lunes, marzo 21, 2016

CIN3MÁTICO 54: EDGAR NEVILLE (PARTE 1 DE 3): EL PRESIDIO

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Conde de Berlanga de Duero por parte de madre (su padre, el inglés Edward Neville, murió cuando tenía dos años), licenciado en Filosofía y Letras y Derecho, perteneciente al cuerpo diplomático español, escritor y cineasta, estamos ante uno de los personajes más singulares de la historia del cine español, y ante uno de sus primeros cineastas-autores. Fue amigo de Manuel Altolaguirre, Ortega y Gasset y García Lorca. Fue cónsul de España en Los Angeles, donde se ganó la amistad de William R. Hearst, Marion Davies, Dolores del Río, Laurel y Hardy, Mary Pickford, Douglas Fairbanks o Charles Chaplin. Es precisamente aquella estancia en Estados Unidos la que lo hará descubrir el cine a este hombre que hasta entonces sólo había cultivado la vocación de escritor. Ya había publicado cuento, Adán y Eva, novela, Don Clorato de Potasa, y había incursionado en el teatro con La vía láctea, un vodevil en medio acto. Sus compañeros de bohemia eran Ramón Gómez de la Serna, Tono, Mihura, López Rubio, Jardiel… Su carácter apasionado, creativo y entusiasta lo llevará al cine en Hollywood. Regresa a España, luego vuelve a Hollywood como turista y es contratada por MGM para filmar las versiones españolas de algunos filmes de su tiempo, como En cada puerto un amor, El presidio o La fruta amarga, todas de 1930.
            El presidio (versión de The Big House) era considerada por Neville su mejor trabajo en Hollywood. Cuando se impusieron las versiones en español durante la primera etapa del sonoro, Neville tuvo grandes problemas con los actores de Hispanoamérica y se propuso defender “la pureza del idioma” frente a los modismos. Fue director escénico y también dialoguista en este film, que se filmó a instancias suyas, pues en Hollywood creían que el mercado hispano sería más propenso al disfrute de un film de alta sociedad, y no una dura historia carcelaria. Toda la película está basada, como si de una traducción se tratara, en la original de Wallace Beery. Antes de rodar veían cada escena y los actores, sobre todo Juan de Landa (estupendo Butch, que antes interpretara Beery) imitaban las actuaciones originales. Para el film contrataron a cientos de extras de origen mexicano, que actuaron entusiasmados en la escena del motín carcelario al grito de “¡Comenzó la balacera!”. Sin haber visto la película de Wallace Beery, El Presidio es un film excelente y un verdadero descubrimiento con los ojos de hoy.