miércoles, junio 16, 2004

48 AÑOS DEL CAPITÁN TRUENO

Ya falta menos para que el 14 de mayo de 2006 nos levantemos al grito de "¡Santiago y cierra España!". Ese día El Capitán Trueno, maravillosa creación del cráneo privilegiado de Víctor Mora y del no menos simpar dibujante valenciano Ambrós, cumplirá 50 años. Un madurito interesante, que pensarán muchas. Y es que el Capitán Trueno, que siempre fue viril pero nunca fue "macho", ha gozado desde el principio del favor de esa (dicen que rara) criatura que es la lectora de tebeos.

Además de Ambrós, otros dibujantes hicieron de este personaje contestatario e idealista el mito de papel que es todavía, artistas como el gran Ángel Pardo, el gótico Fuentes Man o el excelente portadista Antonio Bernal entre el canon de los clásicos; entre los más modernos, Luis Bermejo, Jesús Redondo o últimamente Paco Nájera, han dibujado al Capitán con notable fortuna.

Los rumores acerca de una película de Filmax sobre el Capitán Trueno han sacudido recientemente la webera nacional. Incluso hemos podido contemplar, estupefactos, un promo de Filmax exhibido en Cannes. ¿Podremos ver al fin al Capitán Trueno llegar al galope para que gane el bueno? Y una vez resucitado, ¿se llevarán a cabo nuevas aventuras creadas con los nuevos bríos que merece? Porque el Capi no ha desaparecido nunca de los kioscos españoles, y todavía ahora la colección Fans de Ediciones B reedita un material clásico que ha permitido que la llama de la leyenda no se extinga. A pesar de todo, los aficionados, hartos de comer la ropa vieja de un cocido que ya se coció hace más de un cuarto de siglo, quisiéramos ver nuevas historias del personaje para prendarnos de nuevo de aquel aroma a papel y tinta fresca que cada semana nos embelesaba los sentidos con una nueva aventura de Trueno, Crispín y Goliath.

Sí, Santiago, cierra España. Pero ciérrala sólo al exceso de malos tebeos de otras latitudes que roban sitio en las librerías a nuestros clásicos. Ojalá que el Capitán Trueno sea un día el primero de una pléyade que resurja remozada de sus cenizas: el Jabato, el Inspector Dan, el Cachorro, el Sheriff King, el Corsario de Hierro, el Guerrero del Antifaz... Dicen que todo es cíclico en esta vida. ¿Volverán las oscuras golondrinas, o ésas no volverán?

Adjunto un artículo que publiqué acerca de la última historia oficial de la serie, escrita por Víctor Mora y dibujada por el artista jienense Paco Nájera. El Homenaje al Capitán Trueno se presentó en abril de 2003 en el Salón de Cómic de La Massana (Andorra). Este artículo se publicó en el semanario El Reto, de Ciudad Juárez (México), por lo que está destinado a un público desconocedor del legendario personaje español.

