jueves, septiembre 08, 2011

TEBEOTECA IX: EL SHERIFF KING

Con guiones de Víctor Mora (bajo el seudónimo de Víctor Alcázar) y dibujada con elegancia y soltura por Francisco Díaz, la serie El Sheriff King fue publicada por entregas en los años 60 y 70 en la revista Pulgarcito (treinta páginas repartidas en siete entregas de cuatro páginas, y una octava entrega final de dos). Más tarde las aventuras completas eran recopiladas dentro de la colección genérica Grandes Aventuras Juveniles, compartida con El Corsario de Hierro fundamentalmente, pero también con Supernova, Roldán sin Miedo, Astromán y Dani Futuro. Desde que Bruguera se hundió a principios de los años 80, El Sheriff King no ha sido reeditado hasta hace poco, en que Ediciones B recopiló algunas aventuras de la serie en apenas dos tomos.

Se trataba de una serie alejada tanto del western crepuscular, bronco y sangriento, de Sam Peckinpah como del westen épico de John Ford. El gran encanto de las historias del Sheriff no se basaba ni en el revisionismo del primero ni en la poética del segundo. La serie reproducía, en realidad, los esquemas de las series de televisión familiares ambientadas en el Viejo Oeste, conflictos dramáticos más bien edulcorados y problemas menores resueltos sin virulencia por King y sus ayudantes, “Dandy” Evans (siempre al corriente de la moda de París) y “Gordo” (obsesionado por engordar su delgadísimo cuerpo). La serie tampoco intentaba emular las grandes sagas de la época como Blueberry o Comanche, pues El Sheriff King nació sin la vocación ambiciosa de El Corsario de Hierro o de otras series de Mora.

Pronto se convirtió en una obra coral con numerosos personajes secundarios de naturaleza simpática y entrañable: el mexicano Nepomuceno, un buhonero que mantiene diálogos constantes con su propio burro, y que en los niños de entonces evocaba las populares películas de la mula Francis; la señorita Cynthia, maestra de la escuela de Tolima (pueblito donde transcurre la acción), y su tía Abigail, una corajuda ancianita de armas tomar; el extravagante Celacanthus Peef, distribuidor de Bromas Flatsby; el vendedor de potingues “Curalotodo” Sam, e incluso, el apache Jerónimo como un modelo de civilización que poco tiene que ver con aquel espíritu de venganza que juró odio eterno al hombre blanco desde que el ejército mexicano masacró a su familia en Janos (Chihuahua). La amistad entre King y Jerónimo se convertirá, a lo largo de la serie, en el modelo conciliador que Mora nos presenta entre americanos autóctonos y descendientes de colonos. A veces presenta personajes que introducen subtramas dentro de la historia principal y dan origen a gags en la línea de la mejor comedia americana (por ejemplo, en La muerte espera en Crumble City).

Los temas, a pesar de ser profundos en ocasiones, son abordados siempre desde el lado más amable y con concesiones a la moral “para toda la familia”: el tráfico de “mojados” de un lado a otro de la frontera entre México y Estados Unidos (Disparos en la frontera), la fragilidad de la paz entre rostros pálidos e indios (Venganza apache) o la guerra entre ovejeros y ganaderos (Clanton contra Mac Diver).

Los habituales mensajes acerca de la justicia y la integridad moral son propios de toda la obra “pedagógica” de Víctor Mora orientada al público juvenil; pero incluso dentro de esta misma, el desarrollo general de la serie y su no-adscripción al modelo de novela río, la alejan de las series juveniles más representativas de Mora: la primera época de El Capitán Trueno y, en la misma época que el Sheriff King, su obra maestra El Corsario de Hierro. En el dibujante Francisco Díaz hay un predominio del cuidado por la figura humana sobre los fondos, e imitación del estilo del argentino Arturo del Castillo (sobre todo de la serie Kendall). Las bonitas chicas de Francisco Díaz, muy recatadas por culpa de la censura de la época, no lucieron todo lo que hubiera sido deseable procediendo de la mano de este delicado dibujante de mujeres.

Las portadas de El Sheriff King en Grandes Aventuras Juveniles fueron, como casi siempre en esta colección, del gran portadista Antonio Bernal. Su pincel siempre rápido y eficiente las hizo brillar con singular encanto. Reproduzco a continuación una aventura corta completa publicada en Pulgarcito Extra de Vacaciones de 1968.







