lunes, agosto 02, 2004

ARCHIVO: GHOST WORLD

Ghost World es una gran obra de Daniel Clowes, aunque muy por debajo de la gloriosa David Boring. Adjunto la crítica que publiqué en el semanario El Reto el 7 de junio de 2002.

Ghost World

El film de Terry Zwigoff, Ghost World, fue saludado el año pasado como una de las grandes películas norteamericanas de 2001 y desde entonces no ha dejado de cosechar premios internacionales y críticas entusiastas. Ustedes ya saben que el cine americano se divide en dos: el de Hollywood y el Otro, y que a veces el de Hollywood se anima a diluir un poco su pecuniario espíritu al destacar en su personal verbena de la Paloma que son los Oscars a algunas de esas delicadas joyas que la industria oficial, por falta de sensibilidad, nunca podrá producir. En este caso, la todopoderosa industria ha querido destacar —aunque sólo en la nominación al mejor guión adaptado, que al final se ha llevado A Beautiful Mind— a esta película, dicen que sorprendente y conmovedora que es Ghost World y que está basada en la obra homónima de Daniel Clowes, uno de los grandes autores norteamericanos del momento, independiente también, porque la industria del pepín usaca se divide, como la del cine —ya lo habrán adivinado— en dos: el género Super heroico y el Otro: aquel que abarca la complejidad de la vida de los comunes mortales.
Debe quedar bien claro que Daniel Clowes es un icono dentro del mundo del cómic como una forma de narrativa adulta, un independiente nacido en Chicago en 1961 que, como otro puñado de grandes de este arte reducido y exquisito, es uno de los baluartes de la gran editorial estadounidense Fantagraphics Books. Aunque comenzó su labor artística en 1985, no sería hasta su primera obra maestra que se convertiría en referencia obligada para los lectores de todo el mundo: Like a Velvet Glove Cast in Iron (Como un guante de terciopelo forjado en hierro). Esta obra hace honor a su extraño título y, publicada también por entregas durante los primeros números de Eightball, su lirismo un tanto macabro y fantasmagórico pronto la convirtió en una produccción de tan obligada referencia como de difícil lectura. Después del cierre de la novela Like a Velvet... en Eightball, Clowes comenzó la publicación de Ghost World, el siguiente gran éxito de su carrera.
Ghost World es una historia sobre la construcción de la identidad que transcurre en el típico pueblo reciclable americano. A través de ocho capítulos que fueron publicados en la revista Eightball entre 1993 y 1997 asistimos a la eclosión de dos jovencitas, Enid Coleslaw y Rebecca Dopplemeyer, a la vida adulta, una vida adulta que a lo largo de su paseo por la adolescencia no les ha demostrado otra cosa que ser una especie de mundo fantasma a la manera de aquellos pueblos fantasmas que tachonaron la polvorienta geografía del salvaje Oeste. Insatisfechas con la desoladora realidad que les rodea, Enid y Becky se refugian en ellas mismas, en una amistad que a veces confunden con un lesbianismo platónico y que no resulta ser más que un fruto de estación. No era el amor, al fin y al cabo, sino algo muy parecido que sólo puede darse durante la adolescencia: la amistad incondicional sin fisuras ni secretos, la amistad por encima de todos los demás valores.
Enid y Becky vagan insatisfechas por su pueblo reciclable —insípido, incoloro e inodoro— donde todos los personajes parecen dividirse en dos grupos. Unos han asumido que el mundo es así, monótono y gris, y no hay forma de rebelarse contra esa realidad que acaba por aplastarles y convertirles en almas de cemento; los otros, aceptando que la grisedad del entorno nunca podrá aceptar lo delicadamente extraño de sus naturalezas, optan por vivir al margen de esa realidad de vida prefabricada. Es en estos personajes donde Clowes (que es, digámoslo ya, un artista especializado en dibujar americanos feos cuyo rasgo gráfico distintivo son las dentaduras protuberantes) se enseñorea como el gran retratista de seres extraños que es: los dos hermanos que viven una relación incestuosa; el sacerdote obsesionado por el sexo de los niños que somete a su propio demonio manipulando por computadora tiernas fotos de infantes; el extravagante Bob Skeetes que se presenta a sí mismo como reputado astrólogo...
Enid y Becky encarnan esa dialéctica del mundo que les rodea: Enid es irracional y sistemáticamente rebelde, y a veces, en su rebeldía es capaz de llegar insensiblemente hasta la crueldad; Becky, por el contrario, carece de toda ideología y su única aspiración es, por qué no, envejecer junto a Enid y dejar que el mundo gire como ha girado siempre hasta el final. Mientras Enid vive en un mundo que desprecia y que no puede ayudar a cambiar porque no tiene el talento suficiente para ello, Becky se amilana y sigue a Enid en sus paseos y sus diatribas, intentando que el momento de la separación no llegue nunca, quizá para no tener la preocupación de intentar encontrar otro baluarte, otra voz dirigente, quizá para no arriesgarse a sufrir en el amor.
Los lugares comunes de la adolescencia son desgranados poco a poco por Daniel Clowes sin asperezas, como en una bella sinfonía melancólica y fatal que tiene la conclusión lógica que le dieron los siglos: hay dos clases de personas; aquellas que viajan para ver el mundo, y aquellas que se sientan a esperar que el mundo pase frente a ellas. Las primeras experiencias sexuales teñidas de un pesimismo realista que se superpone a los bellos sueños, la toma de conciencia ante los conflictos de la cotidianeidad y la creciente asunción de que la vida, mejor o peor, implica tolerancia hacia los habitantes de este mundo fantasma, con sus rarezas y defectos, son los tres grandes ejes temáticos de esta novela gráfica que no quemará en las manos de un lector sensible y receptivo.
Clowes no nos cuenta ninguna gran historia, pero hasta cierto grado de coincidencia espiritual, es la historia que todos hemos vivido, si es que hemos tenido la suerte de asimilar sin excesiva penuria la angustia de vivir en este mundo fantasmal.

2 comentarios:

Alberto Alvarez-Perea dijo...

Una tarde me acerqué al video-club Lumiere, que está a un bloque de distancia (como dicen los americanos) del piso de Pamplona. No llevaba ninguna idea, sólo buscar una película que nos ayudara a matar el tiempo. Vi Ghost World y me llamó la atención, no sabía nada de ella, pero me decidí a alquilarla. El encargado del local, que está acostumbrado a aconsejarme, me dijo "esto es muy raro, ¿eh?" y yo le respondí "ya sabes que mi sentido del humor no es como el del resto de los mortales". Vimos la película uno de mis compañeros de piso y yo y nos gustó mucho. Supuse, por la estética, que estaría basada en tebeos, pero nunca me preocupé de confirmarlo. Ahora que lo sé, creo que me procuraré alguna edición de GhostWorld por eBay...

Ricardo Vigueras dijo...

Alberto: Ghost World, el cómic, es muy fácil de encontrar en cualquier librería de tebeos porque Clowes es uno de esos autores de culto, tanto en Estados Unidos como en Europa, y en España lo edita La Cúpula. Sin embargo, a ti que sabes inglés te recomiendo que intentes hacerte con la edición original de Fantagraphics, que es mejor que la edición española. Si te gusta Ghost World, ya hablaremos de más tebeos de este autor, sin duda muy interesante.

Un saludo.