martes, noviembre 18, 2008

AL CAPP Y LA ESTUPIDEZ HUMANA

Dicen los que saben que el mejor Li’l Abner no está en las dominicales de la serie, sino en las tiras diarias. Será verdad, pues Li’l Abner es una obra que conozco muy mal y no puedo opinar. Sin embargo, debo decir que me he divertido mucho con la lectura de las dominicales de este personaje que Dark Horse publicó en cuatro tomos durante 2003 y 2004. Son, además, las dominicales que Al Capp confiaba al cuidado de Frank Frazzetta, uno de los grandes del cómic usaca de la segunda mitad del siglo XX. Parece ser que Capp escribía los guiones, dejaba a Frazetta que hiciese los lapices y luego entintaba. Generalmente, con grandes resultados, aunque fuesen dominicales, que, sin presentar historias largas como la famosa de los Shmoo, sí tenían continuamente destellos de luminosidad, acidez a raudales y una mala leche congénita casi imposible hoy día en los medios de masas. A veces, la misantropía de Capp (que le apartó de posiciones de izquierda y le llevó, para su desgracia, a convertirse en una especie de paleo-con de los neo-con) rebosa vitriolo puro en las páginas de este Li’l Abner de las dominicales. La hilarante historia que reproduzco a continuación, de sólo dos páginas (publicadas el 20 y 26 de marzo de 1960) tiene una rotunda conclusión final que suscribirían muchos: nada produce más dinero que la estupidez humana. Triste, desengañado, lúcido y fiero Al Capp. Espero que puedan disfrutarla a pesar de (o gracias a) el delicioso y endiablado dialecto del inglés de Dogpatch, sin lugar a dudas una de las razones para leer esta obra en su idioma original y una de las grandes pérdidas que debe afrontar cualquier traducción a otro idioma.