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sábado, septiembre 09, 2017

RIP KIRBY

Con mucho retraso he leído los tomos 11 y 12 que en su día sacó Planeta DeAgostini de Rip Kirby, aquella obra maestra que comenzó a dibujar Alex Raymond hasta su triste fallecimiento en accidente automovilístico donde le acompañaba el también dibujante Stan Drake, creador gráfico de la serie The Heart of Juliette Jones (y no Harold Foster, como puede leerse por ahí). Desde pequeñajo he lamentado la temprana muerte de Raymond, quien falleció con solo 46 años (que en mi infancia se me hacían un montón de años; ahora rebaso en tres aquella edad y me parece, como es natural, que Alex murió muy joven). Desde pequeño fui un devoto de Flash Gordon, y un interesado lector de Jungle Jim y de Secret Agent X-9, series en las que también Raymond dejó su impronta. Me acuerdo de haberme gastado un pastón en el X-9 de B.O que publicaron con viñetas ampliadísimas. A Rip Kirby lo descubrí pronto, por un retapado de Burulán que publicaba algo de Mangler el Triturador, malo  malísimo de la primera etapa de la serie. Lo malo de Burulán (que siempre se presentó como editorial de lujo) era el remontaje de las tiras, la amplificación de viñetas y los colores horribles. Luego leí las historietas que publicaba la revista Chito en especiales en blanco y negro. Con mayor humildad, en blanco y negro, Rip Kirby me acabó gustando mucho. 

Como es bien sabido, a Raymond le sucedió John Prentice, excelente dibujante, mas no genio del pincel y la pluma. Sin querer demeritar a Prentice, cuyas muestras acompañan esta entrada, hay que decir que su mayor virtud y mayor defecto fue el ser más Alex Raymond que Alex Raymond. Un lector poco advertido, escasamente detallista, nunca podría darse cuenta de que el dibujante original había sido sustituido por otro. Sin embargo, el genial imitador que fue Prentice, maravilloso y versátil dibujante que procedía del comic-book, nunca evolucionó en su estilo. ¡Ah-migo! Si algo tenía Alex Raymond desde que la primera página de Flash Gordon a la última tira de Rip Kirby es que fue pasando por muchas fases, registros y estilos.  Alex Raymond siempre fue muchos Alex Raymond, pero John Prentice siempre fue un imitador superdotado de un Alex Raymond meticulosamente reproducido.
Esta circunstancia, lejos de ser un defecto, es un goce visual. Los guiones de las historias del detective cuatro-ojos de Nueva York correspondieron al principio a Ward Green, y más tarde a Fred Dickenson. Este último perdió con respecto al primero la turbiedad de algunas tramas y personajes, y se esforzó por escribir unas historias más para toda la familia, llenas de humor, peripecia y mujeres hermosas, una mezcla de novela enigma, novela negra y costumbrismo. Los lectores de los períodicos usacas de los años 50 y 60 se encontraban, día tras día, con una serie exquisitamente dibujada que daba gusto mirar, llena de detalles en los que poder recrearse. Por ejemplo, lean las tres tiras que he colocado bajo el primer párrafo, cómo Dickenson y Prentice nos introduce poco a poco en el misterio de la búsqueda de una señorita que se esconde del mundo. Hasta que nos damos cuenta, parece que el tío Rip anda buscando con quién ligar (lo cual nunca busca, pero siempre encuentra).
¡Gozosa ha sido la lectura de estos dos tomos, por Baco! Hay aventuras un poco marcianas. Por ejemplo, una donde Dickenson y Prentice embarcan a Rip Kirby y al bueno de Desmond, su mayordomo regenerado que en otro tiempo fue carterista, en una historia de ciencia ficción que transcurre en Nueva Atlántida, un mundo paralelo que retrata una Atlántida futurista. Son las imágenes que pueden ver sobre estas líneas. Toda la historia tiene un aire gagá heredado de Alex Raymond, pero también de Al Williamson, que fue, como Prentice en Rip Kirby, el más digno y aventajado emulador del trazo raymondiano en la célebre space-opera.  Uno diría que esas tiras están dibujadas por Williamson. 
Las historias son estupendas, aunque poco tienen que ver con el amargo género negro que nos gusta a algunos. Otra historia un poco ñoña, solventada gracias al  talento narrativo de Dickenson y al visual de Prentice es La corona robada, donde las ñoñas hermanitas Mumu y Tutu Amour compiten por la corona de de un baile de beneficiencia. Rip Kirby fue una serie llena de glamour, humor, intriga y aventuras; por no hablar de chicas estilizadas como Toledo Steel, Marva, Gladis Gibson o Anne Linten. Buenos e inteligentes diálogos, y la prodigiosa documentación fotográfica de Prentice para crear personajes de una pieza, que no se repiten de aventura en aventura, sino que son únicos en esta saga que, tras la muerte de Raymond, consiguió seguir manteniendo un elevadísimo nivel gráfico y literario. El tomo 12 fue el último publicado en España. Afortunadamente para los que leemos inglés, la excelente edición de IDW está reeditando Rip Kirby desde la primera tira de Raymond y acabo de comprar el tomo que publica las aventuras de este detective justo donde lo dejó Planeta DeAgostini. Ya lo tengo en mis manos: un volumen de tapa dura, excelente papel y muy buena reproducción a buen tamaño. Estoy pensando muy seriamente volver a comprar en esta edición toda la etapa de Alex Raymond. Ya veremos. 