Hijos del Capitán Trueno

Una buena parte de la conciencia ética, política y moral del ciudadano medio de cualquier país se la debe éste a la cultura popular que consume desde la infancia hasta llegar a la edad adulta. El cine, la televisión, la canción o los libros que son leídos porque no se leen en el colegio ayudan a conformar la personalidad del futuro adulto. En no pocas ocasiones llegan a ser los elementos determinantes, ya que la oficialidad de las escuelas las convierte muchas veces en antipáticas, y el futuro adulto se educa a si mismo a través de otros medios que, vaya usted a saber por qué, se convierten en los que él considera portadores de su verdad. Como dijo Borges en una frase luminosa: “Debí desentenderme de mi educación para regresar a la escuela”. Hoy día, cuando sobre las instituciones de enseñanza pesa la seria duda de su verdadero valor educativo, deterioradas por la masificación y por infames políticas ministeriales, debemos volver nuestros ojos hacia el verdadero valor de la educación que proporcionamos a nuestros hijos por medio de la cultura popular, la única que posiblemente acabarán teniendo en estos tiempos de severo deterioro de la enseñanza institucional, que ya es casi irrecuperable.
La cultura popular se llama así porque es consumida masivamente por el pueblo. El cine, las series de televisión y los cómics instruían e instruyen al pueblo al tiempo que le deleitan entreteniéndole con historias que le hacen reír, meditar y soñar. También existió hasta hace muy poco una literatura popular, publicada en forma de revistas o bolsilibros e impresa en papel de la más baja calidad, como también en un tiempo el teatro fue cultura de masas. Cuando hoy nos enfrentamos a las grandes tragedias griegas lo hacemos con una estirada veneración que no podían compartir los atenienses del siglo V antes de Cristo, espectadores que se emocionaban hasta la catarsis con la desgracia de Medea o Edipo. Cuando hoy leemos estas obras no nos damos cuenta de que son la cultura popular de su tiempo, y que Esquilo, Sófocles o Eurípides no componían sus dramas para una élite culta, sino para el pueblo; ese legado está salpicado de aforismos filosóficos y preceptos morales que educaban al pueblo, pero que también eran los que el pueblo deseaba escuchar. “Las personas creeen que controlan su mente, pero es su mente quien las controla a ellas”. Fantástica reflexión, ¿verdad? ¿Se la debemos a Orestes? ¿A Hamlet? ¿A Segismundo? Frío, frío. En realidad fue Spider-Man en uno de sus mejores episodios, publicado en los años ochenta. No en vano estaba escrito por Ann Nocenti, una de las mejores narradoras que tuvieron los tebeos norteamericanos durante aquella década. Pero la frasecita, sea o no original de Nocenti, vale como si fuese de Eurípides.
La cultura popular es popular porque educa al pueblo, pero lo hace apelando a la sabiduría popular, la que corre de boca en boca porque forma parte de la conciencia colectiva. Los grandes héroes de la cultura popular educan al pueblo porque sintonizan con sus anhelos e inquietudes, bien sean de libertad o de sumisión. En la España de la transición democrática, en los años 70 una canción se hizo muy popular invocando en su estribillo a un personaje llamado el Capitán Trueno: “¡Ven, Capitán Trueno,/ y haz que gane el bueno!/ ¡Si el Capitán Trueno estuviera aquí/ nuestras cadenas caerían en mil!”
El Capitán Trueno es el mayor libertario de la historia popular española, un personaje de cómic que llegó por primera vez a los kioscos de la mano de Editorial Bruguera el 14 de mayo de 1956, en pleno franquismo, y se convirtió en el mayor éxito de ventas de su época: llegó a alcanzar una tirada semanal de 350.000 ejemplares, cifra muy elevada para su tiempo que no implica, sin embargo, idéntico número de lectores; en la España de la época —un país empobrecido que comenzaba a reponerse de las consecuencias de la guerra civil— cada cuaderno de aventuras era leído por un alto número de jóvenes, y no tan jóvenes, que intercambiaban sus colecciones de la semana ante la imposibilidad de poder comprar todos los títulos del mercado. En honor de la verdad, lo lectores reales de cada cuaderno se deberían de contar por millones. El título de la portada de aquel primer cuaderno de 17 x 24 centímetros, formato oficial de los cuadernos de aventuras de la época, era “¡A sangre y fuego!” y su creador intelectual fue el novelista catalán Víctor Mora, quien por razones políticas firmaba como Víctor Alcázar. Mora llegaría a convertirse en uno de los grandes escritores del cómic europeo y en una referencia fundamental de la literatura catalana. Su creador gráfico fue el gran dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza, cuyo primer apellido y nombre artístico no contradicen su significado etimológico, de la palabra griega ambrosios: divino, maravilloso. Efectivamente, así llegó a ser de grande el vigoroso pincel de Ambrós.
