jueves, abril 19, 2012

HEDY LAMARR: LA EXTRAÑA MUJER


También Hedy Lamarr fue una extraña mujer, cuya vida resultó más o menos rocambolesca. Nacida con un coeficiente intelectual sorprendente, se debatió siempre entre su pasión por el arte y su interés por la ingeniería, carrera que llegó a concluir no sin pasar por muchos avatares en tres dimensiones. Entre sus inventos, desarrolló un sistema para construir torpedos teledirigidos imposibles de detectar que finalmente patentó y fueron usados por el ejército de Estados Unidos. Esta faceta prometeica de Lamarr, tan linda ella,  ha sido siempre desconocida, al privilegiarse siempre su faceta de mujer hermosa, actriz de películas clásicas como ésta que nos ocupa: The Strange Woman, de Edgar G. Ulmer. El año pasado, Richard Rhodes ha publicado un libro sobre Hedy Lamarr la inventora, no la actriz: Hedy's Folly: The Life and Breakthrough Inventions of Hedy Lamarr, the Most Beautiful Woman in the World. Estoy deseando leerlo y añadirlo a mi colección.

¿Por qué era extraña la extraña mujer de este film de Ulmer? Quizá porque no era ni del todo buena, ni del todo mala. Capaz de buenos sentimientos, su fogosidad sexual la vuelve loca y manipuladora, capaz incluso de inspirar en un hijo el asesinato de su propio padre. Y lograrlo. Y a continuación darle al hijo con la puerta en las narices acusándolo de ser un asqueroso cobarde y un parricida. Y todo esto es posible, deseable y disfrutable, porque la protagoniza Hedy Lamarr en estado de gracia, derrochando feromonas por todas partes. Melodrama de serie B áspero y atmosférico, es una película ideal para recordar en estos tiempos pusilánimes un cine moralista de fuego y de carne, de sangre y de hielo capaz de abrasar a quien lo contempla. Hedy Lamarr, hoy, es capaz con sólo mover una ceja, de provocarnos mayores delirios orgasmáticos que Alexis Texas educándonos en la mística de sus antífonas. Edgar Ulmer, el director de aquel  prodigio titulado Detour (1945), cumple su cometido con algo más que solvencia, y George Sanders está propio y espléndido como siempre. Ante todo, es un film para disfrutar la belleza pervertida de Lamarr. Una gran película menor, adusta en sus formas pero nunca torpe, de un realizador a reivindicar como Edgar G. Ulmer. 

Edgar G. Ulmer, The Strange Woman (1946). Ficha en IMDb. (***, de 4).