martes, febrero 03, 2015

NUESTRA SEÑORA DE LA SANGRE. RESEÑA DE JESÚS VARGAS VALDÉS


La Fragua de los Tiempos, domingo 23 de febrero de 2014. N° 1044

Escritores de Ciudad Juárez.
Jesús Vargas Valdés.

Con esta “Fragua” se cumple mi compromiso de presentar los datos generales de las cinco novelas que se publicaron el año pasado en ciudad Juárez; pero antes de presentar los libros de Chávez y Vigueras, considero pertinente hacer algunos comentarios, empezando con dos preguntas que me han estado rondando:
            ¿Cuántos chihuahuenses se han enterado de la existencia de estos escritores?
            ¿Cuántos chihuahuenses han leído alguna de las novelas?
            Puedo aventurarme a señalar que en la ciudad de Chihuahua no llegan a diez personas que hayan leído las cinco novelas, y lo digo porque, al azar y de manera espontánea, he preguntado a varias personas, amigos o conocidos que son asiduos lectores o que están estrechamente vinculados a la literatura, y casi todos me han respondido negativamente. Algunos me han asegurado que conocen a los autores por trabajos anteriores, pero de estas novelas casi no se sabe nada.
            Me imagino que en Ciudad Juárez es diferente, pues allá los autores son reconocidos, tienen muchos amigos, algunos son maestros o lo han sido; pero además tengo la información de que las cinco novelas se han presentado y comentado formalmente. Entonces debo partir del supuesto de que allá sí se han difundido estos libros.
            ¿Por qué en Chihuahua no son reconocidos?
            Lamentablemente en la capital del estado se desconoce a casi todos los escritores locales, no solamente a los que he mencionado. Voy a intentar una explicación: para empezar, ninguno de los medios de difusión: ni los diarios, ni las estaciones de radio, mucho menos la televisión, se ocupa de las actividades culturales. Ya lo he señalado en ocasiones anteriores, para estos comerciantes de la “información” la actividad cultural no deja dinero, solo representa pérdidas en todos los sentidos.
            Pero no es todo, tal pareciera que los profesores de literatura en los bachilleratos no están enterados de que hay escritores y novelas chihuahuenses. Nadie se ha preocupado por  recomendarles a ellos que  busquen y lean lo más cercano. Me consta que a los jóvenes se les encarga como tarea la lectura de  autores extranjeros como Herman Hesse, Aldous Huxley, y autores nacionales como Carlos Fuentes o Elena Poniatowska. Ahora que murió José Emilio Pacheco se pusieron de moda sus libros emblemáticos: El principio del placer y Las batallas en el desierto.
            En la Facultad de Filosofía de la UACH, los profesores tampoco se interesan por los autores locales, y es que si ellos no empiezan por conocerlos será imposible que se los comenten y encarguen a sus alumnos.
            ¿Qué decir del ICHICULT y de su Feria del Libro anual?
            El panorama es muy adverso en la literatura regional, desgraciadamente todo está en contra y tenemos que lamentarlo, porque libros se producen muchos cada año pero no hay manera de cosechar y aprovechar el esfuerzo de los autores.
            Ahora sí.

Nuestra Señora de la Sangre.
Por Jesús Vargas Valdés.

Tres mujeres persiguiendo su destino: las dos primeras buscando la manera  de  cerrar heridas, recorriendo el tiempo y la vida al revés en busca de uno de los eslabones perdidos de su vida. La tercera, evadiéndose de la realidad en el momento de hacerse mujer, porque no le había sabido cumplir a su padre, un magnate poderoso y respetado por la autoridad.
            Uno.- La cierva altiva, hermosa cuarentona de nombre Enriqueta Saldívar, que hace un gran salto por encima del mar, desde Calombra, ciudad fronteriza del norte de México,  hasta una isla del Caribe, donde le han dicho que vive su padre, al que no ha visto nunca, joven guerrillero de nombre Abdul, quien había huido de Calombra nueve meses antes de que ella naciera.
            Dos.- Sonia Valera, bella morena amulatada, originaria de un rancho cercano a la gran ciudad de su destino.
            Obsesionada por la mala suerte que le había dado el “tres” en la vida, llega desde las alturas al final del último viaje que termina en un edificio azul donde hay tres salas, con tres sillones cada una, y en la sala número tres se mira ella misma, envuelta en un precioso vestido de novia que no recordaba haberse puesto. Sobre el ataúd, una solitaria corona donde se había escrito: “Por la paz eterna de Sonia Valera”; estaba muerta.
El verdadero viaje de Sonia había empezado muchos años atrás, cuando sólo tenía unos meses de casada y su joven marido la había golpeado, vilipendiado y proscrito del rancho, quedándose él con la niña y advirtiéndole que solo podría recuperarla si regresaba con mucho dinero.
            Sonia tenía entonces menos de veinte años, y el único rumbo que se le puso enfrente después de los golpes fue el de Puntaloba, a donde llegó en condiciones lamentables, empezando a trabajar por la comida, hasta que una mujer “piadosa” le abrió las puertas de un prostíbulo disfrazado, cumpliéndose así la premonición que desde tiempos lejanos la abuela le había repetido cada vez que le preguntaba por la ciudad: “Niña, las que se marchan a la ciudad son todas putas.”
            Tres.- Nictímene se pierde el mismo día en que había iniciado su reinado de mujer burguesa. Desde los brazos complacientes y amorosos de su padre, uno de los hombres más ricos, se había despedido de la niñez en la fiesta de sus quince años. Esa noche se había mostrado esplendorosamente bella ante la sociedad más burguesa de Nuestra Señora de la Sangre, y a nadie le hubiera pasado por la mente que horas después desaparecería sin dejar huella.
            El capitán Adán Nebreida, Caballo Ciego, responsable de la policía y amigo personal del padre de la muchacha, ordena a todos sus hombres que salgan a buscar cualquier pista, advirtiéndoles que no quiere respuestas sino resultados.
Al frente de la investigación queda el agente Lucas Bauer, el Ratón, quien busca y logra llegar al mero jefe de jefes, el conciliador de todas las mafias; y éste, a regañadientes, lo atiende asegurándole que no hay secuestro ni acción de parte de la gente organizada.
Antes de llegar al encuentro de Nictímene, el autor tiene la oportunidad de desplegar su imaginación para mostrar ante el lector la forma de actuar de la policía cuando se trata de sacar información a base de la tortura y, por otra parte, la forma en que las mafias controlan las actividades prohibidas desde el lado oscuro de Nuestra Señora de la Sangre.
            Cuando pareciera que ya todo ha terminado, después de quedar resuelto el acertijo de la desaparición de Nictímene, el autor se extiende en casi veinte páginas más,  hace un sesgo y nos conduce al otro final de la historia: al infierno interior de un policía degradado en su humanidad: Lucas Bauer, el Ratón, que había seguido el rumbo de cada una de las tres historias y solo al final vamos a enterarnos por qué se le había asignado una presencia tan importante, convirtiéndose por obra del autor, en el personaje central de su novela.

