
Hace unos años, en un mercadillo en Murcia, encontré a muy bajo precio 32 novelas de Maigret y las compré todas. Ya entonces era aficionado a este comisario parco en palabras, un hombre de mediana edad acompañado de su inseparable pipa y degustador de la comida popular francesa. Da gusto seguirle en sus casos y cavilaciones, meterse con él en las fonditas donde saborea sus pernods y vinitos blancos, verle telefonear a la Casa Dauphine para que le lleven a comisaría bocadillos y cervezas con que meditar en sus casos o interrogar a un sospechoso. Y sobre todo, verle olfatear en los ambientes en que vivieron las víctimas o los victimarios, ponerse en su lugar y resolver el caso por medio de una empatía psicológica que fue revolucionaria en el género y que le granjeó fama mundial. Y cómo olvidar, claro, a la imprescindible señora Maigret, señora de su casa que siempre le tiene la comida caliente, aunque él no pueda llegar al hogar para calzarse las zapatillas, ponerse su bata y comer mientras medita en silencio sobre la condición humana. Leer a Simenón es imprescindible, siempre un placer. Siempre un análisis de la vida y la muerte de los humildes, de quienes muchas veces lo perdieron todo con el simple acto de nacer.
Y todo esto es porque durante este fin de semana (con lunes festivo, por ser, ja, el Día del Maestro) me he leído otro Maigret: Maigret y la muchacha asesinada. La historia desgraciada de una jovencita de provincias que llega a Paris para buscarse la vida y halla una muerte violenta que podía haberse evitado si el riguroso azar hubiese vuelto la mirada hacia otra parte. Y como secundario de lujo, el oscuro y triste inspector Lognon, conocido como Malasombra, un policia eficientísimo con injusta fama de torpe y de cenizo y una manía persecutoria que le impulsa a pensar que el mundo entero está contra él. En definitiva, otra gran novela de Simenon. Lo dicho, siempre un placer.
3 comentarios:
Extasiado tan solo con la ilustración... realista y con una depurada técnica mixta.
Te sigo... ciao.
HB
Pensándolo mejor. Estoy sorprendido con la biografía de Simenon, toda esa historia de semental incansable y longevo, su profusión escritural y su fama entre las líneas de la lucha de clases. A ver... intercambiemos libros. Si no te he enviado mi libro de cuentos, ¿por qué no me envías tu domicilio para enviártelo y te lo cambio por alguna novela de Simenon (alguna que tengas repetida o alguna que sea de tu predilección y que yo te regresaría después de leerla -a fin de no estropear tu colección murciana-).
Think about it.
un abrazo.
Sale y vale. Cuenta con el cambalache. Tengo muchas ganas de leer tu libro de cuentos.
Un saludote.
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