miércoles, julio 15, 2009

NUNSPLOITATION: SCHOOL OF THE HOLY BEAST

Nunsploitation. Vaya palabrita. Una de las cosas buenas de los blogs es que uno descubre rarezas antes de que éstas se conviertan en conocimiento de todo hijo de vecino gracias a los periódicos. Una de estas curiosidades por mí descubiertas, no digo que no haya sido a destiempo, es la variante del género de acción o de terror "exploitation", que literalmente quiere decir “abuso” o “explotación”.

Un vistazo a la wikipedia arroja numerosas variantes de cine exploitation. Es más, en sentido estricto cualquier película explota algo (un actor, un género, unos efectos especiales…). El género exploitation parece encontrar su sentido cuando lo que se explota es a otra persona, de ahí la vertiente sexploitation o de abuso sexual por medio de la tortura. El género, cuyos antecedentes parecen ser tan antiguos como el cinematógrafo, afloró sobre todo en los años 60 y 70, consumado ya el declive del cine frente a la televisión, e intentando sobre todo plantear una variante más atrevida para el tradicional cine de terror. En el cine exploitation hay mucho drama, mucha violencia y mucho erotismo soft, y si a eso además le añadimos unos castillos encantados o unas vampirillas calentorras tenemos una película argumentalmente intrascendente, pero quizá muy sabrosa de ver.

Otra variante, extremadamente curiosa, es la nunsploitation: las monjas (nuns) son las protagonistas de toda clase de morboseos, humillaciones y vejaciones. Con tres grandes protagonistas por lo general: la Madre Superiora, el demonio y la Inquisición. El ambiente gótico de los conventos, además de la represión sexual en que viven estas desdichadas y el miedo a pecar convierten el género en un batiburrillo de situaciones fantásticas y/o calenturientas. Vamos a centrarnos en dos de estas curiosas películas que he visto recientemente: The School of the Holy Beast (Norifumi Suzuki, 1974) y Satánico pandemónium o La sexorcista (Gilberto Martínez Solares, 1975).

School of Holy Beast es una obra maestra menor que uno puede ver, ciertamente, sin ninguna indulgencia gracias a la poderosa belleza formal que desprende de principio a fin. No es por ello extraño que haya sido considerada hasta la fecha como la obra maestra del género nunsploitation. En realidad, el mérito de esta película consiste en que es un film japonés, y cualquiera que se haya aproximado un poco a la cultura japonesa sabe que este pueblo tiene una longeva tradición en abordar el terror en cualquiera de sus manifestaciones artísticas. Posiblemente la obra maestra del cine de fantasmas (y es difícil aseverar esto, pero es verdad) sea el poético y genial film Kaidan/El más allá (Kobayashi, 1964).

De la misma manera, no son concebibles las altas cimas estéticas de los cómics de Suehiro Maruo sin una rica tradición de ilustradores nipones que hicieron del terror y la tortura el motivo de su arte, un arte ciertamente perturbador pero conectado profundamente con los estímulos fundamentales de la sensibilidad artística. El film está dirigido por Norifumi Suzuki (1933), cineasta japonés especializado en cine de acción y violencia con altas dosis de erotismo, autor también de las celebradas Terrifying Girls School: Lynch Law Classroom y Sex and Fury (ambas de 1973). Considerado un clásico en Japón, Suzuki es un destacado representante de un fenómeno muy nipón que apenas llega a estas riberas de occidente y nos encandila, como siempre sucede, con la fuerza y singularidad de las extrañas fijaciones eróticas y obsesiones culturales del pueblo del sol naciente.

Como suele suceder con la serie B y hasta Z, Suzuki convierte un argumento de derribo en algo muchísimo más interesante, sobre todo por la elaborada belleza de las imágenes del film. La protagonista es Maya Takigawa, una jovencita liberada muy de los 70 que, para descubrir el misterio que rodea sus orígenes paternos, se introduce en el convento. Allí descubrirá que el origen de su vida fue, desde el primer momento, la consecuencia de la hipocresía y el sadismo extremos llevados a sus más radicales consecuencias. Toda la película es, ciertamente, una absurda concatenación de hechos sin demasiado sentido donde los buenos son muy buenos, y los malos, sobre todo, muy malos. Desde este punto de vista, el de la verosimilitud, la película haría aguas de no ser porque todo el film ejerce sobre nosotros una especie de embrujo visual difícilmente irresistible. Aquí, el simplismo argumental se convierte en algo definitivamente delicioso, hasta el punto de que The School of the Holy Beast es como ciertos animés donde lo más importante es la plasticidad, el ritmo y el efecto visual por encima de una historia que está más bien al servicio de complacer cierto sentido de la espiritualidad más propenso a la catarsis desnuda por cierto de la conmiseración, el terror y, como no podía ser menos, el eros.