martes, diciembre 06, 2016

DASHIELL HAMMETT Y EL JOVEN ALEX RAYMOND

En la foto superior: Dashiell Hammett y Alex Raymond (izquierda y derecha, centro de la foto) entrechocan las copas para celebrar la aparición de la tira diaria Agente Secreto X-9. Como se sabe, aquella fue la tercera serie que dibujaría un jovencísimo Raymond, pronto influencia mundial en el medio, junto con la dominical Flash Gordon y su topper Jungle Jim. La foto está tomada de este recomendable libro recién aparecido en España,  Flash Gordon el conquistador, de Javier Cuervo, del cual reproduzco portada y página original. Prosit!


viernes, septiembre 02, 2016

EL AMIGO FLASH II: LA EDICIÓN DE TITAN

Soy feliz como una perdiz. La razón: ya ha aparecido en Inglaterra el primer volumen de la recopilación de la que será, esperemos, la recopilación completa del Flash Gordon de Dan Barry. Una de las obras maestras de la space-opera del tebeo clásico que con el viraje realista que le dieron Barry, Kurtzman y equipo, se volvió más ciencia-ficción que space-opera. Ya escribí largo y tendido sobre el amigo Flash en este viejo blogo.  El primer volumen, cuya portada adjunto arriba, recuerda mucho la edición española de Panini que no prosperó y debió durar solo (¡ay!) un malhadado numerico que no se comió una rosca en el mercado. Nos dejó a todos chiflando en la loma y preguntándonos por qué el amigo americano no sacaba ya esta obra maestra en dibujos, caracterización de personajes, solidez de los argumentos, diálogos inteligentes, etc. Pues ya está aquí gracias a los hijos de la pérfida Albión. Es un tomo no tan ladrillote como aquellos a que nos tiene acostumbrados la americana IDW, sino más manejable, para llevárselo al camastro o para aquellos que leen tumbados. Excelente encuadernación, buen papel, 224 páginas, formato más grande que Panini, y reproduce tres tiras por página; lo malo: no parten de los originales, por lo que la reproducción de las tiras no es la ideal, pero tampoco es mala. Estupenda introducción de David Schreiner (de 1988) donde habla de la respetuosa pero tirante relación entre Dan Barry y el chispeante Harvey Kurtzman que dibujaba los lay-outs y escribía los guiones. En algún momento se repesca una hilarante declaración de Barry sobre aquellos bocetos indicativos de Kurtzman: "Era como si Dick Browne abocetaras las páginas de Harold Foster". El presente tomo abarca más que aquel solitario de Panini y presenta el mismo material y, además, y también completa, la estupenda aventura The Space Kids in Zoran, donde introducen a la cuadrilla de adolescentes y niños del espacio donde destacó siempre el simpar Willie con sus poderes mentales. Publica Titan Comics, que ya sacó al mercado una reedición restaurada del Flash Gordon de Alex Raymond. ¡Vamos a gozar, compañeros!
Más sobre Flash Gordon de Dan Barry: La verdad les hará libres

lunes, abril 02, 2012

EL AMIGO FLASH

Un placer superlativo. La reciente lectura del primer volumen (y por desgracia, el último) del Flash Gordon de Dan Barry editado hace un año por Panini Comics ha constituido para mí una de las experiencias más formidables de los últimos meses. No voy a hacer aquí un panegírico de una de las obras maestras del cómic de ciencia-ficción de todos los tiempos. Avisados quedan los lectores de las excelencias de este gran clásico que ahora, de manera independiente (porque no hay en curso ninguna edición usaca del mismo material) ha editado Panini. A estas alturas hablar del Flash Gordon de Barry quizá pueda parecer innecesario, pues se ha editado siempre, como corresponde a todo buen clásico que se precie, cuya mayor virtud es la de la presencia recurrente en las librerías. En realidad no quiero hablar de la excelencia de los guiones que se adentran con notable fluidez en la novela río, ni del exquisito trabajo de Dan Barry como director de orquesta y sus irremplazables colaboradores, cada uno de ellos un nombre con mayúsculas de la historia del tebeo norteamericano: Frank Frazetta, Ric Estrada, Harvey Kurtzman … 