            Colofón.
            A las dos de la tarde del jueves 20 de febrero, pasé la última página de Nuestra Señora de la Sangre cerrando en ese momento el ciclo de lectura que había iniciado cuatro semanas antes y que me había llevado por los diversos derroteros literarios que habían marcado estos cinco escritores de ciudad Juárez.
            La experiencia de la lectura fue placentera, pero también provocadora. Al final ha quedado muy en alto el nombre y la calidad de estos autores. Puedo asegurar que el tramo que le espera a cada uno es largo, obviamente no termina aquí, cada uno de ellos tiene mucho camino por andar y mucho que dar a las letras regionales y nacionales.
            Tengo que reconocer que esta experiencia de lectura llegó inesperadamente, sin buscarla. Primero fue el encuentro con Alejandro Páez en la Feria del Zócalo, el mismo día y la misma hora en que él presentaba su libro: Música para perros y nosotros, la biografía de Nellie Campobello. Después, por medio de Gerardo, mi hijo, recibí el libro de César casi al mismo tiempo que Willivaldo me hacía llegar el suyo. Durante varias semanas estos tres libros se quedaron encima de mi mesa de trabajo, hasta que un día empecé a leer Juárez whiskey, para no parar hasta terminar los tres y conseguir los otros dos.
            Una vez más, los escritores se han adelantado a la historia, rebasando al mismo tiempo las ambigüedades del discurso oficial. Como ya lo había mencionado antes, en la obra de César Silva y de Alejandro Páez no está muy presente la tragedia de la guerra, sin embargo en ambas se respira ese ambiente de desesperanza y pesimismo que dejaron esos años de abusos e infamias.
            En las otras tres es más explícita esta presencia y sus efectos sociales. Al  final queda la sensación de que algo se está desgranando, de que no todo es impunidad y oscuridad; queda la certeza de que es posible, a través de la literatura, desentrañar los misterios, de curar las heridas sociales y poner a cada quien en su lugar.
            La secuela del policía Lucas Bauer, nos enseña el interior de estos personajes turbios que hacen del horror y el terror su oficio. No está descubriéndonos el Ratón nada de lo que no se haya hablado o escrito, pero la forma en que se presenta conduce a pensar que es verdad. Una vez más se comprueba que donde termina la realidad empieza la fantasía, y en este caso también es una forma de saber.
            Moncada es el más alto en el concilio, el jefe de jefes, el conciliador. Su pasado es terrible: el más despiadado entre los asesinos, pero cuando acude a la cita con el Ratón,  en uno de los Mc Donald´s de El Paso, lo hace con su pequeña nietecita de la mano. Allí le explica al policía que la muchacha no ha sido secuestrada por ninguna de las bandas que participan en el concilio, y ahí están todos:


            Cuando algún pendejo quiere subirse al carro sin pasar por el concilio, lo empapelamos. Los espontáneos dan mala fama, causan inquietud entre la población. A veces surge alguna banda. Nosotros la detectamos, averiguamos quiénes son los hijos de puta; cuando ya lo sabemos, soltamos toda la sopa al comisionado, y el comisionado al procurador. ¿Lo capta? (...) El concilio es un pacto social de cuya existencia sospechan muchos, pero conocen pocos (...). La Brigada de Secuestros depende solo de la Procuraduría, y la Procuraduría es la madre del concilio.