martes, noviembre 23, 2004

LA EDAD DE BRONCE

La última vez que estuve en España fue en junio, y hasta entonces habían aparecido sólo cuatro números de una serie minoritaria, pero con gran éxito de crítica en Estados Unidos. Me refiero a La edad de bronce, de Eric Shanower. Este autor se fogueó como entintador en una serie tan buena como Nexus, editada por First y que en España sacó Ediciones B junto a otras joyitas de la fantasía heroica como Elric de Melniboné. Shanower acabó por dibujar Nexus, y luego pasó a otros menesteres donde sobre todo destacó The Enchanted Apples of Oz (primera entrega de una serie basada en la novela El mago de Oz, de Baum) y An Accidental Death, escrita por Ed Brubaker, por la que fue nominado a los premios Eisner. Desde 1998 escribe y dibuja La edad de bronce, que ya le ha proporcionado dos premios Eisner al mejor escritor y autor en 2001 y 2003 y que en Usa edita Image.

Los tres primeros números de la serie abarcan el arco argumental titulado Mil naves, han sido editados por Azake Ediciones, una de estas benditas editoriales jóvenes españolas que publican un material de alta calidad. Al menos cuando yo estuve allí en julio, no había aparecido sino el cuarto tomito de la serie, bajo el título de Sacrificio/1.

La serie ha captado la atención de cierta clase de público, y no es para menos. Shanower pretende escribir y dibujar todos los acontecimientos relativos a la guerra de Troya tras una gran investigación realizada a partir de las mismas fuentes literarias, pero también de la moderna arqueología y la literatura relacionada, que en los últimos veinte años ha sido muy reveladora y puede ofrecer una nueva versión cientifica acerca de quiénes fueron los verdaderos troyanos (la famosa cuestión homérica y las verdaderas razones de una guerra de Troya tendrán que seguir esperando, éste todavía no ha sido su siglo). Shanower está realizando un trabajo documentado, exquisitamente pulcro en cuanto a ejecución, y pretende, como Wolfgang Petersen en la película Troya, ofrecenos una versión “realista” del famoso ciclo heroico troyano. Su planificación es meticulosa, y aspira sobre todo a mostrarnos lo que debió ser la vida cotidiana de la guerra de Troya, con su elaboración de relaciones personales entre distintos personajes en lo que pretende ser el mayor fresco histórico jamás realizado sobre este épico comienzo de nuestra civilización. No cabe duda, a la luz de los tebeos publicados hasta el momento, de que lo va a conseguir: se trata de una obra meditada que aspira a decir la última palabra artística en cómic sobre la guerra más importante de todos los tiempos. Si bien algunos han reprochado a Hanower la frialdad de sus dibujos, éstos son consecuentes con el espíritu clasicista anglosajón que le anima, pues Hanower se inspira directamente en el estilo grafíco de ese clasicismo decimonónico que es tan frecuente en la Mitología de Bulfinch, por dar solo un ejemplo. El hieratismo de sus dibujos recuerda, sin embargo, la belleza del trazo a plumilla de artistas consagrados como Reed Crandall y los ilustradores pulp de los años 20 y 30.

Llama la atención que, como en la película Troya, tampoco aquí aparezcan los dioses del Olimpo. Se ve que eso es cosa de películas viejas tipo Harryhausen, y Shanower se une a la lista de los artistas racionalistas que a principios del siglo XXI quieren contarnos el viejo cuento sin mentiras, como un Paléfato gringo que desdeña las Historias increíbles. Tiene mucha razón al hacerlo, aunque decepciona un poco que olvidemos de manera tan poco galante a unos dioses sensuales y confusos en los que merecería la pena volver a creer como rechazo a los nuevos fanatismos religiosos, porque eran tan divinos y tan humanos en todas sus contradicciones como lo somos nosotros.

Eric Shanower, La edad de bronce (Age of Bronze). Arzake Ediciones. (***).

1 comentario:

rolocine dijo...

Me he dado con tu artículo, muy bueno e informativo; estaba buscando información comnplementaria para escribir sobre el en uno de mis espacios. Considero a Eric Shanower un ilustrador muy talentoso al mismo tiempo que un gran artista-investigador. Saludos!