jueves, abril 03, 2014

SAFE IN HELL (WILLIAM WELLMAN, 1931)

Safe in Hell (1931) es una extraña película de Wellman. Extraña porque es un film pequeño, de corta duración, caracterizado por algunos rasgos del cine pre-code, que hoy está siendo desenterrado y reivindicado. Antes del Código Hays todo el cine de Hollywood era pre-code, claro, pero, como el mudo dejó de verse con la llegada del sonoro, se enterró solito. Al sonoro pre-code hubo que enterrarlo, y se hizo a conciencia. Ahora lo exhuman los estudiosos para atisbar entre sus curiosidades. En 1931 Wellman estrenó nada menos que cinco películas (entre ellas la seminal The Public Enemy), por lo que debió andar muy ocupado, y quizá eso explique la ligereza de esta película dirigida por el realizador de Wings. Trata sobre una fulana, Gilda Karlson (Dorothy Mackaill) que cree haber asesinado tras un forcejeo a Piet, su antiguo jefe. Su novio la oculta en la caribeña isla de la Tortuga donde no hay ley de extradición, y es allí donde conoce a toda una corte de asesinos siniestros donde destaca el verdugo de la misma, Bruno. Un día, por sorpresa, aparece Piet por la isla: su muerte no fue tal, pero su esposa pudo cobrar el seguro de vida, que él a su vez le arrebató. Ahora se refugia en la isla, pero la mala fortuna quiere que, ahora sí, Gilda acabe asesinándolo de verdad. 

La película tiene cierto grado de erotismo (el comienzo del film, con Mackaill luciendo muslamen), así como la simpatía y humor de Wellman al retratar las turbias personalidades de los criminales ocultos en Tortuga. Además, la falta de intención en ocultar el pasado y la profesión de Gilda son todos ellos factores que más tarde, instalado el código Hays, serían imposibles de presentar en un filme. Entre los secundarios, destaca la bonita actriz afroamericana Nina Mae McKinney, tan dotada de vis cómica, y recordada principalmente por su participación en el clásico de King Vidor Hallelujah! (1929), quien nos regala un par de canciones. Lo mejor: el retrato bufonesco de los criminales que viven en la isla y los títulos de crédito. Lo peor: el melodramático e inverosímil clímax y su resolución. 
Nina Mae McKinney