
Por fin he iniciado la lectura del
Li´l Abner que en 2003 y 2004 publicó impecablemente la editorial norteamericana
Dark Horse en cuatro volúmenes hermosos a la vista y al tacto:
The Frazzetta Years.
Un buen lector de literatura reconocerá la importancia del feroz y satírico
Rabelais. Un buen lector de cómics debería conocer y reconocer la importancia de obras afines como Rabelais:
Li´l Abner y
Popeye serían dos buenos ejemplos (intenta explicar al adulto medio que el
Popeye de Segar es una obra de arte, y te mirarán rarito). Los clásicos no han desaparecido del todo, aunque se publiquen poco en Estados Unidos, y ahí tenemos la reedición en curso de
Krazy Kat, Peanuts o Gasoline Alley; ahí tenemos la reciente reedición de
Prince Valiant, o del
Flash Gordon de Mac Raboy. Incluso la del
Spirit, de Eisner, con un nuevo color absolutamente espantoso. A pesar de todo, resulta a todas luces insuficiente, y uno se pregunta por qué.
Volviendo a
Li´l Abner, resulta curioso que estos cuatro bonitos tomos que lucen en mi librería y del que acabo de terminar el primero se amparen en el renombre de Frank Frazzetta (glorioso dibujante de bárbaros y bárbaras estupendas), quien durante 8 años trabajó como "negro" para la página dominical de
Li´l Abner. Parece como si el propio nombre de Al Capp no fuera suficiente.
Li´l Abner fue una sátira feroz contra la América más palurda, ignorante y conservadora. El protagonista es el estúpido Abner, un chicarrón medio idiota pero de buen corazón que vive en el poblacho más miserable de todo Estados Unidos: Dogpatch, una especie de
Dogville pero en versión humorística y feroz (¿conocerá Von Trier la obra de Capp?), un villorrio habitado por indios y americanos blancos que conviven en armonía entre la miseria y la suciedad y sientan a la mesa a comer a sus propios cerdos.
Li´l Abner es el
beatus ille de la miseria. La visión feroz de Capp, que desde su tira diaria y páginas dominicales parodiaba cuanto menos le gustaba de su propio país, sigue siendo una fuente enorme de diversión para un lector moderno. Hay quien ha argumentado que se trata de un humor muy norteamericano que no entusiasma a todos, pero aun así es posible leer esta serie, si no a carcajada batiente, con una continua sonrisa a causa de su humor mordaz y sus personajes embrutecidos donde no podían faltar las guapas chicas de Capp, esas harapientas bellezas de Dogpatch que se tumban bajo un árbol a dormir la siesta junto a los cerdos. Grotesco e hilarante.
El primer tomo recopila las páginas dominicales de 1954-1955, páginas que eran independientes de las historias que se desarrollaban en la tira diaria de los periódicos y que tenían una continuidad que permitía tramas mucho más mordaces y elaboradas. Las mínimas tramas de la página dominical, que es la que ha recuperado Dark Horse, suelen durar como mucho cuatro o cinco planchas, salvo en el caso de dos historias que se desarrollan hasta las doce domincales. Editado con introducción y comentarios de Denis Kitchen, se trata de un tomo publicado a todo color en buen papel partiendo de suplementos dominicales escaneados del Sunday Mirror de Nueva York. Todo un clásico del humor más ácido y virulento que regresa, aunque sea parcialmente, para hacernos reír con las puntadas estridentes y el humor cáustico de los aldeanos más impresentables y mugrientos de un Estados Unidos de miseria, suciedad e ignorancia que quizá no pertenezca del todo al pasado.
Al Capp,
Li´l Abner: The Frazetta Years. Volume 1, 1954-1955. Edited and Commentary by Denis Kitchen. Dark Horse. Milwaukee, May 2003. (****, de 4).