lunes, marzo 19, 2007

VALLE DE ABRAHAM, DE OLIVEIRA

Valle de Abraham es mi primera experiencia con una leyenda viva del cinema europeo: el longevo e hiperactivo, pletórico de facultades físicas e intelectuales, Manoel de Oliveira. A sus 99 años acaba de estrenar una nueva película que retoma y prolonga a los personajes de la buñueliana Belle de Tour. Su adaptabilidad a cualquier circunstancia de rodaje es tan grande que Oliveira, aseguran con mucho humor, podría rodar películas sirviéndose solamente de las cámaras de vigilancia de los centros comerciales.

Manoel de Oliveira, hombre procedente del teatro y con muchos puntos de conexión con Ingmar Bergman, suele trabajar con un elenco familiar de actores. Su cine también es premeditadamente teatral, y en sus filmes suelen repetirse los mismos nombres actorales, que en muchos casos también forman parte del panorama del teatro en Portugal.
Valle de Abraham es una adaptación libre de la obra más relevante de Flaubert: Madame Bovary. Un film de ritmo reposado y espeso, delicado y lleno de una luminosa serenidad, buena para recrearse en los recovecos psicológicos de los personajes, en la definición o indefinición de la naturaleza de sus deseos y frustraciones.

Me aseguran que Oliveira no es un autor popular en Portugal, lo cual no me causa ninguna sorpresa. La disneyficación del cine contemporáneo (marcada por el cine hollywoodense) ha gangrenado la sensibilidad del espectador medio que acude hoy al cine. Ni siquiera en Portugal, que tiene a Oliveira como uno de sus tesoros nacionales, existe una sensibilidad mayoritaria hacia su cine. Es un dinosaurio, una institución (como Bergman en Suecia) que remite a un pasado intelectual y glorioso, hoy en franca moribundez, del arte cinematográfico. Hoy, cuando ni siquiera el oficio de escribir es intelectual per se, su cine es una rara maravilla de hondo calado y dichosa contemplación, un banquete de emociones retratadas con una sensibilidad que hoy puede parecer aberrante (¡y aburrida!) a los defensores de la macdonalización del alimento cinematográfico.

3 comentarios:

El Declamador Sin Maestro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Declamador Sin Maestro dijo...

Me sorprende cómo no casi nadie se enfoca en la carrera de un cineasta: Es decir, más allá del momento en que dejan de ser una "novedad". Me figuro que así le sucede en nuestro país a un Felipe Cazals, que sigue trabajando y ha dado recientemente que ver, por ejemplo. Tengo mucha curiosidad de aventarme este trompito al uña, y al carajo las novedades. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, y nada como morirse haciendo lo que a uno le gusta, y que bueno que este señor aun no lo ha hecho y que no se vea que lo vaya a hacer.

Gracias por tu recomendación. Ahi le vamos a dar un vistazo...

Ricardo Vigueras dijo...

Además de su edad, Oliveira es un caso insólito. Por lo general las compañías de seguros se niegan a asegurar el film de un director anciano por si éste se muere a medio rodaje. Esta es la razón, y no otra, de que muchos veteranos en posesión de facultades no encuentren financiación para sacar adelante sus proyectos. Tal fue el caso, por ejemplo, de Billy Wilder.

Un saludote.