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viernes, mayo 16, 2008

EL ÚLTIMO KRAZY KAT DE FANTAGRAPHICS

Hace un par de días ha llegado a Fantagraphics la maravilla que he colgado arriba: la que será la portada del último Krazy and Ignatz con los dos últimos años de dominicales. El diseño, como siempre, de Chris Ware. Después reeditarán el material que en su día publicara Eclipse hasta llegar al volumen que inauguraba esta edición reciente. Podéis clicar sobre la imagen para ver a tamaño rico-rico. Ya sabéis qué acabo de poner como papel tapiz en mi ordenata.

Y hablando de Fantagraphics, acaba de aparecer el último The Comics Journal (el 290) con una jugosa mesa redonda entre Monte Schulz y varios expertos en Peanuts, que someten a discusión el reciente y polémico libro sobre Charles Schulz que ha escrito David Michaeli. Fantagraphics, como siempre, dando alegrías como pocos. Y que dure.

Vía FLOG.

domingo, abril 13, 2008

GEORGE HERRIMAN: CUANDO EL GATO NO ESTABA

El divertido Mr. Stumble

Se ha dicho una y mil veces que Krazy Kat fue una obra maestra que George Herriman concibió para sorpresa de los habitantes del futuro. Su poesía es, hoy, moralmente incorrecta. En otros aspectos, como el de la sexualidad de cada quien, promovió la visión de un mundo donde la ternura parece tener ganada la batalla de la libre expresión, aunque esta expresión sea, a veces, la del macho maltratador. En su mundo más allá del lugar y del tiempo podemos encontrar la inocencia a veces cruel del mundo infantil, un mundo carnavalesco donde los valores se trastocan y no sabemos si los adultos juegan a ser niños, o los niños a ser adultos.

Tanto se ha dicho que Krazy Kat es una obra maestra, que la afirmación ha quedado carente de contenido, como la piel de un plátano que nos hemos comido y cuyo disfrute ya hemos olvidado. La modernidad de nuestra modernidad descubrió en esta obra valores que apuntalarían el underground, por ejemplo, que dejó de serlo para convertirse en historieta independiente, o “indie” si ustedes lo prefieren.

El desvergonzado Baron Mooche

Para darnos cuenta de hasta qué punto Krazy Kat fue una obra maestra, y el decirlo recupera todo su sentido, debemos agradecer que The Comics Journal, en uno de sus últimos números (el 287) nos haya obsequiado con medio mogollón de páginas de historietas de Herriman sin Krazy Kat. No es que las historietas sean malas, antes al contrario, son excelentes: están protagonizadas por personajes que tenían cierta grandeza, y no podríamos decir hasta dónde hubiera conducido Herriman a estos seres de no haberse concentrado en el universo del/de la gat@ lok@, el ratón del ladrillo y el policía enamorado. Son personajes que hubieran podido adquirir su propia grandeza, pero no la tuvieron. La muestra de historietas comprende viñetas humorísticas independientes también, pero sobre todo tiras cómicas de personajes como los que pululan por el Stumble Inn, o el gorrón y desfachatado Baron Mooch. En ellas vemos a un Herriman capaz de sujetarse con maestría a las convenciones de la tira cómica, un Herriman que nos hace reír mucho más que en Krazy, que es una serie que nos deja en el alma la sonrisa tierna, pero casi nunca la risa. En estas tiras Herriman es más satírico y más cáustico, más hiriente en sus retratos de personajes reconocibles de la vida común. De tira en tira encadena situaciones y pequeñas historias que revelan que el humor un tanto naif, surrealista y a veces marcadamente estrambótico, lírico y absurdo de Krazy, no era, ni mucho menos, fruto de la casualidad o de una determinada visión, siempre idéntica, de encarar el oficio de contador de historias por medio de viñetas. La lectura regocijante de estas historietas demuestra que en ellas encontramos al Herriman más convencional y efectivo en su profesión, y que en Krazy Kat tenemos, sobre todo, la feliz expresión de una voluntad empeñada en narrar las pequeñas anécdotas de un mundo maravilloso por medio de un lenguaje único que pretende no parecerse a ningún otro. Gran lección la de estas tiras y personajes olvidados de George Herriman. Gran lección siempre, cualquier lección de ese poeta que fue Herriman.

lunes, noviembre 05, 2007

KRAZY KAT: ¿IGNATZ DISFRAZADO DE BIN LADEN?

