lunes, marzo 05, 2007

DESGRACIA, DE J.M.COETZEE

Llevaba mucho tiempo detrás de la lectura de esta novela. No había leído nada con anterioridad de su autor, el flamante ganador en 2003 del Premio Nóbel de Literatura, pero iba siendo hora de entregarme al placentero reposo, introspectivo y brillante, de una de las prosas más reposadas y al mismo tiempo analíticas de nuestro tiempo. La experiencia ha sido tan grata que no tengo duda en considerar a Coetzee como integrante de ese club de novelistas contemporáneos (cada vez más restringido) que se apartan de la banalidad y merecen volver a ser leídos. Coetzee nació en Ciudad del Cabo en 1940, en cuya universidad continúa impartiendo clases. Su carrera literaria, breve pero intensa (sin mácula, podríamos decir también) inicia en 1974 y no se detiene hasta hoy mismo. Desgracia, obra que ocupa estas líneas, fue publicada en 1999 y recibió el prestigioso premio Booker a la mejor novela publicada en lengua inglesa aquel año.

Desgracia es novela de tesis, como sentencia el escueto título. Su protagonista es David Lurie, un hombre que se encuentra en lo mejor de su vida: a los 52 años imparte clases de literatura en la Universidad del Cabo, es divorciado y tiene una hija de veintipocos años que vive en el campo. Es un hombre sin ligaduras, que una vez a la semana mantiene relaciones sexuales con una prostituta de lujo e intenta sortear lo mejor posible la apatía de unos estudiantes corrompidos por un sistema educativo como los que ahora se implantan en todas partes. Su desgracia comienza cuando David Lurie se acuesta un par de veces con una de sus estudiantes, una jovencita que le cuenta a su novio las cosas que le hace el profe. El novio se encargará de hacer público el asunto y buscarle la ruina a Lurie, quien se verá forzado a dimitir de su cargo de profesor por su negativa a “arrepentirse” públicamente de su pecado, y mucho menos a ponerse en manos de un psicólogo, como sugieren las autoridades universitarias, para que éste determine qué puede andar mal en su cabeza. Y he aquí que la desgracia del título conducirá a Lurie, como en toda buena novela de iniciación, a una búsqueda de un nuevo lugar en el mundo que, si bien tiene su buena dosis de descensus ad inferos, no se relame en ninguna clase de dramatismo barato.

Antes he comentado que ésta es una novela de tesis, y así es. Las novelas de tesis, al contrario que las tesis verdaderas, no aspiran a determinar una conclusión al problema planteado durante las páginas de la misma. En todo caso, se agradece la finura de Coetzee al dejar que seamos nosotros mismos quienes extraigamos las conclusiones pertinentes. Todo gira en Desgracia en torno a un tema tabú en nuestras sociedades: la representación del deseo como algo que nunca debe transgredir las normas de la corrección moral: los viejos no deben acostarse con jovencitas que podrían ser sus hijas, ni siquiera si ellas se dejan con gusto. En Desgracia todo gira, por tanto, en torno al hecho de la vejez inminente y de aquello que nuestras hipócritas sociedades reservan en cada edad para cada individuo. El hombre maduro o anciano que desea a la menor es un monstruo, como bien constató Gabriel García Márquez tras recabar la opinión que merecía su ligera y deliciosa Memoria de mis putas tristes entre las más rancias y agriadas feminazis del circo global. La tragedia de David Lurie no hubiera sido tal en otro país menos puritano, hipócrita y anglosajón como parece ser una Sudáfrica no muy alejada de los parámetros actuales de la corrección política y moral que nos inundan desde el Imperio del Bien. Hay que agradecer a Coetzee que con su obra, escrita con una elegancia enorme, llena de seducción, de intriga y de profundidad, nos haga reflexionar sobre los demonios de los otros, que son quienes acaban por convertir nuestro paraíso en un infierno.

5 comentarios:

Don Melón De La Huerta dijo...

Las "diferencias" de edad son un síntoma de la obsesión por cuantificar todo, aun cuando es tan relativo. Estas cosas suceden, asi como en su momento a lo mejor algo ocurrió que inspiro toda la poesía trovadoresca renacentista, a los autores de Romeo y Julieta o la Celestina. Los prejuicios cambian con los vaivenes de la moda, y el amor (o el eroticismo) parece tener siempre ese componente de representar un desafío en aras del cual ponemos todo al asador. Voy a tomar en cuenta tu recomendación y leer este libro, para ver como un personaje cae en desgracia por lo que parece ser nada, por simple mala voluntad.

Saludotes, como dices tú.

Francisco Ortiz dijo...

También el gran Philip Roth aborda un tema parecido en una de sus novelas esenciales. Ambos son dos escritores magníficos.

Edmundo Dantes dijo...

Suele pasar que los profesores ven a las alumnas asi sabrosonas y viceversa, no le veo mucho de malo que de vez en cuando se eche la carne al asador, pero tambien recuerda que sucede que los alumnos ven a las maestras como personas a veces muy sensuales deben darnos chance tambien de poner la carne en el asador, digo esa es mi humilde opinion, de todos modos muy interesante el librito y sobre todo como dices tu, la tematica, saludos Rick, ciao!

Solo de dijo...

No me parece que el tema sea exactamente la diferencia de edad sino el "uso" del poder para lograr el placer: Lurie paga por sexo y luego seduce con su sabiduria a una jovencita, y la genialidad de Coetzee es hacernos dudar sobre lo que sucedió, y sin ver nunca el punto de vista de la chica, que lo denunciò por acoso, llegamos a entender que tal vez, desde su punto de vista, hubo abuso. Y no por eso condenamos a Lurie. Para mì la virtud principal de la novela es mostrar a travès de un protagonista que fue mal padre, mal marido, mal profesor, la riqueza humana y el poder de las mujeres.Solo ellas pueden dar consuelo a los perros que van a morir, y a quienes las han maltratado. Por eso, aunque suene extraño, creo que es una novela feminista.

El Pobresor Gafapasta dijo...

Solo De:

Me ha gustado eso de que "Solo ellas pueden dar consuelo a los perros que van a morir, y a quienes las han maltratado". Buenas apreciaciones las tuyas, aunque de ahí a considerarla una novela "feminista" no creo. En todo caso, estoy convencido de que exalta la grandeza de lo femenino, y como bien dices, deja a Lurie un poco mal parado. Gran novela la del señor Coetzee.

Un saludote.