El Capitán Trueno es un caballero español del siglo XII que, impulsado por la lectura de las obras de Platón y las leyendas artúricas, renuncia a sus derechos de sucesión en beneficio de su hermano menor y abandona el feudo paterno con objeto de vagar por el mundo para derrocar tiranos e instaurar —ya que no democracias, pues estamos en la segunda mitad del franquismo— sí consejos de ancianos sabios y prudentes que encauzarían la vida de sus pueblos. O a veces, también, monarquías de hombres justos. Sus compañeros eternos, sus alegres compadres en la busca de aventuras y causas justas serían el forzudo Goliath, hombre de orígenes humildes, y el adolescente Crispín, de sangre noble pero adoptado por el Capitán cuando toda su familia muere en el asalto a su castillo.
Y por supuesto, no podía faltar una mujer: Sigrid, reina de la mítica isla de Thule, que desde los primeros cuadernos de la serie se convertiría en la compañera sentimental del Capitán Trueno. Años más tarde Víctor Mora bromearía con la idea de que Trueno fue el primer español que se ligó a una nórdica, y lo hizo en el más apropiado de los momentos; en aquellos años de aperturismo del régimen franquista hacia el exterior, España comenzó a convertirse en la potencia turística que es hoy, y las primeras nórdicas que llegaron a sus playas producían en el españolito de la época notorios ataques de priapismo que fueron profusamente satirizados en el cine de la época.
Sin ningún género de dudas, el peor enemigo del Capitán Trueno llegó a España el mismo año que él veía la luz de aquel amanecer de la posguerra: la televisión, enemigo terrible que acabaría por detener su andadura el 12 de agosto de 1968, después de 618 cuadernos semanales. La estrechez de miras de la entonces todopoderosa Editorial Bruguera ayudó a que se interrumpiese la producción de nuevas historias del hoy todavía legendario personaje: el cuaderno semanal de diez páginas más portada había perdido mucho terreno frente a la cada vez más notoria presencia de la televisión; ésta había ganado una influencia ya irrecuperable para el cuadernillo semanal de aventuras, el cual hacía aguas por todas partes frente a la competencia de las series norteamericanas que, con su llamativo doblaje mexicano, captaban la atención del español medio. A partir de 1968 el declive del cuaderno semanal sería imparable, y Bruguera apostó por la reedición de los antiguos episodios de Trueno, primero en blanco y negro y después en color, siguiendo el prestigioso modelo del album francés. Por desgracia, siguieron un espantoso criterio que condujo a mutilar o suprimir viñetas y hasta páginas enteras, y a llevar a cabo este infame trabajo directamente sobre los originales, de los cuales hoy día no queda nada. Desde entonces el Capitán Trueno no ha estado ausente de los kioscos españoles, primero por medio de esta reedición a color de las viejas historias, y más tarde, a principios de los años ochenta, por medio de la creación de nuevas aventuras escritas por Víctor Mora y ejecutadas al pincel por diversos dibujantes. Este proyecto de nuevas historias de Trueno se vio interrumpido, a pesar del notorio éxito de ventas, por el hundimiento de Bruguera en primer lugar; y en segundo, cuando fue detenida la excelente serie de aventuras originales que puso en marcha Planeta-De Agostini al llegar Víctor Mora a un acuerdo con Ediciones B (dueña ahora de todo el patrimonio de la extinta Bruguera) para la enésima reedición del refrito a color de los setenta.
Desde entonces, como Trueno es una leyenda popular española, las reediciones no han tenido fin: al refrito de los setenta siguió la edición facsímil de los 618 cuadernos originales, lo que vino a dar al traste con los exorbitados precios de las reediciones piratas de la serie. Al finalizar la facsímil se procedió a la publicación de material adicional que había permanecido inédito durante décadas, centrado más bien en el dibujado por el excelente artista Francisco Fuentes Man y reeditado primero en tres lujosos tomos y luego a través de la colección Fans, que recientemente acaba de concluir su andadura. Mientras tanto, Ediciones B, poco interesada por la reedición del imponente catálogo clásico de Bruguera, redistribuye los fascículos de la colección Fans encuadernados en tapa dura, y unos y otros son fáciles de encontrar ahora mismo en cualquier librería especializada española.