Como en el caso de la mejor época del Spirit de Will Eisner, la cualidad de obra maestra de la narrativa gráfica de este Flash Gordon de Barry deviene de la suma de un montón de talentos que juntos produjeron una obra de calidad inigualable. Comparable, quizá, igualable nunca. Flash Gordon es un viejo amigo mío, y posiblemente también de ti, lector anónimo de estas líneas. Es el amigo Flash. Lo leí por vez primera en aquellos maravillosos tomos de Buru Lan saldados en Galerías Preciados a mediados de los 70, donde descubrí principalmente el Flash Gordon de Alex Raymond. Qué jolgorio para los sentidos ser un niño y descubrir con los ojos inocentes el majestuoso dibujo de Raymond, el exotismo de sus escenarios y la belleza embrujadora de sus mujeres. Mi primer volumen de Flash fue el 2, y desde entonces mi aventura favorita ha sido la última que Raymond dibujó: Flash Gordon en el reino de Trópica. Desde mi infancia hasta hoy la he leído multitud de veces y no soy capaz de sustraerme al hechizo permanente que todavía ejercen sobre mí la reina Desira, el malvado Brazor y el carismático Gundar, príncipe de los ladrones. Aquella aventura, con la que Raymond se despediría del medio para marchar a la II Guerra Mundial, es una obra maestra, y lo es, paradójicamente, gracias a sus varios defectos e imperfecciones.

 Luego vinieron las ediciones de Vértice, aquellas entrañables revistas de los 70 en que pudimos disfrutar del Flash de Dan Barry, sin duda el mejor desde el punto de vista del desarrollo del guión y las historias. Además del trío protagonista, aparecía un retablo de personajes secundarios que hicieron de la serie una especie de gran familia del espacio envuelta siempre en nuevas y trepidantes aventuras. Antes, también Buru Lan había publicado a colores la etapa de Barry, pero con numerosos desmanes (viñetas ampliadas, reducidas, recortadas…). Tanto la etapa de Burulán como la de Vértice, horribles en muchos sentidos, son para mí objeto de recuerdo cariñoso. La de Buru Lan, porque impresionaban en un chiquillo como yo aquel formato majestuoso en volúmenes, y aquel olor formidable que despedía su buen papel; la de Vértice, por todo lo contrario: por su papel pobre, sus tintas groseras, su aroma a tebeo popular… Recuerdo que durante mi infancia, como las distintas historias eran publicadas sin orden ni concierto, me divertía recortando las distintas aventuras y ordenándolas yo mismo cronológicamente, estudiando para ello las fechas de publicación y llevando un archivo de publicaciones y ausencias. Había nacido ya, sin yo saberlo, un estudioso de la historieta. Gracias a Vértice también pudimos conocer las tiras diarias de Austin Briggs y la primera época de Barry y Fujitani. La rotulación era espantosa, y a veces, Flash Gordon se convertía en las traducciones en Roldán el Temerario (tal era su nombre de guerra en distintas ediciones de América Latina). Luego llegó el Flash de Editorial Valenciana. Publicaba más que nada material para los distintos comic-books que de Flash se habían publicado en Estados Unidos. Tuvo el encanto de hacernos conocer el Flash Gordon de Al Williamson, portentoso artista que devolvió a Flash (cuando ya no le hacía falta para nada gracias al magisterio de Dan Barry) el esplendor de Raymond y del viejo Mongo. 

