casos que resolver,
la manera no importa, el chiste es resolverlos-, no obstante, las historias
están encadenadas por dos personajes protagónicos, con personalidades
diferentes que se aposentan en ellas: dos Policías, el Capitán Adán Nebreida, personaje
fuera de lo común, su mote es Caballo
Ciego y se distingue por usar gafas oscuras por ser invidente, por ser paternalista, de dinero, elevado, corpulento,
apuesto, con una familia bien integrada, con su amor a la literatura: cito uno
de sus diálogos y parte de la narración:
―Poderoso
caballero, como decía Espronceda ―sentenció
Caballo Ciego con indiferencia. Mientras
Alondra Guzmán tomaba nota de la cita literaria, Caballo ciego se reacomodó en
su asiento y volvió la cabeza hacia donde debía hallarse el Ratón.
El
otro policía, mano derecha de Caballo Ciego,
Lucas Bauer alías El Ratón, es el clásico teniente, al parecer sin
preparación académica, truculento, pisteador, siendo su debilidad los burdeles
y sus féminas, hombre de baja estatura, morenazo, nada agraciado por la
naturaleza, con un pasado turbio, su ideología: “El fin justifica los medios”: El
Ratón, al terminar de obtener sus
servicios de la meretriz, sacarle la sopa, su verdadero nombre (Metáfora o Meti
para los cuates) y pagarle, se despide de
ella, con esta frase: “Que no te dé tanta pena tu nombre ―aconsejó con
una sonrisa―. A lo mejor, Metáfora no es
una cosa mala”.
La
primera historia, Todo lo marchita el
tiempo poderoso, trata de una joven llamada Enriqueta Saldívar
que busca a su padre, de origen libanés, Abdul Alire Khlayel, gerrillero comunista y que nunca conoció.
Viaja hacia Puntaloba a la Delegación de Liminar para saber de su paradero.
La
segunda historia es “No hay más sueños para Sonia”. En este apartado Ricardo
emplea el recurso de la retrospección, donde el mismo personaje, o sea Sonia,
relata su vida estando muerta:
“Mientras yo sola velaba mi propio
cadáver solitario, un repiqueteo me hizo volver la vista hacia la ventana de
cristal violáceo. La luz del día se inmolaba al otro lado de la ventana, quizá
como una admonición de las negras eternidades entre las que yo pronto flotaría.
A los segundos, el repiqueteo se
intensificó. Como todos los días al final de la tarde, llovía.”
La tercera y última historia, “El primer
Vals”, nos narra la historia de una chica, hija de una pareja de adinerados y
pudientes que desaparece en la nada después de su gran fiesta de 15 años. Este
último relato se entreteje con la vida disipada del Ratón y su hija abandonada
por él, que precisamente en su fiesta de 15 años… no había sido requerido por
su ex mujer la Chata y su hombre, lo cual no le importa y se presenta, y quizá
para agarrar valor llega bien alcoholizado:
―¡Sorpresa,
banda de culeros! ―escupió―. ¡Un pajarito me dio el soplo!
―No
sabíamos que tuviera el interés por acompañarnos, explicaba el nuevo hombre de
la Chata con aquella impostación de muy leído.
Sólo
me queda decirles que me deja buen sabor de boca y que la lean porque está muy
buena.
“Como
todos los días al final de la tarde,
llovía”.
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