viernes, abril 28, 2006

BRADBURY

Tantos años oyendo hablar del maestro y tan tarde bienvenido. Hace unos años, la lectura de su novela Farenheit 451 me conmovió tanto que me impulsó a convertirme en hombre-libro y memoricé el Polifemo de Góngora, obra que suelo repasar de memoria casi todas las mañanas mientras me ducho. A pesar de esta inicial emoción, ha sido la lectura de dos volúmenes de cuentos la que me ha sacudido a veces hasta los cimientos. Digo a veces, y es normal, ya que no todo el material contenido en Cuentos espaciales y Cuentos del futuro (Editorial Lumen, 1975 y 1976) brilla a la misma altura de los soñadores y alegóricos cohetes lanzados al universo por Ray Bradbury (1920), de quien puedes encontrar una pequeña biografía aquí.

Dicen los que saben que la literatura de ciencia-ficción es el patito feo de la literatura de género. Que no se lleva tanto como la novela negra, por ejemplo. Los autores de ciencia ficción españoles no son tan conocidos como sus colegas de novela negra, y la verdad, la ciencia-ficción está generalmente desterrada de las escuelas. Los autores del género se quejan de que no está bien vista. Resulta chocante este prejuicio, ya que la mejor literatura es aquella que nos permite soñar y nos obliga a reflexionar. A este respecto, Bradbury nos seduce por su capacidad para crear fábulas morales y trasplantar a remotos paisajes del otros planetas del universo sentimientos eternos del ser humano. Por ejemplo, en el cuento C de Cohete (Cuentos del futuro, pp. 7-28). Se nos relata la historia de un niño que sueña todo el tiempo con ser elegido para convertirse en piloto de cohetes espaciales, un oficio al que no se puede acceder por propia voluntad, sino que uno debe ser elegido para tal desempeño. Claramente es una trasposición de los sueños infantiles de cada quien: ser estrella de Hollywood, cantante famoso, escritor de renombre, que te seleccionen para Operación Triunfo, formar parte del reducido círculo de los elegidos… En otra historia, El hombre del espacio (ibid., pp. 55-70), también otro niño acusa la separación de un padre maravilloso, tan maravilloso que siempre se encuentra en el espacio, tripulando su nave y surcando los cielos de planetas remotos… A veces regresa a pasar unos días, y todos son felices, pero pronto tiene que volver a marcharse al espacio… De nuevo la fábula moral disfrazada de cohetes, de galaxias hinchadas de estrellas centelleantes… Podría ser la historia de un niño mexicano que sólo ve a su padre una vez al año, uno de esos padres que viven de mojados en Estados Unidos y vuelven a casa muy de vez en cuando (mientras vuelven) hasta que un día no regresan. Me quedo con el Bradbury de la fábula moral, con su mensaje sencillo y universal, con su recreación de una situación cotidiana extrapolada a un mundo futuro lleno de viajes intergalácticos donde nada se explica.

Porque además, el gran mérito de Bradbury es que no te explica por qué no se derrite el cohete que se aproxima al sol en Las doradas manzanas del sol (ibid., pp. 71-80), ni le interesa proporcionar una explicación sobre cómo funciona una cama que arrulla al durmiente. Tampoco aporta inforamción sobre cómo un chino del año 400 de nuestra era pudo construir el ancestro de un avión en La máquina voladora (Cuentos espaciales, pp. 223-229), ni tampoco plantea la lógica (por otro lado, aplastante desde el punto de vista de quienes son creyentes) de que unos astronautas lleguen a un planeta perdido minutos después de que Jesucristo acaba de marcharse de él, como en El hombre (ibid., pp. 111-128). Desde este punto de vista, Bradbury es más ficción que ciencia, una ficción colorista con inmensa capacidad de evocación, y en sus mejores momentos, con el suficiente poder de persuasión como para que todo lo que nos cuenta sea absurdo e imposible, y que nos dé igual. Bueno, no sólo que nos dé igual, sino que nos arrebate con su colorida imaginación y su delicada poesía cósmica. Si de verdad les gusta la buena literatua, háganse un favor y léanse clicando sobre el título un gran relato: El ruido de un trueno

Ray Bradbury, Cuentos espaciales y Cuentos del futuro. Editorial Lumen. Barcelona, 1987 (3ª edición) y 1984 (3ª edición).

3 comentarios:

celtas dijo...

no hace mucho que lei "Las doradas manzanas del sol" y "Cronicas Marcianas", y ya hace un tiempo que hice lo propio con Faranheit.

Si hay un autor que haya hecho que me guste la ciencia ficcion, ese es Bradbury.

Jody Dito dijo...

También la ciencia-ficción me gusta, hubo una éòca, de adolescente crecidito, que me dio fuerte por la sci-fi, todo lo leía, desde, por supuesto Bradbury, Asimov, Clarke, Wells, Zelazny, Burrouhgs,Hubbard, Lewis...hasta, Lovecraft, Sagan...bueno yo qué sé. Allá por los 70´s Bruguera saco una antología de varios libros de sci-fi en donde estaban todos, aún los conservo. ma dio tan fuerte que escribia relatos cortos de ciencia -ficción (qué atrevimiento, por dios!!)...Luego vinieron las películas, a ni te cuento.
Me gustaba mucho Clarke y Sagan (aunque este era más bien de divulgación de la sci-fi), y tienes razón en lo que dices de Bradbury, aunque yo tiraba para Asimov (Fundación, me dejo perplejo)...Bueno, en fin!!, que quiero decir que te haré caso con esas lectura recomendada (que no he leído). Saludotes machote.

ricardovigueras dijo...

Sí, Jody. Yo también recuerdo aquella colección, y en aquel tiempo no leí nada de Bradbury. Como a ti, me tiraba más Asimov, y es verdad, Fundación es una saga fascinante que devoré en mi adolescencia.

Un saludote.