domingo, julio 19, 2009

NUNSPLOITATION II: SATÁNICO PANDEMONIUM

Estrenada en 1973, según algunos (Perla Ciuk, Diccionario de directores del cine mexicano) y según otros en 1975 (IMDB), también esta película mexicana de Gilberto Martínez Solares comparte doble título, pues tan conocida es como Satánico pandemónium como por el de La sexorcista, subtítulo a todas luces oportunista concebido para aprovechar el tirón que la película El exorcista (William Friedkin, 1973) tuvo en todo el mundo. Y es que en esta película mexicana de monjas libidinosas tenemos un satánico pandemónium, pero no una sexorcista. Pandemonium quiere decir, según el DRAE, capital imaginaria del reino infernal, y también, en sentido coloquial, lugar en que hay mucho ruido y confusión. Ambas acepciones cuadran en un momento u otro con el argumento del film.

Sor María es una monja, interpretada por Cecilia Pezet, que un día es tentada por el demonio (Enrique Rocha, hoy famoso actor de telenovelas), quien se le aparece desnudo para empezar a poner a prueba su castidad. Obsesionado por la belleza de Sor María (o simplemente, jugando con los inocentes mortales como habitualmente suele), Satanás no va a cejar en su empeño hasta conseguir que Sor María enloquezca literalmente de lujuria, convirtiendo su deseo reprimido en fuego que devora cuanto toca (sobre todo cuando se cuela en la cama de un pastorcillo, y al no permitir éste dejarse manosear y poseer por la monja, ella le acuchilla y luego incendia su cabaña). Violada por Satanás, la lujuria de Sor María la volverá tan libidinosa y retorcida como criminal.

En su obsesión por poseer carnalmente a algunas de sus compañeras, no dudará en asesinar, incluso, a la madre superiora del convento. En definitiva, tenemos una película de nunsploitation, una cinta blandiporno donde lo que cuenta es lucir los atractivos sexuales de la atractiva Cecilia Pezet y, como no podía ser menos en toda nunsploitation que se precie, azuzar nuestros sentimientos más morbosos por medio de escenas de índole sexual envueltas entre toda clase de iconos cristianos en el interior de un convento. Desde su estreno hasta la fecha, la película se ha convertido en un clásico del cine de terror erótico de los años 70 dentro de la subcategoría de películas de culto, es decir: filmes de derribo reivindicados por apasionados de un género que no buscan, precisamente, la calidad exquisita ni el rigor de la filmación académica, sino más bien los estímulos que proceden de un cine más encaminado a provocar un inocente morboseo que a complacer a un espectador de gustos más ortodoxos o cultivados.

En Satánico pandemónium, la búsqueda del estímulo primitivo (excitación u horror ante el sexo o la sangre) están por encima de otros valores de los que el film carece de no ser por su encanto camp, por sus colores chillones y sus decorados no pocas veces de cuento infantil, donde escenografía y exteriores enfatizan más de la cuenta el mensaje muy obvio de la historia. Ambientada en algún momento durante los siglos en que en España operaba la Santa Inquisición, nada en la película remite realmente a ningún periodo más allá de los años 70 (la madre superiora luce unas gafas muy contemporáneas, para mi gusto, y en algunas panorámicas he creído advertir algunos caseríos muy del siglo XX). Se trata de una película “de culto”, como ya he dicho, concepto inventado no para referirse a verdaderas piezas de culto como La noche del cazador o La sal de la tierra, sino para vender productos no sólo antiguos, sino completamente obsoletos, que de otra manera no tendrían circulación en las grandes superficies virtuales como Amazon o La Mula de Alejadría.