Pero no sería justo dejar aquí la película como una intrascendente secuencia de torturas, escenas de cama y desnudos. Está también el aspecto ideológico que envuelve toda la película, está también su furiosa ideología anticatólica. Los japoneses no son católicos, sabido es de todos, por lo que en este contexto no se trata de una película que haya podido escandalizar a nadie en su país de origen. Acostumbrados a convivir en medio de muchos cultos, los católicos son para los japoneses tan curiosos como para nosotros pueda serlo un plato de sushi. Quizá más todavía. No cabe duda de que para ellos un convento de mujeres recluidas que se ven forzadas a realizar votos de castidad es caldo de cultivo para todo un cúmulo de fantasías morbosas. Pero más allá de todo esto, la película se orienta en determinado momento en una crítica de la hipocresía católica que por medio de una imposible y dolorosa sublimación sexual se convierte en todo lo contrario, poniendo sobre la mesa de manera muy explícita y a veces perturbadora las dudosas bondades de una vida de abstinencia erótica. Sólo desde este punto de vista, la película no es para católicos convencidos. Pero hay más.

Tenemos, por otra parte, la negación de Dios y el desprecio con que las sagradas insignias y formas son tratadas a lo largo del film. No entraré en detalles, pero no cabe duda de que nos hallamos ante de una de las películas más blasfemas de toda la historia del cine, y no blasfemas en el sentido inocente de un Luis Buñuel, por ejemplo, sino blasfemas y ofensivas (para quien se preste a la ofensa, claro está) desde el punto de vista en que Suzuki plantea la inexistencia de Dios ante el dolor infligido por las acciones de hombres y mujeres que se dicen representantes suyos. La bomba atómica de Nagasaki, vieja espinita que, como la de Hiroshima, los japoneses tienen todavía clavada en el corazón contra los cristianos de Occidente que se dan golpes de pecho y no follan para ganarse el cielo, aflora en un determinado momento como casus belli de incredulidad ideológica.

En definitiva, quien haya llegado hasta aquí y tenga conciencia para enfrentarse a esta bella, y en cierto modo inocente película, hará bien en descargarla de La Mula de Alejandría o comprarla en Amazon. El buen trabajo, en general, de todas las actrices encabezadas por la bonita Yumi Takigawa, y el buen ritmo que imprime Suzuki al conjunto de la historia la convierten en una obra recomendable. Para concluir, les cuelgo aquí un tubito (advierto que no es apto para todos los públicos),donde la indócil Maya es torturada nada menos que con tallos de rosa. Quien pueda conciliar de buen grado la mezcla de belleza y horror querrá ver la película completa. Va por usted, Don Melón.



2 comentarios:

Don Melón de la Huerta dijo...

Carajos, Ricardo!:

Me apena mucho que me dediques esta entrada ahora que tengo averiada la computadora y no puedo ni hacer posts ni ver con regularidad lo que mis amigos han puesto en los suyos. A mí me encanta el "género," y ésta definitivamente me la tengo que chutar. Sin embargo conozco bien poco de él, nomás he visto alguna que otra mexicana hecha para el mercado anglosajón y una de las películas más ineptas de la historia, adscrita a esto también, llamada "The Other Hell" (que la vi en Juárez, en el Variedades, si señor). Me alegra que tengas conocimiento de Kwaidan de Kobayiashi, y concurro en que es la película más bonita de fantasmas jamás realizada (no me preguntes por qué me identifico tanto con ellos). Entonces esta película es setentera? Yo pensé que sería más reciente, pero tomando en cuenta que ahí está el imperio de los sentidos, pues lo creo un poco más. Has visto "Battle Royale"? Eso no es nunsploitation, pero pues se deja ahí entrever el recelo que los japoneses tienen ante los valores occidentales. Curioso que ambas cintas se ubiquen en el contexto "escolar."

Vaya Ricardo, ahora sí estamso hablando de mis cosas. Ojalá sigas con esta serie de posts que me está agradando mucho, y pues, hasta mañana!

Don Melón de la Huerta dijo...

Y también he visto las de Joe D'Amato que hizo de monjitas, el number uane, si señor!