sábado, junio 05, 2004

HARRYPOTTERPATÍA

El mundo de los adultos recela de Harry Potter. Ayer se estrenó la tercera entrega cinematográfica, dirigida en esta ocasión por el mexicano Alfonso Cuarón. No es un Harry Potter mexicano, sin embargo. Como antes los franceses y alemanes se marchaban a Hollywood a rodar películas que no tenían nada de francesas ni de alemanas (salvo, quizá, la mirada del extraño, que no sé si es algo que Cuarón posee), ahora algunos cineastas mexicanos hacen bien en aprovechar a la vaca babilonia hollywoodense en su propio beneficio. Esperemos que Iñárritu, Cuarón, Arau y del Toro expriman las ubres de la vaca babilónica y esto les sirva para desarrollar en el futuro proyectos más personales.

Pero es verdad que el mundo de los adultos recela de Harry Potter. Esta harrypotterpatía que sufren y gozan los chamacos desde la infancia a la adolescencia (y aún más allá, me consta, en algunos jóvenes adultos)inspira cierta desconfianza entre los adultos lectores de la vieja guardia. Yo pertenezco, también, a la última generación que se crió leyendo a Salgari, Julio Verne y hasta a Enid Blyton (sólo en este último caso prefiero a J.K. Rowling), pero a partir de ahora los lectores del futuro serán herederos del Harry Potter y de la harrypotterpatía. Me parece bien.

Hace poco acabé la lectura del primer volumen de la saga: "Harry Potter y la piedra filosofal". Me gustó, vaya, aunque lamenté haber llegado tan tarde a una lectura semejante. Esto no lo puede evitar nadie, son cosas de la vida. Uno puede leer Harry Potter y disfrutarlo, apreciar sus valores y sopesar favorablemente sus virtudes, pero no puede ya dejarse arrastrar por él. ¿Qué pasa? No pasa nada, sólo ha pasado el tiempo, y hay libros que nunca se podrán amar después de cierta edad y cierto bagaje de lecturas.

Comprendo y celebro que los niños, adolescentes y jóvenes adoren a Harry Potter. Es una versión actualizada e inteligente de viejos cuentos populares y antiguos mitos. La mayor virtud de Rowling es ésta: saber entremezclar el mito y el cuento popular para conseguir el efecto eterno: la fascinación.

G.S. Kirk escribía en su célebre obra "El mito y su significado en las distintas culturas" que la diferencia entre el cuento popular y el mito era (entre otras)que el mito habla de personajes perfectamente ubicados en el espacio y en el tiempo (aunque sea un tiempo mítico) con relaciones familiares perfectamente establecidas (Héctor, Hércules, Júpiter) mientras que en el cuento el personaje era más bien genérico (Pedro y el lobo, el leñador, el príncipe...); también aseguraba que los cuentos populares apelaban a las preocupaciones, ansiedades y miedos de la gente común (la madrastra, la bruja, el bosque oscuro y desconocido...) mientras que los mitos eran relatos de índole aristocrática que ignoraban al pueblo y sus inquietudes.

Esta inteligente mezcla la tiene Harry Potter: es un ceniciento que nace para ser un gran mago. Huérfano y aborrecido por sus tíos, conseguirá escapar a este triste destino para ingresar en una Escuela de Magia donde, como en los buenos mitos del Olimpo griego, las relaciones de poder se encuentran bien delineadas y definidas. Esto es sólo un par de ejemplos entre muchos que aquí no hay tiempo de exponer (me esperan unos deliciosos ñoquis humeantes en la mesa, y me gruñen las tripas).

Me parece bien para un mundo de lectores futuros que exista la harrypotterpatía, que los niños devoren los libros y acudan a ver las películas. Yo seguiré prefiriendo a Sandokán, por viejo nada más, porque llegué tarde a esta fiebre, pero no importa.

Un día llegará en que Harry Potter sea la referencia de millones de lectores en el mundo que amaron los libros gracias a él. Otro llegará en que otro personaje le relegue al estante de los libros olvidados o de los clásicos (imposible es decirlo ahora).

Cuando este relevo ocurra, muchos entonces se harán la hitchcockina pregunta: "¿Pero quién mató a Harry?".

2 comentarios:

Alberto Alvarez-Perea dijo...

Me alegra que haya un intelectual que no destruya a Harry Potter. Yo he crecido también leyendo a Verne, a Enid Blyton, a Salgari, a Swift... después llegó CS Forester o Dashiell Hammet (aunque Verne continúa en el camino). Ahora tengo 23 añitos y me encanta Harry Potter, disfruto con esos libros más que con otros que, teóricamente, pertenecen más a mi "edad literaria", que es mucho más alta que mi edad orgánica (no en vano empecé a leerme los "Barco de Vapor" con 4 años y "Viaje Al Centro de la Tierra" no tenía secretos para mí con 6 años).

Desde mi punto de vista, Harry Potter tiene, sobre todo, un mérito: engancha hasta a aquellos a los que "no les gusta leer" (y que tampoco se han esforzado en intentarlo). Está llevando a muchos a la lectura y está atrayendo a los niños a una afición que parecía en vías de extinción.

¿Las armas de Rowling? Probablemente tú, que eres todo un erudito, puedas verlas mejor que yo, que sólo puedo decir que en mí surten efecto.

Un abrazo.

Ricardo Vigueras dijo...

Gracias por tus opiniones, Alberto. No me considero un erudito, pero sí un lector omnívoro desde que tengo uso de razón. Es verdad que muchos le tienen manía a Potter, entre ellos el gran crítico Harold Bloom, autor de "El canon occidental", que es un libro lleno de apreciaciones estupendas, pero en cuanto a Potter se muestra poco indulgente. Supongo que lo que pasa es que siempre se ve con desconfianza en lo nuevo, sobre todo si tiene éxito, y los criterios de Bloom son basados en un canon previo, precisamente. Si Potter perdurará o no sólo lo dirá el tiempo, y esto es independiente de su calidad. Lo importante y digno de estudio ahora es su éxito, así como las técnicas literarias que lo han hecho posible. J. K. Rowling sabe cómo armar una novela que funciona muy bien, algo que muchos de sus críticos no saben hacer.

En cuanto a la edad orgánica y la edad lectora, es interesante. Yo también me zampé "La vuelta al mundo en ochenta días" a los seis años. Fue mi primera novela larga, antes había leído novelitas más cortas de Harry Dickson, escritas por Jean Ray.

Un abrazo.
Ricardo.