Este ha sido un resumen a grandes rasgos de la historia del Capitán Trueno en las librerías españolas. Un análisis más detallado es aquí imposible, pero existe un libro donde el interesado puede encontrar un desarrollo pormenorizado de todo lo relacionado con el personaje, y a él me he remitido en la consulta de algunos datos: ‘El Capitán Trueno. Un héroe para una generación’, de José Antonio Ortega Anguiano (Ediciones Veleta. Granada, 2001), un libro imprescindible para el truenófilo que cuenta, además, con prólogo del cineasta Juanma Bajo Ulloa y con portada de un artista que nos obliga a hablar del último capítulo de la vida editorial del Capitán Trueno: el destacado dibujante español Paco Nájera. El pasado 26 de abril, al socaire de un homenaje a Víctor Mora, se presentó en el Salón de Cómic de La Massana (Andorra) la última entrega del nuevo Capitán Trueno: un homenaje de veinte páginas a color que incluye un nuevo cuaderno de la legendaria serie escrito para la ocasión por el gran Víctor Mora y dibujado con el trazo fuerte, pero también cálido y simpático, de este excelente dibujante español que es Paco Nájera. El cuaderno ha sido editado sin ánimo de lucro por los miembros del foro de internet http://www.capitan-trueno.com, fundado hace unos años por el entonces estudiante de instituto Alberto Álvarez Perea y alrededor del cual se han ido arremolinando poco a poco numerosos españoles enamorados de este personaje. Mezcla de santuario de culto al héroe y de tertulia del bar de la esquina —con ese eclecticismo tan propio del pueblo español, tan dado a sumar peras y manzanas— los miembros de este Foro apoyaron económicamente la edición de este cuaderno-homenaje que pronto se convertirá en codiciada pieza de coleccionista, y cuya existencia es debida al entusiasmo de tres de los miembros más destacados del foro: Paco Nájera, Álvarez Perea —quien en virtud de sus contactos con Ediciones B y de su amistad con Víctor Mora hizo posible que el escritor retomase la pluma y que la editorial dueña de los derechos de publicación del personaje permitiese la edición de una nueva aventura— y Elías Bravo, el buen doctor que disemina poemas y cuentos por el foro con el entusiasmo de un jovencito de espíritu, el mismo entusiasmo de aquellos que, cruzado el Rubicón de la vida, regresan una y otra vez a los queridos cómics y hacen de ellos un placer existencial. Además, el cuaderno viene completado por artículos debidos a estudiosos del personaje como Ortega Anguiano y Joan Pieras, además de una introducción realizada por Armonía Rodríguez, esposa de Mora. Citar aquí a los demás colaboradores del contenido del cuaderno sería tarea que ocuparía un espacio con el que no contamos.
Ahora que Ediciones B ha cerrado el último capítulo de la explotación del Capitán Trueno, cuando de acuerdo a todos los rumores parece que el impresionante fondo editorial de Ediciones B va a ser comprado por Planeta, la aparición de esta última entrega del héroe más famoso de la cultura popular española podría abrir la puerta a una nueva andadura editorial del personaje. Un personaje que, con su sonoro nombre, fue educador de los españoles y reflejó mejor que ningún otro aquellos sueños de libertad que deseaban ver cumplidos cuando terminase la larga noche del franquismo.

2 comentarios:

Alberto Alvarez-Perea dijo...

Hola Ricardo,

Un artículo fabuloso, que deja patente tu capacidad de síntesis y la belleza del lenguaje de Cervantes.

Tu amigo,

Alberto

José Antonio dijo...

Hola amigos. Yo soy coleccionista insaciable de esto que generaciones posteriores (como es natural) han bautizado como "tebeo clásico, y además soy vendedor de este material (Capitán Trueno, Jabato, Inspector Dan, Príncipe Valiente, Flash Gordon, etc, etc). Os puedo decir que incluso ofrezco la posibilidad de pago en cómodos plazos, para facilitar la adquisición de colecciones completas, pero os puedo asegurar que no puedo competir con la avalancha de sangre, sexo, zombis, cuerpos culturistas pero guiones inexistentes, etc., que pueden ofrecer otro tipo de cómics (eso sin contar con los universos apocalípticos plagados de superhéroes en mallas)... Está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero esta es la cruda realidad.
Un saludo cordial.
atarieterno@hotmail.com