domingo, diciembre 05, 2004

JAMES ELLROY: MIS RINCONES OSCUROS

Once días y 558 páginas después concluyo la lectura de Mis rincones oscuros, de James Ellroy. La vida de este novelista nortemericano quedó marcada cuando en 1958 su madre apareciera asesinada y diese comienzo una investigación policiaca que nunca arrojó datos concluyentes ni desveló culpables. El escurridizo hombre moreno con quien Jane Ellroy pasó sus últimas horas mortales nunca fue hallado, y la vida del pequeño James comenzó a girar en torno al recuerdo obsesivo de su madre.

El libro es francamente agotador, quizá porque le sobran dos centenares de páginas (pero, ¿quién le dice a un novelista famoso cuál debe ser la medida de su obsesión al reconstruir el asesinato de la propia madre?). La obra está dividida en cuatro partes: La pelirroja, El chico de la foto, Stoner y Geneve Milliker. Durante la primera, Ellroy pone sobre el mantel todos los datos, informes forenses y transcripciones de entrevistas con testigos o sospechosos realizadas por la policía durante la investigación del caso en 1958. Lo único que queda en claro es que su madre fue vista por última vez en compañía de un escurridizo hombre moreno. Durante la segunda parte, Ellroy nos introduce en sus recuerdos infantiles hasta la publicación de su primera novela, que le convierte en un escritor conocido de la moderna novela negra americana: el regreso con el padre, la dura convivencia con aquel ser débil y alcoholizado que fallece cuando Ellroy tiene 17 años. Durante la tercera parte, Ellroy introduce a Stoner, el policía recién jubilado cuya biografía resume y con quien se encargará de reabrir el caso durante la cuarta parte.

Esta última sección de la novela consiste en la búsqueda obsesiva de un fantasma escurridizo, el del hombre moreno tragado por el tiempo. Por supuesto, la búsqueda de la personalidad del criminal resultará infructuosa: Stoner y Ellroy no sólo tienen que luchar contra el tiempo transcurrido, sino contra la desaparición de testigos y de documentos oficiales (sorprende descubrir hasta qué punto los archivos y testimonios han sido destruidos). Al final del libro, Ellroy sólo habrá recuperado algo del pasado, quizá lo más precioso: la reconstrucción de la vida de su madre hasta el momento de su asesinato, y con ella una apreciación más justa de cuanto ésta le dio y de todo su valor. No es poca cosa, ya que el niño que fue James Ellroy creció a la sombra de todos los prejuicios contra su madre que el padre pudo inculcarle. Curiosamente, fue el trauma ocasionado por este asesinato el que le condujo a escarbar cada vez más en el mundo de la criminalidad de su país y el que, a la larga y tras una infancia, adolescencia y juventud llena de desequilibrios psicológicos, le conduciría a ser un novelista reformador de la tough story yanki.

El elemento más interesante a mi juicio viene de la disección que hace en la segunda parte de la gestación de su propia personalidad, esa voz en primera persona que abre heridas y limpia el pus a lametones. Neurótica, drogadicta, alcohólica construcción del artista en la más tópica tradición de los autores malditos (si es que queda alguno de verdad).

James Ellroy, Mis rincones oscuros. Traducción de Hernán Sabaté. Ediciones B. Barcelona, 2001.

2 comentarios:

Mile dijo...

Gracias por la reseña de Las Memorias de las Putas Tristes, por un momento pense que quiza solo quiza no valiera la pena...(Y es que me lei las memorias de Gabo y no me convencieron nada de nada...)
Aclareme algo usted es fan de los comics o yo estoy muy perdida???
Saludos!

Ricardo Vigueras dijo...

Léete la Memoria de mis putas tristes, mujer. Es una novela que se lee enseguida y está muy bien. Yo no he leido las Memorias de Gabo, las tengo por ahí pero no me animo nada con ese libro. Y sí, uno de los objetivos de este blog es compartir mis lecturas, entre ellas la de cómic. Digamos que soy fan de algunos cómics, pero no de todos, porque hay mucha morralla por ahí.