Clicar sobre la imagen para ver a buen tamaño
Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme el otro día con esta Sunday a color de 1936 en la cual el ratón Ignatz aparece disfrazado… ¿de qué? De repente, me brincó el corazón en el pecho como si fuera una patata caliente. ¿Acaso el simpático Ignatz anda por Coconino County disfrazado de este fulano de aquí abajo?
The 9/11 Report. (c) Ernie Colón
Ya Art Spielgelman destacó en su momento los paralelismos entre los protagonistas de la obra de Herriman y los protagonistas de los acontecimientos de Nueva York en 2001: “[Krazy Kat] era el único tebeo que podía soportar ver durante el amanecer del 11 de Septiembre: Osama bin Ignatz, Offissa Bush, nosotros, los pobres Krazy neoyorkinos, y… ese Ladrillo precipitándose contra nosotros a través del espacio. El triángulo infernal del ratón, el gato y el perro ha sido interpretado por algunos como las fuerzas de la anarquía, la democracia y el fascismo” (para la versión original, véase contraportada de Krazy and Ignatz 1925-1926, editado por Fantagraphics; la traducción, a falta de una mejor, es mía). Al ver esta dominical, uno no puede dejar de hacerse la pregunta: pero, ¿de qué fumaba Herriman en 1936? Ofissa Pupp, fingiendo sana demencia, le hace las preguntas de rigor al sospechoso extranjero, que no demuestra ser muy versátil con el idioma inglés.
El final feliz que nos propone Herriman, tan connatural al estilo general bucólico de la serie, nos deja en la boca un regusto amargo. ¿Podrá alguna vez Ofissa Bush capturar al cerebro asesino que cambió el mundo para mal?

miércoles, febrero 07, 2007

FICHAS TOUTAIN XLV: GEORGE HERRIMAN

No es la primera vez que escribo sobre George Herriman, el sensible y extraño creador de una obra maestra como fue Krazy Kat. Obra lírica, profunda, leve, llena de una gran belleza que cada vez que cautiva me vuelve a emocionar con un temblor. Una obra de una sencillez extrema que encierra, como casi siempre ocurre, la complejidad más abismal. Planeta la edita ahora en español, cosa que quizá le agradezcan algunos lectores sensibles. La edición es la misma de Fantagraphics, pero la de Planeta tiene a su favor la publicación en tapa dura. Por lo demás, ni la rotulación ni, por supuesto, la traducción (ay, esta obra es intraducible, hay que aprender inglés para gozarla) le hacen justicia a la versión original. Hay experiencias en la vida (sí, muchachitos) que compensan el haber pasado largas época con los codos clavados sobre los libros mientras más allá del cuarto olvidado de todos el mundo giraba y se divertía. La fichita de hoy se la debemos a Javier Coma.

Clicar sobre la imagen para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.

viernes, septiembre 03, 2004

PALABRAS DE GEORGE HERRIMAN


A manera de colofón, incluyo unas palabras de George Herriman sobre Krazy Kat. En la foto, Herriman dibuja en compañía de su esposa e hijos:

No seáis duros con Krazy. No es más que una sombra, atrapada en la telaraña de esta madeja mortal. Le llamamos Krazy (loco o loca) Kat (gato o gata), pero no es ninguna de las dos cosas. En alguna ocasión llegará hasta vosotros, gentes del crepúsculo, y su contraseña será el eco de una campana que tañe a vísperas, y su vehículo un soplo de céfiro del Oeste. Perdonadle, porque no le comprenderéis mejor que nosotros, que nos demoramos a este lado de la valla. Krazy es como un espíritu, como un elfo, que no tiene sexo. De modo que no puede ser femenino ni masculino. Es un espíritu -un duende- capaz de deslizarse en el interior de todo.

(Tomado de Historia de los Cómics I, p. 34. Toutain Editor, 1982)
Posted by Hello

miércoles, septiembre 01, 2004


Autorretrato de George Herriman rodeado de sus personajes principales. Posted by Hello

GAT@ LOK@

Acabo de terminar el volumen 3 de Krazy and Ignatz, la reedición cronológica que Fantagraphics Books está llevando a cabo de las planchas dominicales de Krazy Kat, esa obra maestra llena de sueño, magia y poesía que George Herriman escribió y dibujó entre 1913 y 1944. Fantagraphics está reeditando la serie desde la primera plancha dominical de 1925, año en que debió detenerse la edición de Eclipse Books (que publicó en The Early Years el material comprendido entre 1918-1924). Fantagraphics explica en el volumen 1925-1926 que cuando el material editado alcance 1944, regresarán al proyecto de reeditar los Early Years.

