miércoles, enero 21, 2009

UN CAÑONAZO EL DÍA 1 DE ENERO

Comencé el año por todo lo alto, disparando por primera vez un cañón en mi casa nueva. No, no me refiero a uno de esos estruendosos artefactos que tanto abundaban por las páginas de la magistral serie de piratas El Cachorro, de Iranzo, sino de uno de esos videoproyectores popularmente llamados cañones que, tras ser conectados a un reproductor de deuvedés, convierten una blanca pared en esa pantalla de plata que llamamos cine. Año nuevo, vida nueva, cine nuevo… o, mejor dicho, cine clásico visto como si fuese cine nuevo.

Dediqué media tarde y buena parte de la noche a ver en mi cine casero una película de ensueño: Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939), y no exagero si os digo que fue el mejor 1 de enero de mi vida. Yo creía haber visto Lo que el viento se llevó, y era mentira. Creí verla por primera vez, sin llegar a verla, durante una lejana noche española, en versión doblada y por la televisión. Me gustó mucho, por supuesto, pero no me gustó todo lo que debía gustarme, porque en el fondo no la vi como debe ser: en una pantalla que te permita la inmoersión en uno de los delirios pictóricos y musicales más deliciosos de todos los tiempos. Este 1 de enero vi por primera vez Lo que el viento se llevó, en pantalla grande y versión restaurada (la edición en cuatro discos de 2004). La vi de veras, fumando cuando Rhett Butler fumaba, y apurando también con los personajes, por qué no, unos tragos de whisky que por primera vez sabía no sólo a whisky, sino también a cine y rosas del Sur.

Este 2009 se cumplen los 70 años de estreno de Lo que el viento se llevó. 70 tacos, casi una vida humana. Más que una vida humana, incluso (Clark Gable murió a los 59 años; Vivien Leigh a los 54). Lo que el viento se llevó, vista hoy con los ojos de hoy, provoca sensaciones que un espectador de otro tiempo podía albergar sin vergüenza. Hoy día, tiempos de funambulismo intelectual en que lo mismo se reivindica como arte una película de Santo, el enmascarado de plata, que una taza de váter pintada de colores, Lo que el viento se llevó es una experiencia sentimental; un viaje en el tiempo más allá de los límites de la hipersensibilidad que podría permitirse el cine comercial contemporáneo. Quizá Lo que el viento se llevó fuese un bodrio para los intelectuales de su época (Henry Miller la vilipendiaba con ganas en uno de sus libros), pero hoy día, después de todo lo que ha llovido y hasta granizado, es lo más parecido a ver cómo se abren los cielos y se precipitan sobre la tierra los arcángeles.

Se ha dicho que es un film kitsch, pero esto es falso. Lo kitsch es sólo una imitación barata, y fuera lo que fuese que imitara Lo que el viento se llevó, lo imitó con una maestría que ya quisieran muchos de ayer y de hoy. Se ha desdeñado también el film por su baile de directores (acabó firmando el anodino Victor Fleming), y por el excesivo entrometimiento de su productor, el omnipresente y latoso Selznick. Se ha dicho que era un vulgar producto de consumo. Disiento. Creo que a lo largo de las décadas Lo que el viento se llevó ha sido víctima de dos factores: la teoría de los directores/autores (que incumple de principio a fin, porque no puede asentarse la autoría de ningún director, sino sólo de su productor), y el hecho, tan constatable como cierto, de que Lo que el viento se llevó es una película de mujeres (aunque no sólo para mujeres). Pocos filmes del cine clásico, y ninguno tan largo como éste, da tanta importancia a los personajes femeninos. Empezando por Scarlett O´Hara (la portentosa lluvia de matices: Vivien Leigh) y Melanie (la dulce Olivia de Havilland), pasando por la impagable Mammie (Hattie McDaniel) y otras estupendas actrices que van y vienen y que, por lo general, siempre, tienen más peso que los hombres dentro de la trama. Quite usted al ñoño de Ashley interpretado por Leslie Howard, es que incluso el poderoso Rhett Butler (magnífico Clark Gable) palidece cuando Vivien Leigh se pone a su lado y da uno de los más grandes repertorios actorales que se le permitieron a una actriz en el Hollywood clásico. Y es que, si la película es de las mujeres, sobre todo es de Vivien Leigh. Y claro, el segundo factor era este que pretendía explicar: que una película de mujeres no ha podido tener esa apreciación crítica durante décadas, unas décadas, no hemos de olvidarlo, en que la mayoría de los críticos serios de cine eran eso: críticos y hombres. El auge actual de los llamados estudios "de género" tendrá algo que decir, si no lo ha dicho ya, sobre la relevancia de este film en los cánones de la belleza cinematográfica.