La editorial B.O. nos hizo conocer el Flash de Mac Raboy en cuadernos caros y apaisados que olían a tinta fresca sobre papel satinado y blanco como la piel de las primeras chicas con que uno ya soñaba. Mac Raboy había sido, hasta aquella fecha, el más desconocido de los flashgordonitas, aunque había sido parcialmente editado años ha en las legendarias ediciones de la Editorial Dólar. Esta editorial de mediados de los años 60 introdujo inocentemente un concepto que, décadas después, haría que los estudiosos del cómic, los aficionados y los medios se dieran de navajazos en las vías públicas y foros de la Burrosfera: ¡la Novela Gráfica! Publicó un buen montón de planchas de Raboy escritas por Don Moore, un artesano de la tecla que nunca destacó por su originalidad, aunque no era mal reciclador de todos los tópicos de la SF más pulp que luego heredarían los seriales y las primitivas series de televisión. Las majestuosas viñetas de Raboy, escultóricas y carentes de nervio cinético, tenían y tienen aún hoy un encanto marmóleo extrañamente subyugador.

Creo que en España nunca nadie editó mejor el Flash Gordon de Dan Barry que la Editorial Dólar, que en sus cuadernillos a gran tamaño de la colección Héroes Modernos publicaba a veces a gran tamaño dos tiras de Barry por página. Todo el ciclo que ahora vuelve a presentarnos Panini fue publicado por Dólar en su época anterior a las “novelas gráficas”. O quizá fue otra editorial anterior: MAS

 Ediciones B publicó toda la etapa de Raymond y luego acometió la de Barry, hasta llegar en su número 67 a la tira del 23 de diciembre de 1961. Pero era en color, y el color es algo que esta gran etapa del personaje en blanco y negro nunca necesitó para nada. El Flash Gordon de Dan Barry se alejaba del florido exotismo de Raymond para siempre, y acometía con gran fuerza y dramatismo el desarrollo psicológico de los personajes y la tensión dramática de los argumentos, una estética del realismo de la época que casaba bien con el blanco y negro y que en teatro y cine también se impuso, y no sólo en el cómic (Rip Kirby, Mary Perkins On Stage, Big Ben Bolt…). Nunca Flash Gordon fue más humano, más próximo a sus lectores, más complejo… Frente a él, el Flash de Raymond y Moore no era más que un aburrido cabeza cuadrada de aspecto neo-nazi, demasiado cerebral, desapasionado y hierático para provocar nuestro amor. Bienvenido sea este Flash Gordon de Panini, este reencuentro con el viejo amigo de la infancia, de la adolescencia, de la madurez. Quizá Flash Gordon acabe por ser un compañero para toda la vida. De momento ya lo es.

Dicen en los mentideros de ciertos blogs que Panini ya no repetirá con un número 2 de Flash Gordon. Una gran pena. Quiero dar las gracias a la misérrima industria editorial española la oportunidad que me concede de mejorar mi inglés comprando en Estados Unidos los clásicos de prensa americanos; asimismo, les agradezco la oportunidad que me conceden de perfeccionar mi francés leyendo en francés Luc Orient, y otros; la oportunidad que me conceden de perfeccionar mi italiano leyendo Magico Vento o Brendon en italiano.

martes, diciembre 11, 2007

jueves, noviembre 29, 2007

UN GAZAPO DE TERENCI MOIX

Distinguido senado: como les contaba el otro día, Alex Raymond y Harold Foster fueron, durante los años 30 y hasta mucho después, los grandes maestros y referencia absoluta del cómic realista mundial. En otro orden, la escuela de Noel Sickles se convirtió en universal gracias a la expansión mundial de Terry y los piratas, de Milton Caniff, estilo expresionista y cuadrangular que hoy encontramos todavía en epígonos suyos como Jordi Bernet, Darwyn Cooke, Mike Mignola o John Romita Jr (entre muchos otros, y los que vendrán…). Y es que Foster y Raymond han compartido un destino casi indisoluble en la memoria de los aficionados al medio, tan indisoluble, que incluso los buenos conocedores de este arte, aquellos que más han hecho por dignificarlo, pueden meter la pata al escribir cosas como ésta:

Pueden consultarlo en la página 293 de la reciente edición de Historia social del cómic, de Terenci Moix (Ediciones B, marzo 2007, colección Bruguera Ensayo), texto pionero en la historia del análisis del tebeo en España, sin duda una obra de referencia ineludible, una antorcha en tiempos oscuros, una tarde de merienda en un campo de concentración, pero también un tanto desfasado por el enfoque marxista de gauche divine que imprime Moix a una obra que, insisto, leída con los ojos de la contemporaneidad, sigue siendo muy valiosa, además de amena. Ni que decir tiene que el coche en que viajaba Raymond no era el de Harold Foster, sino el de Stan Drake, autor de The Heart of Juliet Jones, como pueden leer en este recorte de prensa de la época, y que he tomado del libro Alex Raymond, por Salvador Vázquez de Parga (Toutain Editor, 1982):