Krazy Kat (ignoro por qué Fantagraphics no edita la serie con su título legítimo) nunca fue una obra popular. Es verdad que se editó en muchos periódicos de Estados Unidos durante más de tres décadas, y hasta llegó a existir una tonta serie de dibujos animados tan parecida al original como una margarita a un cardo borriquero; pero aunque la serie esté protagonizada por una gatita, un ratón y un perro policía, Krazy Kat nunca fue un producto de consumo infantil, y para colmo, los adultos que compraban los periódicos la entendían menos que los críos. Si la serie sobrevivió de milagro durante más de treinta años se debió a que el todopoderoso William Randolph Hearst, magnate de la prensa en cuyos periódicos se editaba Krazy, estaba enamorado de la singularísima poesía de sus imágenes y situaciones líricas. Es curioso que un individuo como Hearst, a quien tomamos como el monstruo que causó la ruina de Orson Welles por osar inspirarse en su vida para Ciudadano Kane, fuera el verdadero mecenas renacentista de esta obra maestra absoluta, rotunda, conmovedora, una obra llena de una inocencia y una belleza tan grandiosa que la emoción que nos infunde nos produce a veces terremotos internos.

Conocí Krazy Kat hace muchos años, en ediciones esporádicas: en la monumental Historia de los Cómics, de Toutain; en Clásicos del Cómic, dirigida por Joan Navarro; en Gran Aventurero, de Ediciones B... Planchas sueltas, a veces en colores majestuosos, pero nada más. Estaba bien, pero no funcionaba. Krazy Kat es una de esas obras gigantescas que no puede saborearse a sorbitos, de manera mezquina. No. Hay que sumergirse página tras página, mes tras mes y año tras año, en su mundo onírico, en sus desiertos y cañones de Nuevo México; hay que estar pendiente de los paisajes que cambian de una viñeta a otra sin que los personajes se muevan del punto donde conversan; hay que acostumbrarse a la extraña mezcla de ternurismo y crueldad que rezuma la relación entre el trío de amantes, y leerla cronológicamente, y en versión original, para enamorarse del inglés cuatrapeado de Krazy (quien, como Popeye, habla un inglés absolutamente degenerado e intraducible), y saborear la relación de Edad de Oro que estos animales parlantes, inmigrantes unos, mexicanos otros, indios nativos no pocos, cigüeñas y chinos, mantienen en un paraje real que la fantasía y sensibilidad de Herriman convirtieron en paraíso soñado: Coconino County.

En Krazy Kat, Herriman profundizó en una de las historias de amor más hermosas de toda la cultura popular del siglo XX, y sin quererlo, profundizó en la naturaleza eterna de una clase de amor: el amor cruel. Krazy es una gata enamorada (a veces es gato; Herriman siempre jugó con la ambigüedad), una gata enamorada de Ignatz, un ratón casado y con hijos que pasa el día buscando la ocasión de agredir a Krazy propinándole un certero ladrillazo en la cabeza. Y como no hay dos sin tres, también tenemos a un perro policía enamorado sin esperanzas de Krazy, Offissa Pupp, el cual dedica su vida a impedir que Ignatz agreda a Krazy. A pesar de su celoso empeño, cuando Offissa Pupp fracasa en su caballeresco afán, encierra a Ignatz en la única celda de la única carcel de Coconino County. Krazy ama sin esperanzas a Ignatz, y cada nuevo ladrillazo es para ella una muestra de amor que Herriman explicita dibujando metáforas visuales con forma de corazón y haciéndole susurrar un gatuno “Li´l ainjil” que es como un suspiro post-coitum ladrillero. Los demás personajes secundarios, animales mágicos en esta tierra esópica e irreal, sirven de comparsas en esta extraña y conmovedora relación de amor que se prolonga hasta el infinito. En este volumen tercero, que recoge la producción de Herriman entre 1929 y 1930, Krazy se enamoriscará de un zorro francés que desbanca a Ignatz de su corazón en un ciclo de planchas que rozan la perfección. La pobre Krazy, que tiene la desgracia de enamorarse siempre de hombres casados que la agreden, la manipulan o la engañan, volverá a quedarse sola una vez más, maullando sin rencores a la luna de Coconino County.

Ha habido muchos intentos de interpretar esta obra deliciosa, rica en matices y en hallazgos poéticos, pero todas las interpretaciones son más burdas y perecederas que la admiración que hoy produce todavía leer una a una las páginas de Herriman. Umberto Eco (lector habitual de cómics) la ha analizado meticulosamente; el minuscular poeta e.e. cummings escribió un ensayo sobre Krazy Kat, y algunos han querido ver en el trío protagonista la encarnación de la democracia, el fascismo y la anarquía. Todo esto no es más que un pálido reflejo. Un pálido reflejo por querer explicarnos a nosotros mismos por qué somos tan inmensamente dichosos cuando leemos Krazy Kat. No más racionalismo, por favor, quedémonos sólo con la magia. A fuerza de racionalizar y etiquetar, sería enormemente triste que en estos tiempos groseros y mercantiles alguien convirtiese a la divina y adorable Krazy en el icono de las víctimas de la violencia de género. No demos malas ideas a nadie.