Sin embargo, a pesar de este balance especialmente negativo, La sexorcista tiene el encanto de ese cine de terror mezclado con elementos eróticos que hizo furor en los cines de barrio durante los años 70 hasta que el concepto se gastó de tanto ser manipulado en multitud de filmes de bajo presupuesto. Además, en esta ocasión contribuye la belleza de Cecilia Pezet, muy delgada quizá para los cánones de la época (que tiraban más bien hacia la hembra jamona), pero muy sexy en términos generales. Es además una actriz discreta, no muy entusiasmada con el producto al que contribuye, y que se retiró pronto del panorama cinematográfico mexicano, pues La sexorcista es su penúltima película de una corta serie de filmes rodados entre 1971 y 1975. Hoy día, y desde 1987, es la presidenta del Ministerio del Amor, e incluso ha pasado una noche en una alcantarilla.

Prohibida durante mucho tiempo en México por la mojigata censura priísta, Satánico pandemónium es un film que hoy provoca cierta hilaridad involuntaria, pues está llena de disparates estructurales y de chocantes descuidos que, a pesar de que podían haber enterrado para siempre la reputación de cualquier director de cine, quedan completamente justificados por su giro final. Su director, el incombustible Gilberto Martínez Solares (su carrera cinematográfica recorre la historia del cine mexicano de 1938 a 1995 y consta de más de ciento cincuenta filmes), no tuvo por tanto mayor interés en justificar nada absolutamente dentro de esta deliciosa fantasía ideal para viejos verdes, pero tampoco quiso en ningún momento enfatizar las delirantes connotaciones de toda la trama y de la calentura de su bonita protagonista, por no enfatizar el hecho de que, literalmente, la credibilidad de su producto le importa un bledo. En este sentido, la orgía que casi cierra la película (considerada como la bacanal más ridícula de la historia del cine) carece de cualquier clase de profesionalidad y ha hecho exclamar a alguno que la película está “filmada con el culo”.

Como quiera que sea, son muchos los que han hecho constar que la película tiene un cierto encanto que se acrecienta con el tiempo. Quizá sean los desnudos, quizá la inocente ramplonería de su filmación y actuaciones, quizá lo pedestre de la dirección, quizá todo junto convierten a Satánico pandemónium en un banquete para los sentidos. Quizá, si don Gilberto Martínez Solares levantara la cabeza, diría que en realidad la película no es tan mala. Y aburrir, desde luego no provoca aburrimiento en ningún momento.Les cuelgo aquí un tubito perteneciente a la película, para que vean por dónde van los tiros.



3 comentarios:

Don Melón de la Huerta dijo...

Ricardo:

Esta película se conocía en los tiempos en los que no tenía yo nada que hacer mas que merodear videoclubes como "El Anticristo." Yo nunca la renté bajo ese título por que se me hacía chanchullo. En aquel entonces, una película italiana colgadota del éxito del Exorcista, tal como ésta, ostentaba el mismo título, y por buscar aquella nunca le puse atención a ésta. Me arrepiento mucho, sobre todo por que los otros títulos que esta cinta tuvo inspiraron el nombre de uno de los personajes del "gran" Robert Rodríguez ( interpretado por Salma Hayek, en "Del Crepúsculo al Amanecer") y un célebre album de la banda White Zombie. La prueba de la certeza respecto a lo que apuntas respecto a la censura está en que la otra película nacional del género que he visto es "Alucarda" (Juan Lopez Moctesuma, 1978). Además de ser delirante, con cualquier cantidad de de "cochinadas" y desnudos por parte de mi Tina Romero, y una dirección de arte ridícula, absurda y por lo tanto, única, se hizo específicamente para el mercado de habla inglesa (todos los actores utilizan sus propias voces para recitar diálogos en este idioma). La versión que existe en castellano está doblada al dialécto ibérico. Bueno, esto ya se alargó mucho. Mejor me guardo mi aliento para las demás entradas, que ahora sí me diste en mi pata de palo!

Francisco Valerdi dijo...

Una buena película. Tuve la oportunidad de verla en De Película. Creo que Cecilia Pezet trabajó muy poco en el cine. Lástima

El Pobresor Gafapasta dijo...

Es verdad que hizo muy poquitas cosas, y entre ellas ésta brilla especialmente. Siempre será nuestra Sexorcista.

Saludos.