Vista con los ojos de hoy, Lo que el viento se llevó parece un milagro, y no cualquier milagro, que milagros de los otros hubo muchos, sino un milagro que dura cuatro horas. Mucho pedir para un milagro, creo yo. Todos los que intervinieron en el film, y esto se nota, eran conscientes de estar participando en el proyecto más grande de su vida. Y la verdad, y esto no se nota en el cansancio sino en el entusiasmo vertido, casi todos pusieron a prueba sus fuerzas hasta la extenuación. Y vista con los ojos de hoy, a la luz de esos colores imposibles restaurados hasta lucir como en el estreno de 1939, con esa banda sonora de Max Steiner y ese romanticismo subido de tono, pero nunca kitsch, Lo que el viento se llevó es una película no sólo recuperable como un clásico fundamental de la memoria sentimental del siglo XX, sino también como una obra de arte superlativa fruto de la sensibilidad de unos tiempos que, eso sí, eran más humanistas y sensibles que los nuestros (aunque fuesen también más crueles). Lo que el viento se llevó es todavía, y quizá hoy más que nunca, la Capilla Sixtina del cine clásico americano: un espectáculo pictórico impresionante que para muchos querrá decir todo, y para otros, no querrá decir nada.

9 comentarios:

Alberto A-P dijo...

Yo también tengo un cañón en casa desde estas Navidades, pero todavía no he podido deleitarme con Lo Que El Viento Se Llevó, otro de mis intocables.

Lo que sí he estado haciendo es proyectar cortos de Mickey Mouse en blanco y negro, que adquieren otra dimensión proyectados sobre la pared.

El profesor Gafapasta dijo...

Te encantará Lo que el viento se llevó. Creo que es una película a reivindicar con todas las de la ley, y a lo mejor este año (70 aniversario) comienza una verdadera revalorización. El caso de Mickey en concreto, no lo sé, pero todo el blanco y negro, en la sala oscura, adquiere un sentido que la pantalla de tv., por muy plana que sea, no es capaz de reproducir.

Un saludote.

Felix Medina dijo...

Nos falto esa en las clases de Cine. Ni modo no se puede ver todo en dos semestres cierto? Es demasiado! En fin que no he tenido chance de ver esta joyita. Confio en ti y por ahi la he de ver pronto. Un fuerte abrazo y nos seguimos leyendo. Estoy pendiente de tu visita a EEUU. Tu amigo "el transterrado por amor".

Anónimo dijo...

Yo la he visto no hace mucho en una pantalla de TV de más de un metro de larga, pero, tuve la suerte de verla en el cine muchas veces en sus múltiples reposiciones, incluida aquella copia en TODD-AO 70mm que cortaba los pimeros planos por la frente y el mentón a los protagonistas y difuminaba los colores.
Aún así, su sonido atronaba y sus actores se "salían" de la pantalla para llevarte con ellos al viaje más maravilloso que pueda hacerse en una sala de cine.

Don Melón de la Huerta dijo...

Ricardo:

Pues me animaste a verla. Yo tampoco tengo la menor idea cómo esta película pueda ser "kitsch." En todo lo que he leído sobre ella se la cita como algo único, y a juzgar por su accidentada elaboración, por lo ambicioso que fue como proyecto, y por cosas del contexto que no encajaban con nada de lo que se produjo en la época, pues me parece un juicio arriesgado, y tal vez prejuicioso. Nomás por que tu dices, -y por que también he estado viendo cosillas "sentimentales" por mi parte." le vamos a dar shampoo. Quien quite hasta su buena reseña le hacemos!

Un abrazo!

El profesor Gafapasta dijo...

Hombre, Don Melón. Creo que esta película es, junto con Ciudadano Kane y Casablanca, la santísima trinidad del cine clásico de Hollywood. Seguramente no las mejores, pero sí las que han adquirido una estatura mítica que las emparenta con lo divino. Eso no puede ser soslayado.

Un saludote.

"NapoAstur" dijo...

Profe "yes un cielu" que decimos por estas tierras del norte en España.

Lo del cañón me parece genial, pero lo que vino detrás es puro "glamour", puro "cariño", puro... gusto por lo bueno.

Volveremos a leer con más calma tu aporte, la familia nos reclama, domingo y toca salir.

Cronotop dijo...

Tengo que decirlo¡ Recién ví "Australia" protagonizada por Nicole Kidman y siento que intenta una remebranza de Scarlet O Hara. Probablemente no lo logra del todo, pero hace buuen intento.

El profesor Gafapasta dijo...

Eso me han dicho, Madame, que pretende ser un Gone with the wind, pero se queda en poca cosa. Yo voy a esperar setenta años para verla, y luego ya opinaré aquí mismo.

Un saludote.