miércoles, septiembre 07, 2011

CON USTEDES, JONES

Puros cuentos, pardiez, realmente no tengo gran cosa que contar. En el fondo lo que quería era colgarles esta portada del programa mensual de la Cineteca Nacional de México, con la hermosa Jennifer Jones en su papel de mestiza en Duelo al sol, aquel gloriosísimo western de King Vidor que hay que ver una y mil veces. Un DF lluvioso, melancólico como siempre, donde ver amigos y visitar librerías. Fui por razones de trabajo, claro, pero cumplida la misión que allí me llevaba, me entretuve comprando textos griegos y latinos en la UNAM que nadie quiere vender en otro sitio (la burocracia azteca es una religión laica sin divinidades, un laberinto de Creta sin minotauros) y zampando taquitos al pastor. ¡Jum! Me espera un mes muy viajero, y ese mes ya empezó. Con lo poco que a mí me gusta viajar y me ha gustado siempre. Recuerdo cuando, en mi adolescencia, mis amiguitos se burlaban de mí al decirme que nunca saldría de Murcia. ¡Ojalá hubieras ido verdad! Pero ah, tengo cientos de tebeos y novelas en mi iPad (ya les contaré: no me he pasado a la secta de los sin-papeles, pero disfruto retozando en el promiscuo encanto de la abundancia). Entre los libros de papel que compré están Las mil y una noches, en edición de Mardrus y traducción de Blasco Ibáñez (un autor horchatero y castizo al que hay que recuperar): más de 3000 páginas de fantasía y erotismo, y una biografía de Paco Ignacio Taibo I sobre el Indio Fernández que divierte mis ocasos sobre el tálamo donde invoco al sueño. El Indio Fernández, qué personajazo, adoro sus películas. Y en la Cineteca, buen ciclo de western, aunque no muy extenso, un poco entre la referencia universal (Pasión de los fuertes, John Ford) y la curiosidad del momento (Cuatro por Texas, Robert Aldrich). Y por supuesto, Duelo al sol entre otros westerns. Pocas mujeres como Jeniffer Jones han sido tan versátiles como para encarnar la doble llama del amor que consume al hombre: el amor transparente, helado y fantasmal en Jenny (William Dieterle, …) y el amor opaco, tórrido y carnívoro en Duelo al sol. Y qué guapa está Jenny en esta foto. Una de las falsas morenas más bellas de la historia del Hollywood clásico.

viernes, agosto 26, 2011

FITZGERALD Y ZELDA

Hace unos días leí por vez primera El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald. La verdad, me dejó frío, y eso que la leí en este pleno ferragosto juarinense. Todavía me chorrea por la espalda la líquida plata de los últimos carámbanos. Es posible que la culpa sea mía, y me explico: Siempre he tenido un gran prejuicio con respecto a Hemingway, Steinbeck, Fitzgerald y toda esa bola. El prejuicio proviene de mi lectura adolescente de las memorias de Buñuel, Mi último suspiro, donde don Luis manifiesta su infinito desprecio por estos autores (añade a Dos Passos). No tengo el libro a mano, así que cito de memoria: "Todos esos autores no serían nadie si detrás no tuvieran los cañones americanos para defenderlos". La verdad es que mis lecturas de Hemingway y Steinbeck también me han decepcionado mucho a lo largo de mi vida. Siento simpatía por estos individuos, sobre todo por Hemingway, y de Fitzgerald me enamora su turbulenta y hermosa relación con Zelda, esa vida en común tan bella y llena de tabaco, alcohol y tormento. Creo que Hemingway y Fitzgerald son autores que, por lo general, tuvieron una vida que está por encima de su obra. Soy consciente, también, del entusiasmo que causan entre sus devotos, y que yo no comparto. En fin, seguro que el equivocado soy yo, al fin y al cabo... ¿Quién puede presumir de tener razón delante de los cañones americanos?

La viñeta que preside estas líneas está signada por K. Beaton (¿juego de palabras sobre B(uster) Keaton?), y está dedicada a la relación entre Scott y Zelda. Grandes personajes. Gracias, Llorch, por el enlace.

LUCY AND SOPHIE SAY GOOD BYE XIII

La hermosísima simetría de esta página es comparable a los mármoles de los más distinguidos y perfectos templos de la Grecia clásica. ¿Quién sería el genio juguetón y olvidado que dibujó esta serie?

domingo, agosto 14, 2011

LUCY AND SOPHIE SAY GOOD BYE XII

Me encanta el dinamismo de esta plancha. Comienza con un romanticismo que, creo, está fuera de toda duda, y luego llega la diversión. Adoro la viñeta número 5.

viernes, agosto 12, 2011

EL ACCIDENTE DE STEVE McQUEEN

Rescato esta curiosa nota de la revista Trinca, número 9, publicada en 1970. El gran Steve fue de los que vivió con el pie oprimiendo siempre el acelerador. Murió joven, pero no por aquello, sino por un cáncer producido por la exposición al asbesto cuando era un obrero que trabajaba en la construcción. El Lucky Strike nada tuvo que ver, no se me subleven los fanáticos de la ley apagada. Tengo por ahí una biografía (la de Penina Spiegel) que todavía no me leo, y lo demuestra. Murió Steve en Ciudad Juárez, donde casi nadie le recuerda (hay demasiados muertos por recordar en Ciudad Juárez, que Hollywood nos perdone). Tenía un estilo agreste y viril, algo que hoy nadie tiene en la industria; era antipático pero simpático. Cuando murió, Jack Nicholson declaró (con las solemnes pelotas que le caracterizaban de joven) que Steve McQueen había sido un hijo de puta, pero que a él le dolía mucho que se muriesen, incluso, los hijos de puta. En fin, la nota de Trinca tiene su miga. Me encantan los viejos recortes de prensa porque disuelven el mármol de los mitos para convertirlo en horchata de la merienda. Vendrán más recortes, quién sabe cuándo, todo dependerá de la brújula que dictamine el norte de mis extrapísegas lecturas.