Todos tenemos despistes como éste, pero no cabe duda de que verba volant, scripta manent. La obra de Moix es un clásico, y como tal se le debe tener un respeto, a pesar de ese tonillo de coña marinera con que a veces Moix se aproxima a algunos iconos del medio, y a pesar también de insistir un poquito en visiones trasnochadas y un poco morbosuelas a las que hoy nadie en su sano juicio concedería credibilidad (propagadas por el nefasto Dr. Wertham, ya saben ustedes: que Robin era el efebo de Batman y cosas así). Y como clásico pionero que fue, se le puede perdonar, incluso, que diga esas cosas tan suuuuuuuuuucias de mi adorada Modesty Blaise que el pudor me impide reproducir aquí, y que bueno, viniendo de alguien que se pirraba por las cantantes gordas de ópera y/o similares, son perfectamente comprensibles.

Detalle de portada: los gustos de Terenci Moix

Yo me pregunto, tantas décadas después de la primera edición de este clásico que todo aficionado al medio debe leer: ¿Moix nunca se dio cuenta de su gazapo? Y lo que es peor: ¿nadie se ha dado cuenta en Ediciones B, empresa a la que ya muchos llaman la Cancerbera Garbancera de Bruguera? ¿Hay especialistas en las editoriales que relean estas obras clásicas para ponerlas al día y corregir lapsus mentis aut calami?

jueves, noviembre 08, 2007

FICHAS TOUTAIN LXXVI: ALEX RAYMOND (1909-1956)

Llamado “el Miguel Ángel del cómic”, entre otras muchas lindezas, Raymond fue un dibujante superdotado que murió en la flor creativa de su vida tras influir, como también lo hicieron Harold Foster y Milton Caniff, sobre una inmensa proporción de cuantos luego han dibujado cómics. Su bellísimo Flash Gordon, hoy bastante obsoleto por unos guiones de Don Moore que han envejecido muy mal, sigue siendo una de las cumbres arstísticas de la historia del medio, y resulta inimaginable pensar lo que hubiera dado de sí la serie de haber contado con un guionista de mayor imaginación y menos sujeto a las convenciones de un folletón mal adaptado al siglo XX. Yo soy de los que piensan que Raymond, alejado de los paisajes exóticos y sugestivos de Flash Gordon y de un escritor siempre al servicio de que sólo pudiera lucirse el dibujante, se creció paradójicamente en el pequeño formato de la tira diaria. Sería en Rip Kirby donde llevaría a cabo sorprendentes y camaleónicas mutaciones, siempre dentro de su estilo naturalista y estilizado, para dar lo mejor de sí mismo en unos guiones inteligentes y sugestivos firmados por plumas como la de Fred Dickenson, en la madurez de esta serie policiaca llena de crimen y glamour. Graciosa contradicción es que este genio encorsetado en la tira diaria y alejado de la paisajística de las páginas dominicales a color, donde cincelaba cuerpos perfectos que nos embelesaban, supo dar creo que lo mejor de sí mismo al adaptar su enorme genio al reducido espacio con que contaba. Fue el genio encerrado en una botella, pero paradójicamente, un genio enclaustrado que en su celda de franciscano de la cultura popular encontró una dicha artística sin precedentes que hubieran brillado a la misma altura. La ficha de hoy, por Luis Conde.

Clicar sobre la imagen para ver a mayor tamaño. Estas fichas fueron publicadas en la tercera de forros de cada fascículo de la Historia de los Cómics (Toutain Editor, 1982) y no han vuelto a ser reeditadas desde entonces. El © de los textos e imágenes pertenece a sus respectivos autores. Estas fichas se publican aquí con intención exclusivamente divulgativa y educativa.

domingo, noviembre 06, 2005

FLASH GORDON EN LA CIUDAD AMERICANA

Esta documentadísima obra es un detallado estudio sobre la influencia de la moderna arquitectura norteamericana -el skyline característico- en la ya clásica labor que Alex Raymond desarrollara para su Flash Gordon. Una serie que fue escrita por un artesano de los de antaño llamado Don Moore y que ha tolerado mal el paso del tiempo desde el punto de vista de sus guiones. Las viñetas de Raymond, por el contrario, lucen hoy tan hermosas como siempre, y mi historia favorita es la "proteica" En el reino de Tropica, donde Raymond cambió de registros varias veces, quizá, como señala el autor de esta obra, influido por la cada vez mayor responsabilidad del ayudante de Raymond, el "segundo autor", Austin Briggs, que tras la incorporación de Raymond al ejército acabaría la historia y se encargaría de la serie en sus tiras diarias.

