miércoles, abril 08, 2015

A VUELTA DE RUEDA TRAS LA MUERTE. RESEÑA DE CARLOS ÁLVAREZ

Les comparto esta reseña de Carlos Álvarez sobre A vuelta de rueda tras la muerte, la cual tambíén puede ser leída en su imprescindible blog, Días del futuro pasado, clicando aquí mismo. 

Relatos en los años de la furia en Ciudad Juárez

Escenarios y personajes comunes convierten a este excelente conjunto de relatos que es A vuelta de rueda tras la muerte casi en una novela. Ricardo Vigueras nos lleva al período comprendido entre los años 2008 y 2012, que fue la época más violenta en Juárez, la ciudad fronteriza a orillas del río Grande, en plena guerra contra el narco, y en medio de una crisis económica mundial. Todos sus habitantes conocen a alguien que ha perdido a un allegado de forma violenta o ha tenido que escapar de un tiroteo y saben que cada día que amanece se saldará con un determinado número de muertos: “Todos los días mueren los mismos muertos. Son los muertos habituales”.

Los taxistas, todo el día rodando por las calles, son testigos privilegiados de los acontecimientos, aunque en ocasiones deban esforzarse para escapar de convertirse en protagonistas, ya que serlo en esa época y en ese lugar no suele tener buenas consecuencias: “También asesinan taxistas en Ciudad Juárez”. El taxista Pocamadre -llamado así porque recién nacido fue abandonado en un cubo de basura- y sus colegas se reúnen cada día en la cantina El Moridero para comentar los sucesos del día y son ellos quienes nos introducen en las diferentes historias.

La Ciudad Juárez que nos muestra A vuelta de rueda tras la muerte es una metáfora del mundo actual, en la que verdugos, víctimas y espectadores del drama son retratados de forma magistral. Los personajes de Ricardo Vigueras son de carne y sangre -de hecho sangran con cierta frecuencia- y tanto ellos como el entorno en que se mueven son descritos con un lenguaje preciso que nos sumerge de lleno en las historias narradas. No en vano el autor, español nacido en Murcia, conoce muy bien la ciudad mexicana escenario de su libro ya que reside en ella desde hace muchos años.

Cuando el lector acompaña a los taxistas por las calles y avenidas durante sus trayectos nocturnos, no deja de pensar que tras las paredes de las casas hay personas que aguardan la salida del sol para poder volver a salir con seguridad, porque “las noches de Juárez están llenas de gritos que recorren las calles”. Tan presente está la muerte que a veces algún taxista habla con alguien que lleva años fuera de este mundo. O cree que habla.

Pero también la vida tiene su lado positivo y los juarenses se las arreglan para encontrar algunos oasis de paz: una celebración familiar, tomar una chela (cerveza) bien fría, degustar un buen asado o unas simples tortillas, platicar con los compadres, cortejar a una mujer… Y en ocasiones recuerdan con nostalgia los viejos tiempos, cuando las avenidas de la ciudad se llenaban de turistas gringos y había un gran ambiente en las cantinas.

Los dos primeros relatos, Un grito en la madrugada y Día de campo, sirven para presentarnos perfectamente la ciudad y sus habitantes. Del resto, mi favorito es el que tiene como protagonista a un sicario, persona de lo más normal, padre de familia, hombre hogareño, solo que su trabajo consiste en ejecutar a quien sus jefes le ordenen. No le entusiasma su trabajo, como a la mayoría de la gente, pero lo hace porque de algo hay que vivir, y hasta en eso es un tipo de lo más normal. Destaca por sus dosis de erotismo y humor, La cabellera de Verináis, así como Son bellas las malditas, el relato que cierra el libro, que mantiene el suspense desde la primera hasta la última línea.

A vuelta de rueda tras la muerte plantea una reflexión sobre el valor de la vida, cuando puedes perderla por el mero hecho de ser una mujer bonita como Ana Karen o cuando morir a los diecinueve siguiendo la llamada del abismo, como Reynaldo, no es algo inusual. En el relato titulado El precio de una vida humana se hace explícita dicha reflexión.

Este libro fue premiado en el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz y seguro que su autor cosecha méritos suficientes como para ser nombrado cronista oficial de Ciudad Juárez.