jueves, septiembre 02, 2010

LUCY AND SOPHIE SAY GOOD BYE I

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El revival que la reedición de cómics clásicos está teniendo lugar en Estados Unidos me tiene muy contento. Me refiero a esas nuevas ediciones de las obras maestras como Terry And The Pirates, The Phantom, Captain Easy, Prince Valiant... Sobre todo disfruto aquellas de las que había oído hablar largamente y que no había podido conocer porque no tuvo ediciones en España (o no las tuvo en condiciones): Captain Easy, Little Orphan Annie, Mary Perkins On Stage y otras delicatessen de las que siempre se habla, blablablá y nadie ha leído. Genial porque estén aquí, y las que vendrán.

Pero no es suficiente. Creo que el reciente revival se debe principalmente a que esos volúmenes no los compran mayoritariamente los estadounidenses. Creo que esta modernas ediciones se mantienen gracias a la globalización. Cualquier francés, español o moscovita que haya oído hablar de Gasoline Alley o Dick Tracy y quiera poseer estas modernas ediciones puede conseguirlas a golpe de clic y tarjeta de crédito. Son volúmenes que vuelan hacia los cinco continentes y deben ser ediciones que funcionan porque tienen un mercado global, no interno. Hoy es fácil con Internet. Hace 30 años era muy difícil, e imposible para muchos amantes del cómic en muchos países.

Pero la presencia hoy habitual de Rip Kirby, Terry, Buzz Sawyer, Julietta Jones o las faraónicas ediciones de Peter Maresca (tengo pendiente de lectura su volumen de las sundays de Gasoline Alley que no sé dónde meter porque no cabe en ninguno de mis libreros) no es suficiente. Todos los que he mencionado son los grandes clásicos. Los imprescindibles. Los superlativos. Pero no todos fueron igual de grandes ni de perfectos, ni de imprescindibles. Por eso no están por ningún sitio. O casi.

¿Dónde las ediciones de Ella Cinders? ¿Para cuándo el Terry de George Wunder? ¿Qué pasa con el Kerry Drake de Alfred Andriola? ¿Se editará un día el Popeye de Bela Zaboly? ¿Leeremos algún día el X-9 de Mel Graff? A mí me gustaría. Pero he citado obras hasta cierto punto bien conocidas, aunque sea de oídas, por los estudiosos. Hay otras que no se sabe ni dónde están, ni si existieron, y si existieron, ¿quién las dibujó? Obras a caballo entre el siglo XIX y el XX, de los albores del medio llamado cómic, narrativa dibujada, tebeos, como gusten... Obras de una época en que se recuerda que había un Little Nemo, un Buster Brown, un Happy Hooligan... De nuevo, las obras maestras de referencia. ¿Fueron las únicas? No. ¿Y las otras?

Gracias a Internet hay gente que le echa ganas de verdad, verdaderos ratones de biblioteca que escanean papel viejo y hasta corrupto y descubren obras absolutamente desconocidas y que nos presentan como se puede, de mala manera, con rotos y agujeros, sin restauración de ningún tipo... Pero es lo que hay, o eso o nada. Nadie va a editar jamás muchos cómics pioneros, fundacionales, que palidecen ante Winsor MacCay; pero qué carajo, que tampoco están tan mal. Y gracias a Internet las cuelgan en sus páginas, de las que me quedo con dos entre varias: Barancle Press y The Fabuleous Fifties. La primera es un verdadero desván de obras de principios de siglo XX de las que nadie se acuerda. Tampoco nadie las querría editar hoy porque nadie quiere perder el dinero publicando lo que no se vende. Muchas de ellas son obras huérfanas de derechos de autor, y por eso nadie las quiere editar ni restaurar: como pasa con tantas películas hechas jirones que, algunas, a pesar de su importancia, sólo podemos visionar en versiones reducidas a añicos. Un océano de ellas están, por ejemplo, aquí. Hay filmes de Huston, de Fritz Lang o de Ida Lupino, pero...

Barnacle Press es un filón de maravillas olvidadas, la mayoría desconocidas para mí. Como esta serie que hoy empiezo a presentarles y que me parece absolutamente deliciosa: Lucy And Sophie Say Good Bye (Lucy y Sophie se dicen adiós). ¿Quién la dibujó? Nadie lo sabe. Sólo sabemos que se publicó en 1905 en periódicos de Estados Unidos. ¿Cuántas planchas abarcó la serie? Misterio. La anécdota es de lo más simple, pero su desarrollo narrativo y visual no lo es tanto: Lucy y Sophie son dos encopetadas señoras de 1905 a quienes encontramos siempre a punto de despedirse. ¡Pero ya se sabe cómo son las mujeres! ¡Tardan tanto en hacer todo, que una simple despedida provoca el caos a su alrededor!

Lucy y Sophie es una pequeña maravilla de humor gráfico y de sátira costumbrista. Que las féminas de hoy día no se sientan ofendidas. Pero, ¿son Lucy y Sophie simplemente amigas o... algo más? Porque algunos de sus besos de despedida son casi (¿casi?) besos de tornillo. ¿Y cómo podían publicarse estas maliciosas escenas en la prensa mojigata de 1905? O dándole la vuelta a la tortilla: ¿realmente eran tan mojigatos hace 105 años o lo somos ahora mucho más?

Mi intención es colgar aquí poco a poco las treinta y tres planchas de Barnacle Press. Simplemente porque adoro esta joya y quiero contribuir a su difusión, porque las quiero lucir aquí. Leídas de un tirón todas las páginas que subsisten, uno no puede dejar de reconocer que se encuentra ante una rara pieza olvidada y, con toda seguridad, sepultada en el interior de microfilmes de multitud de bibliotecas. ¿Cuántas obras más que, como ésta, no podríamos catalogar entre las imprescindibles, están esperando en su sepulcro que alguien llegue y les ordene: "Levántate y anda"? No, el reciente revival de los clásicos del cómic de prensa USA no es suficiente. Y lo peor de todo es que fuera de Estados Unidos también se publicaron cómics cuyo recuerdo hoy nadie atesora.