Flash Gordon en la ciudad americana es una bonita edición en formato apaisado que uno puede colocar junto a la reedición que B realizara de esta clásica serie, allá por los 90. Está estructurada en tres partes, comenzando con un análisis de la paisajística urbana en el Flash de Raymond y dejando para la segunda y tercera partes una análisis del verdadero diseño urbano de las megápolis americanas, el que influyó lógicamente en el artista del cómic. Desde este punto de vista, no se entiende muy bien el orden de la presentación del trabajo: lo natural hubiera sido que, partiendo de las muchas fotos y el pormenorizado análisis de los modelos arquitectónicos reales, el análisis de la obra de Raymond hubiera aparecido al final como síntesis y ejemplificación de lo ya expuesto.

La obra viene lógicamente enriquecida por multitud de fotos y diseños de rascacielos y de viñetas del gran Raymond, además de contar con un documentado análisis, desde el punto de vista visual, de dos películas que marcaron época en cuanto a la visión de la imagen futurística de la ciudad del siglo XX: Metrópolis de Fritz Lang y Things To Come de Cameron Menzies.

El estilo académico de Pérez Carda no entusiasma durante su lectura, pero es un detalle insignificante frente a la gran información que expone y la multitud de inmejorables imágenes desplegada por sus páginas. Acaba por cansar el reiterado desdén con que Pérez Carda trata la imaginación raymondiana para la creación de ciudades: critica al artista por presentar como "constante elemento fundamental de la ciudad" al rascacielos, como representación "de progreso", y sobre todo, "de poder" (p. 35), incluso cuando la falta de terreno edificable no sea un problema en muchos de los paisajes fantásticos que inventaron Moore y Raymond. Sobran, a este respecto, insistentes comentarios del tipo "tal nivel de falta de reflexión" (p. 36) o el adverbio "burdamente" para la recreación de un castillo medieval que encarna el reino de Azura (p. 40). Raymond no pretendía sino una recreación, dentro de la cultura popular del cómic de prensa, del creciente milagro americano proyectado hacia el posible futuro de otro planeta (y la imagen del futuro se basa siempre en cuanto conocemos de nuestro presente). Por esto, a pesar de que Pérez Carda tiene razón en cuanto al fondo de cuanto afirma (Raymond no supo o no quiso recrear una arquitectura nueva para un planeta nuevo sin raíces grecolatinas ni medievales), chirría dentro de su discurso la infinita falta de ganas para ponderar los indudables méritos del artista norteamericano por encima de sus limitaciones, que en este caso de diseño arquitectónico y, en líneas generales, de oficio de demiurgo, bien pudieran ser imputables al guionista Don Moore. A pesar de todo, y sin lugar a dudas, una obra muy recomendable para los amantes del tebeo clásico americano, y en concreto, de los fans y estudiosos del Flash Gordon de Alex Raymond.

Teófilo Pérez Carda, Flash Gordon en la ciudad americana. 1890-1940. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert, 2004.

sábado, septiembre 18, 2004

RIP KIRBY


Vuelve Rip Kirby. La gran noticia de esta semana, que saltó a los medios desde La cárcel de Papel (ver Martes 14) fue que Planeta-De Agostini va a reeditar todo el Rip Kirby de Alex Raymond y John Prentice en tomos mensuales de 192 páginas. Hay que recordar que Rip Kirby es considerada la obra cumbre de Alex Raymond, y que a Raymond se le llegó a llamar el Miguel Ángel de los cómics. Casi nada. Su influencia y magisterio recorre toda la edad de oro de este arte narrativo. En Rip Kirby, muy lejos ya del glamour desbordado y exótico de la última época de Flash Gordon (mi historia favorita es En el reino de Trópica, terminada por el pobre Austin Briggs), sintetizó al máximo su poderoso pincel y convirtió la serie en un prodigio de realismo fotográfico de enorme elegancia y finura. Tras el misterioso y temprano fallecimiento de Raymond, continuó dibujando la serie John Prentice, quien supo brillar a la misma altura que el maestro Raymond. Imprescindible pasar por La Cárcel de Papel para leer los eruditos y sabios Comentarios de las mejores plumas de España acerca de las virtudes de Raymond y Prentice. Rip Kirby. Un detective diferente. Una obra imprescindible. Seguiremos hablando de Rip Kirby, sin duda. Posted by Hello